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Este rasgo es independiente del cargo que se tenga dentro de la empresa

Un jefe seguro no tiene miedo de delegar

La delegación de funciones es un acto esencial para el buen funcionamiento de toda estructura. Conforme una persona va tomando más responsabilidades dentro de la misma, más necesidad hay de que deleguen en otros parte de sus tareas. Bien enfocada, la delegación debe ser una forma natural de ir preparando al otro para asumir un rol de mayor responsabilidad y, por ende, de mayor remuneración. En un sistema normal, si un jefe asciende, otro debe ocupar su cargo, y mejor si se trata de alguien que haya demostrado ya que sabe de qué va el tema. Sin embargo hay ocasiones en las que ese proceso no se da. Un jefe acumula responsabilidades y funciones, pero no suelta ninguna de ellas, formando verdaderos cuellos de botella por donde no fluye el trabajo. ¿Por qué pasa eso?

Según han estudiado investigadores de la Universidad de California, Riverside, y de la Universidad George Washington, hay un rasgo que define a los líderes que delegan y los diferencia de los que no lo hacen. Ese rasgo es la seguridad. Básicamente, cuando un jefe se siente seguro y poderoso dentro de su cargo o responsabilidad, no tiene ningún miedo de delegar tareas a otros, mientras que aquellos que se sienten inseguros  impotentes (a pesar de que su cargo sea fuerte) son precisamente los que menos dispuestos se muestran a dejar que los subordinados asuman responsabilidades.

Para los investigadores es curioso que, a pesar de los numerosos conflictos que el tema de delegar genera en las empresas, no se hayan hecho más estudios para determinar las causas de este comportamiento. De los pocos trabajos anteriores, algunos demuestran que el sentimiento de seguridad o poder es capaz de modelar nuestras percepciones sobre el control que tendremos sobre las cosas que sucedan. Un estudio de la Universidad de Stanford concluyó que cuando se fomenta el sentimiento de poder de las personas (en el buen sentido) tenía como efecto que la gente creyera que podía controlar mejor los resultados, por lo que no era tan dramático para ellos ceder parte de su cuota de poder a otros.

A fin de cuentas, permitir que otros tomen decisiones implica que el jefe renuncia a ese poder, pero mientras que para algunos esa renuncia es positiva, porque confían en que todo irá bien al tiempo que pueden prestar más atención a tareas que sólo pueden hacer ellos, para otros es un problema que afecta su autoconfianza. Los estudios apuntan a que independientemente de la situación real del jefe dentro de la empresa, la voluntad de delegar depende de su propia percepción de sí mismo. Así, un alto ejecutivo podría sentirse incapaz de enfrentar un cambio de cultura dentro de la empresa, mientras que un empleado de nivel bajo podía sentirse en la capacidad de hacerlo sólo porque sabe que puede influir en otros para que trabajen bien en equipo.

Fuente: APS

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