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La economía colaborativa no es un invento bolchevique

La era del crowdfunding: Manual ilustrado para concejales

Asisto anonadado a las explicaciones de un concejal del ayuntamiento de Castellón a su negativa a la creación de un banco de tiempo y un espacio de coworking públicos en la localidad. Los motivos son, al parecer, que tales cosas como el coworking y el crowdfunding, lejos de ayudar a la creación de empleo y a la formación de empresas lleva al “comunisming” (sic) y al “chavisming” (sic). Y a que no haya gasolina, carne ni azúcar.

Afortunadamente, no todo el mundo piensa como el señor José Masip. Así, ciudades como Madrid, Barcelona o Fuenlabrada disponen de espacios para el coworking públicos o en los que colaboran sus ayuntamientos para facilitar la vida a los emprendedores. Lejos de nuestras fronteras, el apoyo de las administraciones británicas es clave para el desarrollo de las formas colaborativas de economía.

Por toda Europa y por EEUU, proliferan los centros de coworking, incubadoras y otros proyectos de economía colaborativa. Por supuesto, la mayoría de ellos son privados, pero existen también iniciativas públicas para dotar a las ciudades de estos recursos y beneficiar así su mercado laboral y la oferta de servicios para sus ciudadanos.

Dado que parece que a algunos de nuestros políticos les iría bien una pequeña descripción de estas ya no tan nuevas tendencias, aquí va un pequeño resumen de qué es cada cosa:

  • Crowdfunding: Financiación de proyectos y negocios por medio de la inversión de los ciudadanos. Puede ser una inversión propiamente dicha, a cambio de acciones de la compañía (equity crowdfunding) o puede ser a cambio del producto o de una recompensa relacionada (reward crowdfunding).
  • Coworking: Compartir un espacio de trabajo. Normalmente, son espacios relativamente grandes en los que los socios, previo pago de una cuota mensual, pueden utilizar el espacio y recursos como la conexión a Internet o una impresora. Sirve tanto para ahorrar costes como para compartir experiencia y proyectos con otros pequeños emprendedores.
  • Incubadora: Centros en los que se promueve el crecimiento de las empresas, aportando recursos y, sobre todo, conocimiento, para que salgan adelante. Las hay tanto privadas como públicas y, en ocasiones, se refieren a ellas como viveros.
  • Aceleradora: Son similares a las incubadoras, pero no sólo tratan de facilitar el crecimiento de las startup sino que su objetivo es que las fases del proceso de crecimiento sean tan rápidas como sea posible, con el objetivo de que la “hoja de ruta” de la empresa se cumpla lo antes posible y, de este modo, las empresas se rentabilicen antes.
  • Consumo colaborativo: Es una modalidad de consumo en la que la propiedad de un bien o servicio es compartida. Engloba desde el coworking, en que se comparten recursos para trabajar, hasta proyectos como AirBNB o BlaBlaCar, donde compartes tu vivienda o un viaje en coche a cambio de dinero. El término lo propuso Rachel Bortsman en una charla TED, que tienen como algunos de sus patrocinadores a compañías como IBM o Intel, y que incluso han tenido el apoyo financiero de Goldman Sachs.

Todos estos conceptos, y algunos más, lejos de ser parte de alguna conspiración para terminar con la forma de vida occidental, con el sueño americano y con Cortilandia, están ayudando a crear productos de éxito, así que considero que merece la pena que nuestros políticos las conozcan. De otro modo, terminan aprobando tasas absurdas que no ayudan a nadie.

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