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Los episodios de deslizamiento lento podrían ser una señal de que se pueden producir grandes terremotos en los meses siguientes

Los deslizamientos lentos de placas pueden ocasionar terremotos de gran alcance

A pesar de lo mucho que conocemos sobre el planeta en el que vivimos, aún es más lo que desconocemos. Nuestro saber sobre el funcionamiento de la tectónica de placas y la recogida sistemática de datos desde los centros locales de sismología y a pie de volcán no permiten, todavía, aventurar predicciones sobre el emplazamiento y la intensidad de los futuros terremotos. Por eso, cada paso que se da en la investigación sísmica es un gran paso que puede acabar salvando muchas vidas.

Los lugares de mayor interés para los investigadores están en los bordes de las placas, donde los distintos movimientos de las mismas pueden dar lugar fenómenos como terremotos, volcanes, maremotos o tsunamis, pero también la formación de cordilleras y la separación de continentes. El movimiento de subducción es el que se produce cuando una placa, al aproximarse lentamente a otra, se desliza por debajo de esta, de manera que se crea una gran fricción, causante de volcanes y terremotos .

En las zonas de subducción el deslizamiento de una placa bajo la otra es lento y apenas perceptible, pero según ha descubierto ahora un equipo internacional de investigadores, pueden dar lugar a terremotos de gran intensidad en zonas distantes a la subducción. El lento movimiento de las placas se conoce también como «terremoto lento», que generalmente duran varias semanas o meses, sin que se perciban ni causen daños, pero se ha visto que existe una relación con el desencadenamiento, en otras partes más alejadas, de terremotos de magnitudes de hasta 7,5.

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Concretamente, los investigadores han podido demostrar que el sismo de magnitud 7,3 que se produjo el 18 de abril de 2014 en Papanoa (México), fue consecuencia de un deslizamiento lento que había comenzado dos meses antes en la costa del estado mexicano de Guerrero (donde la placa oceánica de Cocos se desliza en el océano bajo la de Norteamérica a una velocidad de 5.6 cm al año). Lo significativo del estudio es que, a pesar de que en las zonas de subducción es habitual que se produzcan terremotos, en esta área no se han registrado terremotos importantes desde 1912, lo que se denomina «brecha sísmica» por ser un largo periodo sin actividad continuada.

Entre Cocos y Norteamérica se produce una brecha sísmica de seis meses cada cuatro años, cuando el deslizamiento cambia de dirección, y los desplazamientos llegan a 15 cm. Al liberar la tensión de forma más lenta y regular, la probabilidad de una sacudida de mayor magnitud es menor.

Gracias a la instalación de estaciones GPS permanentes a partir de 1997, la detección de terremotos lentos fue más eficaz. Precisamente gracias a los datos GPS se ha podido ver que la brecha sísmica de Guerrero inició un deslizamiento lento en febrero de 2014, pero la energía se desplazó a una región sismogénica cercana, que acabó con el temblor de Papanoa el 18 de abril de ese año. Según los investigadores, los episodios de deslizamiento lento podrían ser una señal de que se pueden producir grandes terremotos en los meses siguientes.

De constatarse este caso como una generalidad, se hace patente la importancia de que las redes GPS se mantengan y amplíen por todo el planeta, con objeto de llegar a predecir con suficiente antelación la aparición de grandes sismos.

Fuente: Phys.org

Imagen: Estación GPS permanente de Guerrero. Crédito: Nathalie Cotte (CNRS)

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