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La Universidad de Jaén desarrolla un sistema para interpretar el lenguaje en medios sociales

Interpretar el lenguaje

La ciencia de la computación ha avanzado mucho pero, a pesar de ello, los ordenadores siguen siendo máquinas capaces de procesar datos de forma muy rápida pero incapaces de acercarse a la forma de pensar de un ser humano. Imaginación, emociones o sensibilidad artística quedan todavía reservados a la ciencia-ficción y seguirá siendo así durante mucho tiempo. La interpretación del lenguaje natural, sin embargo, ha avanzado mucho en las décadas recientes y, aunque muy lejos de ser perfecta, ya hay sistemas capaces de detectar con cierta efectividad el sentido de un texto.

La Universidad de Jaén, en colaboración con las universidades de Sevilla y Alicante, ha desarrollado uno de estos sistemas que, aseguran sus creadores, es capaz de monitorizar el ruido social relacionado con un tema y analizarlo para interpretar si las opiniones son positivas o negativas. El nombre del invento en cuestión es ATTOS.

Detectar si una opinión es positiva o negativa no resulta tan sencillo como pudiera parecer. En la comunicación intervienen muchos otros factores además del mensaje. Al interpretar las palabras, somos capaces de detectar numerosas señales como el tono de voz, la cadencia, los gestos, etc. A este lenguaje no verbal, que forma parte de tweets o actualizaciones de Facebook, le acompaña el contexto. Por ese motivo, es difícil para un ordenador detectar si el tweet “Este partido es el mejor que he visto en mi vida” procede de un fan exaltado o de un aficionado que emplea la ironía para mostrar su descontento.

Josu Gómez, cofundador de Bitext, empresa española dedicada a este tipo de análisis, nos explica que la ironía “es difícil de detectar precisamente porque está pensada para ser indetectable, para que tenga apariencia de realidad”. Es decir, que es algo así como una trampa para máquinas pensadas para recibir datos ordenados, con un formato específico y aplicar sobre ellos reglas racionales.

La ironía es difícil de detectar porque está pensada para ser indetectable

El análisis localiza las fuentes de información sobre el tema estudiado (foros, redes sociales, blogs…) y almacenan toda la información relevante. Después, esta información se procesa atendiendo al idioma, el registro del lenguaje (más o menos formal) y otros parámetros disponibles en las webs donde se ha publicado la opinión.

Del proceso de estos datos y su distribución entre opiniones positivas, neutrales o negativas, se construye el análisis que también tiene en cuenta la intensidad de esta o el lugar desde el que se emite la opinión. Si nuestro tweet sobre fútbol se emite desde Barcelona tras un partido en que el Madrid ha perdido, tendrá probablemente un sentido diferente al que tendría el mismo tweet publicado desde Madrid.

Las aplicaciones de esta tecnología son múltiples. Las empresas pueden utilizarlo para detectar la acogida que ha tenido un nuevo producto y las ciudades para conocer la opinión que tienen los turistas y qué aspectos necesitan mejorar. Algo muy interesante para las empresas porque, explica Luis Alfonso Ureña, responsable de la investigación, “nos fiamos más de los comentarios de los usuarios que los de una agencia de viajes, por ejemplo, porque se acercan más a la realidad que la fuente más institucional”.

Sin duda, ATTOS no será un sistema infalible, pero sí lo bastante inteligente como para que se puedan llevar a cabo tareas útiles mediante esta herramienta. El test de Turing (sobre la capacidad de una máquina de mantener una conversación de forma indistinguible de un ser humano) seguirá a salvo durante muchos años, a la capacidad de interpretar el lenguaje hay que sumarle muchas otras, entre ellas la capacidad de expresarse para interactuar. Por ahora, las posibilidades en ese sentido recuerdan a cierto episodio de The Big Bang Theory en el que Sheldon trata de aplicar métodos racionales para crear el chiste perfecto. El resultado, por supuesto, no hace reír a nadie. Tal vez las máquinas también tengan su propio sentido del humor.

Foto: Zeh Fernando

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