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Los rasgos faciales "aniñados" se vinculan a la confiabilidad y la calidez

Las ONGs necesitan CEOs con cara de niño

La psicología humana conserva todavía muchos prejuicios de su etapa animal. Nos referimos a juicios de valor que realizamos de manera inconsciente, que pueden afectar las decisiones que tomamos o la confianza que depositamos en las personas. Uno de ellos es la valoración inconsciente que hacemos de las personas por su cara. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Toronto saca conclusiones, precisamente, sobre los efectos que puede tener nuestra cara a la hora de ocupar el puesto de CEO en una empresa o en una ONG.

Lo más curioso del estudio es que ha encontrado una relación entre el CEO y su cara, y cómo esta puede suponer un ventaja o una desventaja, antes incluso de ponerse a valor sus capacidades como director ejecutivo.

Según estudios anteriores, las personas con rasgos faciales dominantes más agresivos y duros están vinculadas a mejores resultados financieros para su empresa, por lo que supone una ventaja para ellos a la hora de prosperar en su trabajo; pero la investigación llevada a cabo por los psicólogos canadienses Daniel Re y Nicholas Rule ha revelado que ese aspecto, ventajoso en el mundo de las finanzas y los resultados económicos, sería una desventaja para las personas que optase a dirigir cualquier entidad sin ánimo de lucro, donde están obligados a revertir los ingresos para el bien público.

En este caso, aunque también entendemos que los CEOs de estas instituciones deben hacerse cargo de recaudar fondos y dirigir su correcta distribución, acorde a los fines sociales de la entidad, un rostro feroz y agresivo dispara las alertas inconscientes en nuestro cerebro, y valoramos a tal persona como inadecuada para el cargo. ¿Por qué?

De alguna forma las actividades lucrativas necesitan depredadores, y psicológicamente tratan de identificar facialmente al mejor tiburón. Pero según los hallazgos de los investigadores, en el caso de las actividades no lucrativas, vinculadas a la generosidad y el altruismo, son los rasgos cálidos y confiables los se juzgan con más probabilidad de tener éxito en su misión.

Esos hombres con cara de niño

En un estudio de 2009, realizado por Robert Livingstone y Nicholas Pearce de la Universidad Northwestern, se llegó a ver que los rasgos faciales de los CEOs llegaban a influir en su éxito. En aquella ocasión se estudió si los líderes se podían beneficiar de tener “cara de niño”, y si ese beneficio puede influir en su carrera y en la industria donde trabajen. También hubo estudios que vieron que la proyección de dureza y agresividad resultaba una ventaja para los líderes blancos, pero una desventaja para los negros. Ahí tenemos una de las razones por las que es tan importante eliminar los prejuicios de nuestra mente.

Livingstones y Pearce se plantearon si era posible que aparte de tener un historial impecable y haber demostrado sobradamente su competencia, diligencia incansable y éxito, los líderes negros se veían en la necesidad de reducir la percepción de amenaza hacia el grupo dominante de sus caras. Aunque la hipótesis parecía referirse más a grupos animales que a humanos, lo cierto es que vieron que, en este caso, el mecanismo “babyface” era una estrategia eficaz a la hora de que los hombres blancos se sintiesen menos amenazados por las capacidades de los hombres negros y lograsen prosperar en cargos de responsabilidad en sus empresas. Así, tener una cara más “infantil” en contextos intergrupales resultaba mucho más ventajoso para ellos, porque su poder, capacidad y ambición reales, no serían percibidos como amenazas por los “machos alfa” de la empresa. Por esta razón, explican, los CEOs negros solían tener más cara de niño que los blancos, y se les asociaba más a emociones cálidas y de confianza.

Para el primer estudio realizado por Re y Rule se contó con 169 voluntarios que clasificaron las caras de los directores de organizaciones sin ánimo de lucro más importantes del mundo. Se incluían las caras de los directores ejecutivos de las 100 mejores entidades sin ánimo de lucro de EE.UU. según la revista Forbes en 2009, 2010 y 2011. Según los investigadores, a causa de la falta de representación de mujeres y representantes de minorías en estos puestos, el estudio sólo pudo contar con fotos de hombres blancos en todas las muestras par reducir la polarización.

La exposición a cada foto fue muy corta, y todas estaban convertidas a escala de grises para que tuvieran una apariencia uniforme. Sin saber que estaban viendo fotos de CEOS, los participantes tuvieron que clasificarlas sobre cuatro rasgos de personalidad: dominación, simpatía, madurez y confiabilidad. Dominación y madurez se agruparon en la categoría de “poder” y simpatía y confiabilidad en la categoría de “calor”. En los resultados los investigadores vieron que se asociaban las caras de la categoría “poder” con menos ingresos totales de las organizaciones que dirigían.

En una segunda parte de la investigación hicieron lo mismo, pero con las caras de los directores de organizaciones de lucro, concretamente los rostros de Fortune 500. En este caso los resultados demostraron que, en promedio, los CEOs de estas compañías se percibieron mucho más como “poderosos” que los que no buscaban el lucro.

Para los investigadores los resultados fueron mucho más impresionantes de lo esperado, porque en los estudios anteriores quedaba demostrado que los CEOs de aspecto dominante se vinculaban más a la generación de la riqueza, pero cuando se trata de entidades sin ánimo de lucro es justo al contrario.

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