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Las células modificadas son capaces de sobrevivir largo tiempo y formar su propio nicho

La reprogramación estable de células abre una esperanza a la cura de la diabetes

Si hablamos de programación y reprogramación en el mundo de lo tecnológico, la tarea puede ser relativamente sencilla. No tanto porque sea fácil, sino porque se conocen bastante bien todos los elementos implicados en el proceso y, aunque trabajoso a veces, es factible. En el caso de lo biológico resulta mucho más complicado. Las células son un pequeño cerebro programado para una tarea concreta. Al inicio del desarrollo embrionario, esa programación aún no se ha hecho evidente, y todas las células son iguales. Esas células pluripotenciales tienen en sí la posibilidad de convertirse en cualquier célula del organismo, y es posible actuar sobre ellas en ese momento para lograr que se conviertan en una cosa o en otra. Es la base de las terapias regenerativas de tejidos. Sin embargo, conforme el embrión crece, las células se van diferenciando para encargarse de una tarea concreta (especialización celular). Una vez que la célula es adulta y se ha convertido en, por ejemplo, una célula muscular, reprogramarla para que se comporte a largo plazo como una célula pancreática no era, hasta la fecha, posible.

El principal obstáculo con el que se han topado los investigadores a la hora de reprogramar células adultas es que el proceso no era estable ni eficiente, y al cabo de un tiempo dejaban de funcionar con la nueva programación en los animales vivos con los que se realizaron los ensayos. Ahora, un equipo de científicos dirigido por el  profesor asociado del Departamento de Células Madre y Biología Regenerativa de la Universidad de Harvard, Joe Zhou, han descubierto el modo de mantener ese cambio en el tiempo. Sus trabajos, aunque aplicables en teoría a multitud de patologías que requieren de la regeneración tisular, se han centrado específicamente en el tratamiento de la diabetes.

Los investigadores combinaron varios genes para modificar las células pancreáticas exocrinas en ratones adultos con diabetes, para transformarlas en células beta funcionales y productoras de insulina. El resultado fue que un tercio de los ratones tratados comenzaron a mejorar en la producción propia de insulina. El logro fundamental de este trabajo no ha sido tanto la transformación de unas células en otras, sino que las células reprogramadas han sobrevivido durante largo tiempo, llegando a formar su propio nicho natural. De hecho, el número de nuevas células creado es lo suficientemente importante y estable como para casi decir ¡Eureka!

Los ratones fueron estudiados durante más de 13 meses, la mitad del tiempo de vida normal de una célula, y tras ese periodo de tiempo comprobaron que no sólo las células seguían allí, sino que además el conjunto era bastante fuerte y estable. Los animales diabéticos se convirtieron en altamente glucémicos, pero no en todos ellos se estabilizó el resultado. A pesar de estos datos Zhou todavía se muestra muy prudente para hablar de una cura a la diabetes, ya que para tener un control total de los niveles de glucosa en los animales no sólo es necesario desarrollar células beta funcionales, es necesario también que haya al menos una cantidad cercana al cuarto de millón de estas células. Además, Zhou explica que esta técnica podría no ser aplicable a otras patologías, dado que el trabajo con las células pancreáticas es relativamente más sencilla que con otros tejidos. Hacer lo mismo en estructuras más complejas podría no dar los mismos resultados.

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