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El planteamiento holográfico podría congraciar las ideas de Einstein sobre la gravedad con las teorías cuánticas

Investigadores hallan evidencias de que nuestro Universo es un holograma

Hace 5.000 años no existía la palabra “holograma”, sin embargo los antiguos Vedas ya hablaban de nuestro mundo conocido como “maya”, o lo que es lo mismo, una gigantesca ilusión. Hace unos 2.400 años Platón planteó en “La república” que quizá, el mundo que conocemos no sea más que una oscura caverna, un mundo irreal conformado por las sombras de las cosas reales, donde vivimos y crecemos convencidos de que no existe nada más allá de esas sombras. Las ilusiones de la percepción crearon en muchos científicos y filósofos la inquietud de saber que no podíamos confiar en los propios sentidos, por lo que nada impedía asegurar que vivíamos en una ficción, un sueño del que quizá algún día lográsemos despertar para conocer qué somos en realidad. Estas disgresiones llevaron a Descartes a intentar cortar ese nudo gordiano con su “Cogito ergo sum”, lo que no impidió que George Berkeley asegurara que todo lo que creemos realidad no es más que fruto de nuestra propia percepción; un poco paranoico sin duda, porque de alguna manera decía que estaba más o menos seguro de que él existía, pero no de que existieran los demás. Luego llegaron los (entonces todavía) hermanos Wachowski con Matrix, todos los dispositivos de realidad virtual y unos científicos que empezaron a encontrar indicios de que el Universo podría ser un holograma.

¿Por qué un holograma?

En abril de 2015, un trabajo de la Universidad Tecnológica de Viena planteaba que, en realidad, para describir el universo no necesitamos tantas dimensiones. La idea de este universo holográfico surgió por primera vez en la década de los 90. Los investigadores se pusieron a hacer cálculos y vieron que, sencillamente, el universo podría ser así, y ya está. Para nosotros el universo que percibimos es tridimensional, pero las teorías de la física afirman que, en realidad, tenemos una dimensión menos de lo que pensamos, y el 3D que cree ver nuestro cerebro no es más que una percepción generada por los procesos bidimensionales que suceden en un enorme horizonte cósmico.

En aquel momento la idea podía parecer muy exótica desde el punto de vista teórico. Se hablaba de un principio holográfico que era capaz de mantenerse incluso planteando que el espacio-tiempo era plano, y eso podía suponer muchos cambios para la forma en la que la ciencia entiende y estudia el mundo. Básicamente porque cosas como la gravitación, el comportamiento de las partículas cuánticas y otras muchas cosas se calculan pensando en un mundo tridimensional. Lo realmente curioso del tema es que si se hacen cálculos sobre partículas cuánticas basados en un mundo de tres dimensiones, lo resultados se pueden correlacionar con los obtenidos al hacer los cálculos pensando sólo en dos dimensiones. Dicho de otra manera, las mismas ecuaciones que se usan en astronomía se pueden aplicar sin problemas a una superficie plana, como un CD. Es lo que se llama la “correspondencia AdS-CFT” de Maldaceda.

Pero como las cosas no legan a ser absolutas, el espacio parece tener sus propias particularidades, y a pesar de ser bastante plano, si consideramos las distancias que maneja la astronomía podemos decir que tiene curvatura positiva. Pero si el universo es un holograma y nosotros vivimos en el universo, ¿pueden esas correspondencias aplicarse también a nuestro mundo? Según Daniel Grumiller, de la Universidad Tecnológica de Viena, “Si la gravedad cuántica en un espacio plano permite una descripción holográfica por medio de una teoría cuántica estándar, entonces debe haber un número concreto que puede ser calculado en ambas teorías, y los resultados deben estar de acuerdo”.

Llegamos ahora a enero de 2017. Física teórica y astrofísica vuelven a trabajar juntas con investigadores de Gran Bretaña, Canadá e Italia, y encuentran lo que es la primera evidencia de que el universo, efectivamente, podría ser un gigantesco holograma. Tal y como explica el profesor Kostas Skenderis, de la Universidad de Southampton: “Imagina que todo lo que ves, sientes y oyes en tres dimensiones (así como tu percepción del tiempo), proviene de un campo plano bidimensional”. Así si tenemos que los hologramas ordinarios permiten ver una imagen tridimensional codificada sobre una superficie bidimensional, como en los hologramas que vemos en las tarjetas de crédito o el Star Wars, en este caso tendríamos que entender que “todo el universo está codificado”.

Cuando vamos al cine a ver una peli en 3D “vemos”, de alguna manera, esas tres dimensiones proyectadas sobre el espacio bidimensional de la pantalla. Sin embargo, en nuestro mundo “real”, la percepción de esa proyección nos permite “sentir” que tocamos y cogemos cosas con volumen.

Observaciones evidentes

Las evidencias encontradas no son puramente matemáticas, sino fruto de las observaciones. Concretamente de las irregularidades que hay en el fondo, muy al fondo de las microondas cósmicas, lo que se conoce como el resplandor del Big Bang, los rastros espacio-temporales de la formación del cosmos.

Las investigaciones que se han realizado en las últimas décadas han logrado avanzar gracias al avance de los telescopios y los equipos de detección. De esta manera, en medio de todo el “ruido blanco” o microondas que ocupan el espacio, hay una enorme cantidad de datos ocultos que han comenzado a revelarse ahora, y que provienen del momento mismo de la creación del universo.

Las informaciones obtenidas han permitido a los investigadores comparar las particularidades de las redes de datos con la teoría del campo cuántico; o que descubrieron al comparar es que algunas de las teorías de campo cuántico más sencillas pueden explicar casi todas las observaciones cosmológicas del universo primigenio.

La importancia de estas evidencias acerca del universo holográfico está en su capacidad para conciliar las teorías de Einstein sobre la gravedad y la teoría cuántica que, hasta el momento, no lograban explicar por sí mismas la totalidad de la física, aunque sí parcialmente. Quizá ahora, con ese link entre ambas visiones del universo podamos avanzar en el conocimiento de ese gran desconocido que sigue siendo el origen del cosmos y de la vida, así como entender qué es lo real y qué no.

Imagen interior: Esquema de la línea de tiempo del universo holográfico. El tiempo corre de izquierda a derecha. La izquierda extrema muestra la fase holográfica y la imagen es borrosa porque el espacio y el tiempo todavía no están bien definidos. Al final de esta fase (definida por la elipse oscilante negra) el Universo entra en una fase geométrica que ahora puede ser descrita por las ecuaciones de Einstein. El fondo cósmico de microondas se emitió unos 375.000 años más tarde. Los patrones impresos en él llevan información sobre los principios del Universo y el germen del desarrollo de las estructuras de estrellas y galaxias en el último tiempo del Universo (extremo derecho). Crédito: Paul McFadden en Phys.org

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