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Cuanto más lo hacemos, más nos insensibilizamos al hecho de mentir

Cómo las pequeñas mentiras pueden convertirnos en grandes mentirosos

¿Hasta qué punto una mentira puede ser inocente? Como en “El talento de Mr. Ripley”, ¿podría una pequeña mentira conducirnos en cascada al crimen? Quizá haya que tener, además, un tornillo flojo para llegar tan lejos, pero gracias a una reciente investigación científica del University College London se ha podido ver que, de alguna manera, sí que las mentiras, por pequeñas que sean, pueden conducirnos de cabeza a mentiras cada vez más grandes. Al menos cuando se trata de mentiras egoístas.

Las evidencias halladas por los investigadores revelan cómo las pequeñas mentiras que decimos para obtener algo en beneficio propio, actúan sobre la amígdala del cerebro, asociada a las emociones, y de alguna manera neutralizan las emociones negativas que sentimos al mentir. Dicho de otra forma: cuanto más mentimos, más nos insensibilizamos al hecho de mentir.

En las pruebas, los investigadores pidieron a los voluntarios que mintieran para obtener algún tipo de beneficio, mientras que miraban la actividad de sus cerebros en el escáner. Al iniciar las mentiras la respuesta de la amígdala era notoria, pero conforme la persona mentía más y más, la amígdala dejaba de responder. Así, la magnitud de las mentiras se volvió inversamente proporcional a la respuesta de la amígdala.

De alguna manera hay una conciencia que reside en la amígdala: esta se encarga de producir una sensación negativa al hacer algo inadecuado o malo para ponerle límite. Es lo que genera la manifestación física de la aversión psicológica a lo malo o inmoral. En el caso de las mentiras, la amígdala generaría un estímulo negativo con el objetivo de que no volvamos a mentir, pero conforme lo seguimos haciendo, este limitador se “adormece” o embota, de manera que ya no hay sensación negativa que nos impida seguir mintiendo e ir cada vez a más, como en una “pendiente resbaladiza”, según explican los investigadores.

Es interesante descubrir cómo el ser humano está “programado” para el bien pero. Quizá no andaban tan desencaminados los filósofos de la antigüedad cuando afirmaban que es la educación la que nos reafirma en nuestra naturaleza  y “mejora la versión de fábrica”, o bien la va aniquilando poco a poco hasta enturbiar la conciencia. Lo humano y los deshumanizado de nuevo frente a frente.

Fuente: MedicalXpress

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