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Los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte entre los jóvenes estadounidenses

Las películas de coches influyen en la conducción temeraria de los jóvenes

Mucho se ha discutido sobre la influencia que el séptimo arte tiene en las personas. De pequeños ya nos metieron en miedo en el cuerpo con la historia de los niños que vieron Superman y saltaron por una ventana creyendo que volarían. Quizá este fue el origen de “The Ring”. Cabe preguntarse si esas influencias se dan igual también para lo bueno. ¿A nadie le ha dado por estudiar si después de ver “Ghandi” aumentó el número de personas pacíficas en el mundo? Si es que sólo se nos pega lo malo, ¿no dicen eso las madres? Y tanto. A la larga lista de influencias nocivas del cine sobre las tiernas mentes de los niños y jóvenes ahora hay que sumarle la de la conducción temeraria. Y puede añadirse porque un grupo de científicos, después de meticulosos estudios, han llegado a la conclusión de que así es. Si le hubiesen preguntado a sus mamás se habrían ahorrado tiempo y papel.

Según los investigadores, estar expuestos durante la infancia a películas en las que se exceden todos límites de velocidad, se circula sobre las aceras en dirección contraria arrasando floristerías y puestos de fruta, o se conduce apurando las distancias con los otros vehículos, hace que desde el momento en que tienen edad para coger prestadas (con o sin permiso) las llaves del coche, lo primero (y lo segundo) que querrán hacer será imitar lo que han visto. El problema es que el cine es el cine y la vida real es la vida real, y en la vida real lo que suele ocurrir es que las conductas temerarias al volante acaben en accidente, como lo demuestra el hecho de que la primera causa de muerte entre adolescentes en EE.UU. se deba a los accidentes de coche. Un total de 2.650 vidas sólo en 2011 y más de 292.000 lesionados.

Para comprobar que lo uno repercute en lo otro, los científicos encuestaron (unas cinco veces a cada uno a lo largo del estudio) a 1.630 adolescentes estadounidenses entre los 10 y los 14 años sobre sus experiencias de conducción ese año. Paralelamente analizaron cuáles habían sido los taquillazos de cine relacionados con las cuatro ruedas que habían visto; las horas que pasaban frente a la televisión, el ordenador o la consola; las películas vistas a la semana; el nivel de sensibilidad y capacidad de autorregulación de los jóvenes; su nivel socioeconómico, etc. Con ese perfil, después de elaborar las entrevistas, pudieron distinguir dos tipos de peligros al volante: por un lado estaban los que se lanzaban a una conducción temeraria como el exceso de velocidad o chupar rueda de forma intencionada, y los que involuntariamente se saltaban un stop o un ceda el paso por estar en Babia.

El resultado fue que sí, ver películas o escenas de velocidad, violencia y conducción de riesgo repercute en una mayor probabilidad de que los niños se conviertan en jóvenes en busca de sensaciones fuertes, que usarán el coche o la moto como medio para obtenerlas. De la misma manera que se comprobó que la asociación positiva del tabaco con las aventuras en las películas que veían los niños influían en que en el futuro fuesen adultos fumadores.

¿Y qué otra conclusión se saca del estudio? Los investigadores sugieren algo monstruoso para evitar que sus hijos se maten al volante en el futuro: vigilar lo que ven e, incluso, impedir que vean esas películas que influyen negativamente en su conducta debido a la falta de criterio que caracteriza estas edades. ¡Qué terrible!, ¡censurar lo que los niños ven! Eso implicaría estar pendientes de ellos y no plantarlos delante de la tele para no den por culo adquieran los elementos educativos propios de nuestra sociedad.

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Attamobile

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