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Estudio de los patrones de la risa en la salud mental

La risa puede servir para diagnosticar la depresión

No. A Jorge de Burgos no le hacía ninguna gracia la risa. Su desprecio por la carcajada y los efectos ejemplarizantes de la caricatura y el sentido del humor fueron tan extremos que, no deja de ser irónico que un libro sobre la risa lo fulminase in extremis. Si el serio Jorge hubiera vivido en nuestros tiempos puede que en vez de acabar comiendo pergamino le bastase con unos antidepresivos.

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de los beneficios saludables (tanto en lo físico como en lo emocional) de la risa. Los científicos han tratado de determinar su razón de ser. ¿Por qué el ser humano se ríe? ¿Una señal de laxitud tras la tensión?, ¿una forma de mostrar e inducir confianza?, ¿un mecanismo para inhibir la agresividad?, ¿una muestra de nuestra felicidad?, ¿un destello lúdico? Se lo que se sabe, una de las cosas más interesantes es que reír, que es algo que se puede hacer de manera voluntaria incluso cuando las circunstancias circundantes no son para nada risibles, potencia las defensas del organismo, reduce los niveles de colesterol, regula la presión sanguínea, disminuye el estrés, nos libera del temor y la ira, libera endorfinas y ayuda a tener una visión de la vida mucho más positiva. Lo mejor de todo es que no necesita receta médica y que hasta el más pobre de entre los pobres dispone de un infinito potencial de risa.

A Jorge, en definitiva, le mató la falta de risa.

Ahora, un nuevo estudio ha determinado la utilidad de la risa en el diagnóstico de la depresión y otras enfermedades neuropsiquiátricas. Según las investigaciones que se han realizado hasta la fecha, el mecanismo de la risa es realmente complejo, e implica diversas áreas cerebrales. Para que la risa llegue a producirse, los estímulos deben caminar al mismo tiempo por dos vías diferentes. Por un lado, nuestra parte racional y voluntaria realiza su proceso en el área prefrontal del cerebro, junto con las implicadas en la visión, la audición, el tacto y el procesamiento del lenguaje. Por el otro lado está la vía emocional o involuntaria, donde tálamo, hipotálamo y amígdala. Luego, según el ambiente y el contexto social, el cerebelo le da a todos estos elementos la forma final de la risa, activando los músculos faciales y los sonidos que universalmente reconocemos como risa.

Claro que no toda risa es sana. Según señaló el neuropsicólogo alemán Klaus Poek en 1985, hay risas patológicas. Risas que denotan la presencia de un problema mental serio. No hay más que recordar a Jack Nicholson en “El resplandor”.  La risa sana, la risa de sentido del humor, la risa liberadora, no es lo mismo que esta otra risa, y se han podido estudiar las diferencias fundamentales entre ambas para ayudar a determinar la existencia de problemas psicológicos a través de la forma de reír.

A partir de varios vídeos de humor, se grabaron las risas de 50 personas (hombres y mujeres entre 20 y 65 años), 20 de ellas sanas y 30 con depresión. Las risas de todos ellos se grabaron en archivos independientes hasta obtener un total de 934 risas que fueron representadas en un sonograma. En la parte más técnica del estudio, cada episodio de risa se descompuso en los sonidos plosivos (los famosos “jajajajajaja”), separando cada “ja” del conjunto de la respiración. El plosivo se repite cada 210 milisegundos aproximadamente, y se distingue del siguiente en el que la persona debe ya tomar aire. Esto es, entre plosivo y plosivo hay una inspiración.

Después de estudiar los plosivos, se identificaron variables fundamentales en relación con las características fisiológicas del individuo que se ha reído como las peculiaridades de su respiración, las cuerdas vocales o la posición del tracto vocal. Tras analizar todo esto vieron que, en el 85,12% de los casos, la risa era eficaz para diagnosticar la depresión tanto en hombres como en mujeres, aunque curiosamente es más eficaz a la hora de clasificar el grado de depresión en los hombres (normal, depresión menor, depresión moderada, depresión severa, depresión muy severa), que en las mujeres (85,75% de hombres respecto a 66,17% de mujeres).

Fuente: Red.Escubre. Sobre un trabajo de los investigadores Pedro Marijuán, Jorge Navarro y Raquel del Moral, del instituto aragonés de Ciencias de la Salud, el psiquiatra Javier García-Campayo del hospital universitario Miguel Servet de Zaragoza, y Rafael Lahoz-Berltrá, de la Universidad Complutense de Madrid.

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Peter Stewart

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