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La falta de oportunidades hace que muchos se vayan del país

Jóvenes matemáticos españoles: entre la excelencia y la precariedad

Los jóvenes matemáticos de nuestro país no lo tienen nada fácil. Han optado por una carrera con la que tienen asegurado su futuro… aunque no en España.

Matemáticas no es una carrera sencilla, pero los que salen de ahí formarán parte de uno de los grupos de egresados con menos índice de paro. Los jóvenes investigadores españoles cuentan con un nivel de conocimientos reconocido internacionalmente.

Estamos entre los mejores, nuestros matemáticos son altamente valorados y ocupamos el décimo puesto mundial en cuanto a producción científico. Dicho de otro modo: ¡Somos la caña en mates! (como ya os contamos en este artículo) Sin embargo, mientras fuera de nuestras fronteras nos ven como profesionales de excelencia, de puertas para adentro el trato se basa en salarios bajos, falta de oportunidades laborales, contratos inestables y falta de recursos para proyectos autónomos.

Lo que podría ser una de las mayores riquezas del país se convierte así en un éxodo de investigadores, muchos de los cuales se marchan sin saber si podrán volver, según detalla un comunicado de la Real Sociedad Matemática, con motivo de la celebración estos días en Valencia del 4º Congreso de Jóvenes Investigadores.

Salir para no volver

Las opiniones de los asistentes coinciden en que la investigación matemática en España es cada vez más relevante en el panorama internacional pero que, lejos de ser tenido en cuenta como un valor para el país, las condiciones de trabajo e investigación son tan deficientes, que buena parte opta por aceptar puestos en universidades y empresas extranjeras.

Desde el punto de vista de algunos, el sistema está tan burocratizado y es tan endogámico, que no es posible incorporar investigadores extranjeros con los que aumentar la competitividad o acceder a un intercambio de ideas. Tampoco los sistemas postdoc salen bien parados de las opiniones de los asistentes al congreso, y se critica que no haya recursos en los departamentos para enviar a su gente a congresos y reuniones internacionales, donde entrar en contacto con las últimas innovaciones matemáticas.

El problema para estos jóvenes no es tanto salir del país y trabajar en otros lugares, algo que sin duda permite el enriquecimiento personal y profesional de los investigadores, sino que la situación no les permite plantearse seriamente regresar a España. Básicamente el sistema no facilita que los que aquí salgan ni que los de fuera entren. Y cuando se da el caso de españoles que han pasado su vida postdoctoral fuera, el regreso se hace aún más complicado.

Según explican, en España es exigencia estar acreditado para optar a un puesto permanente, lo que supone un obstáculo para cualquiera que se haya formado fuera. Al final los candidatos con posibilidades de acceder al sistema son los que menos experiencia internacional tienen. Eso influye sin duda en que, a pesar de la calidad del trabajo de los españoles, no exista ninguno entre los galardonados con la medalla Fields o el premio Abel.

Otra dificultad a la que se enfrentan las matemáticas españolas es la falta de inversiones, tanto públicas como privadas, lo que da muestra de lo poco que apuestan el Gobierno y las empresas por incentivar claramente la cercanía entre la Universidad y la Industria, algo sin lo cual no existe transferencia de conocimiento y, por ende, un trágico estancamiento de la investigación matemática; un gran potencial que se maltrata aquí y se dignifica fuera.

En la foto de izquierda a derecha: Lucía Sanus (presidenta del comité organizador); Francisco Marcellán (presidente de la RSME); Rafael Crespo (vicerrector de la Universidad de Valencia); Juan Monterde (decano de la Facultad de Matemáticas) y Salvador Mola (presidente del comité científico del congreso). 

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