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Tendemos a creer lo que nos dice la gente que nos gusta

La fuente de información influye en lo que creemos

¿Hasta qué punto somos influenciables por las cosas que afirman los políticos o los medios? ¿Somos conscientes de las razones por las que nos inclinamos a creer una cosa en lugar de otra? La psique humana es compleja, pero las justificaciones por las que a veces hacemos las cosas pueden llegar a ser preocupantemente simples.

Durante las pasadas primarias presidenciales de EE.UU., el MIT elaboró un estudio para ver cómo las afinidades de los partidarios de uno u otro candidato y las creencias previas podían influir en la forma en que evaluamos hechos objetivos. Para ello se analizaron las declaraciones del actual presidente Trump que, en aquellos momentos sólo era un candidato más.

Para el trabajo se encuestó a 3.042 estadounidenses durante el otoño de 2015, presentándoles cuatro declaraciones verdaderas de Trump y cuatro falsas. A todos ellos se les había preguntado previamente si eran demócratas o republicanos y si apoyaban a Trump o no.

El estudio consistió en mostrar a un grupo de personas (de las que se conocían sus afinidades políticas) declaraciones verdaderas y falsas de Trump. Lo que se vio fue que cuando, por ejemplo, se les mostraba la afirmación de que las vacunas causan autismo (algo que rechaza taxativamente la ciencia), los republicanos tendían más a creerlo cuando era Trump quien lo decía que cuando desconocían la autoría de esa afirmación.

En el lado contrario, cuando Trump declaró (correctamente) sobre el coste financiero de la guerra de Irak, tanto los demócratas como los republicanos que no apoyaban a Trump tendían a no creerlo cuando sabían que era Trump el que lo había dicho, y no tanto cuando desconocían la fuente.

Según la psicóloga cognitiva Briony Swire, de la Universidad del Oeste de Australia en Perth y coautora del trabajo, ante la gran cantidad de información a la que está expuesta la gente y la responsabilidad de tomar decisiones sobre la veracidad o falsedad de las cosas que se nos presentan, la gente suele usar la confianza o la desconfianza que nos genera determinado personaje como “atajo”  para valorar la información como válida o no válida.

Aunque el estudio haya publicado ahora sus resultados, qué duda cabe de que este mecanismo ha sido ampliamente explotado en la política y en el mundo de la publicidad para generar, según se quisiera, desinformación o seguimiento. De ahí la explosión y uso de influencers en el mundo de Internet.

No hace falta ir a la esfera política para ver este fenómeno. A poco que nos observemos nos daremos cuenta de que tendemos a creer lo que nos cuentan nuestros amigos y a dudar de lo que afirman los que no nos caen tan bien. Si escalamos este hecho a cualquier otro ámbito de la vida donde sintamos afinidad o rechazo por determinadas personas, veremos que no estamos empleando un criterio demasiado fiable (y nulamente contrastado) para la toma de decisiones, y que nos estamos dejando llevar por la vía simple, la de no pensar, algo que cada vez se vuelve más peligroso.

Fuente: MIT

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