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Movilidad, gestión de Big Data y participación ciudadana se articulan sobre el eje de la tecnología en las Ciudades Inteligentes

La inteligencia de las ‘Smart Cities’

Para el año 2030 se prevé que más de 5.000 millones de personas vivan en las ciudades. Muchas de ellas pasarán a engrosar el número de las megaurbes, con todo lo que ello conlleva: problemas de gestión de espacios, de transporte, enfermedades, atención a la población mayor, de seguridad… Pero sean grandes o pequeñas, las ciudades tienen una serie de requerimientos que, tal y como se han estado enfocando, no resulta sostenible. Las ciudades consumen un 75% de la energía global y producen un 80% de sus emisiones. En cuanto su ocupación, aproximadamente un 25% corresponde al transporte, otro 25% a la industria y un 50% a los edificios. El viejo modelo no es capaz de asimilar y gestionar todo esto, por eso se hace necesario un modelo nuevo, que contemple e integre todas las características de los nuevos conceptos de ciudad.

Precisamente, en el marco de unas recientes jornadas sobre la Sociedad emergente: ciudades inteligentes y seguridad, privacidad y confianza digitales, organizadas por la Real Academia de Ingeniería, se ha abordado ampliamente el concepto de la Smart City desde diversos aspectos, tanto desde el punto de vista de los propios ingenieros, como de las empresas, la Universidad, la Administración pública, los ayuntamientos o los mismos usuarios. En este sentido explicaba José Luis Angosto, director de Innovación y Alianzas de Indra, que «las ciudades inteligentes dependen de la inteligencia de las personas«, así como que la tecnología y la innovación tienen que ser los elementos dinamizadores que mejoren la calidad de vida de las personas y reduzcan los costes, haciendo que las cosas sean diferentes, que se «transforme el mundo de las megaurbes».  Para ello se hace necesario saber resolver los problemas medioambientales, sociales y económicos que sufren los grandes núcleos de población.

El papel de los Big Data

La correcta gestión de los datos masivos tiene que ser el elemento que dote de inteligencia las infraestructuras y que permita identificar las cuestiones fundamentales que les afectan para, finalmente, ayudar en la toma de decisiones. La interconexión de la información facilita la transformación de otro de los elementos clave de las urbes: la gestión municipal, decisiva en el desarrollo económico y, por ende, en la calidad de vida del ciudadano. Según augura Angosto, En nuestro futuro próximo, «las ciudades que triunfen serán las que generen riqueza para sus ciudadanos y sepan comprometer a sus ciudadanos a la hora de contribuir a generar esa riqueza«.

Sobre los ecosistemas de aplicaciones basados en Big Data y pensados para las ciudades inteligentes, Manuel Lorenzo, director de Tecnología e Innovación de Ericsson España, analizó la trayectoria de la conectividad, que ha pasado de los lugares a las personas y, de ahí, a las cosas. Se calcula que para el 2020 habrá aproximadamente unos 50.000 millones de personas y cosas conectadas, y el papel de las redes que hay construidas hasta la fecha, no será obtener más beneficio, sino asegurar que se pueda mantener la demanda a futuro, explica Lorenzo, quien también habló de la necesidad de introducir la tecnología en los vehículos adecuados para que esta sea realmente beneficiosa para la gente.

«Es el momento de crear los ecosistemas y, de aquí a unos años, se establecerán los estándares, pero aún no es el momento de esto último«, señala Lorenzo. Las macrotendencias de estos tiempos son la mobilidad, la sensorización y la penetración de los smartphones, siempre como cambios que vendrán dirigidos por el uso de las apps móviles. «Las ciudades que implementan tecnología tienen mayor crecimiento que las que no, y las ciudades que crean esa tecnología crecen aún más«, dice Lorenzo.

El uso de la tecnología genera infinidad de datos. El Big Data sirve para poder procesar en tiempo real lo que le pasa al ciudadano y obtener beneficio del histórico de esas acciones para optimizar el servicio. Así, los datos de cualquier procedencia se ponen en manos de aquellos que proveen y desarrollan aplicaciones para las diversas instituciones vinculadas al ciudadano. Desde el punto de vista de Lorenzo, no se trata sólo de contemplar el Internet de las cosas, sino también su Intranet, «ver lo que necesitamos, el problema que queremos resolver, abrir consorcios y buscar la forma de solucionar el problema. Es una forma de poner el foco en el valor de lo que se crea».

no hay datos irrelevantes

Los Big Data permiten también romper con las visiones fragmentarias de la sociedad que perjudican al conjunto. Los Big Data son capaces de analizar e interrelacionar todos los datos generados en una sociedad. Datos que pueden parecer inútiles o sin valor, los Big Data pueden contextualizarlos. «No hay información irrelevante. Hay información que sirve para una cosa o para otra, y a ventaja está en saber para qué puede ser útil«, explica Aníbal R. Figueiras, Secretario General de la Real Academia de Ingeniería.

La gestión del transporte

Las infraestructuras de transporte son una pieza clave dentro de las ciudades y, especialmente dentro de las megaurbes, donde determinan las comunicaciones tanto dentro del territorio urbano como con el exterior. Las grandes ciudades están generando una tendencia dentro del uso de los vehículos privados, que tiende a ser pequeño, eléctrico, compartido y conectado, señala Pilar Conesa, directora de Anververti. Por su parte, Federico García Linares, director de I+D+i de OHL, define el flujo de la movillidad en las smart cities con los siguientes elementos: Sostenibilidad – Eficiencia – Accesibilidad local, nacional e internacional – Sistema de infraestructuras – Sistema de transporte – Seguridad. García Linares explica que la congestión del tráfico cuesta más de un 1% del PIB de la Unión Europea, lo que supone más de 100 mil millones de euros por año.

Los planes de movilidad urbana sostenible deben tener en cuenta factores como el crecimiento económico, la cohesión social y el medio ambiente. La tecnología permite detectar automáticamente incidentes en la vía, analizar los flujos de tráfico, activas servicios de información online para los conductores, crear plataformas intermodales y establecer servicios de control de la congestión en tiempo real, siempre contando con mantener la privacidad de los usuarios. Las alertas para usuarios de la vía pueden avisarles de que están cometiendo acciones que puede afectar a la movilidad general. La tendencia apunta a hacer que las infraestructuras dejen de ser elementos pasivos y se conviertan en activos y colaborativos, que incidan directamente en los usuarios de la vía.

Estos sistemas colaborativos facilitan el intercambio de información entre los centros de gestión del tráfico y los dispositivos instalados en los vehículos, ayudando a mejorar la seguridad y la gestión de la movilidad por las carreteras. El conductor aporta anónimamente determinada información al sistema (vehículo, destino, velocidad, etc.), y el sistema analiza toda la información de los usuarios para indicar a los vehículos las modificaciones que debe realizar como la velocidad o determinados desvíos para evitar zonas de retenciones. Según la distancia a la que se encuentre un vehículo de una incidencia, las recomendaciones se individualizan.

La participación ciudadana

Un punto destacado señalado por la mayoría de los ponentes fue el de la implicación de la ciudadanía dentro de la gestión de la ciudad. «El valor del ciudadano como motor dentro de la inteligencia de las ciudades, como iniciador«, apuntaba Angosto. Su rol fundamental es el de exigir, pero también comprometerse en el aporte de inteligencia a las grandes ciudades. «La ciudad genera grandes volúmenes de información, y saber gestionarlos adecuadamente es la clave del éxito para la ciudad, que debe tener la capacidad de incluir las iniciativas que provengan del ciudadano«, apunta.

Las ciudades inteligentes serán colaborativas

En este sentido, Conesa señalaba que no sólo debe usarse la tecnología como elemento tractor, sino que busca la creatividad, es inclusiva, abierta a diferentes conceptos de plataformas y a la participación pero que, fundamentalmente, debe ser colaborativa. La gestión de «la inteligencia colectiva es la idea de la ciudad colaborativa«, añade Conesa. El reto, para las administraciones y empresas, será ser capaces de impulsar la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones, lo que previamente debería implicar una educación que favorezca el pensar en el bien común por encima del bien particular.

Estas jornadas de la Real Academia de Ingeniería, concluyen hoy abordando los temas de seguridad, privacidad y confianza digitales, pero todos los temas planteados tendrán una interesante continuidad en el Congreso Change The World, que se celebrará del 18 al 20 de noviembre en Barcelona.

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