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El hombre desesperado, de Gustave Coubert
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Un estudio prueba hasta qué punto a la gente no le gusta estar a solas con sus pensamientos, especialmente a los hombres

Los hombres prefieren una descarga eléctrica antes que pasar 15 minutos pensando

Sí señores. Ha hecho falta una investigación científica para demostrar lo que todo el mundo ya sabía. Para la mayoría de la gente, obligarles a no hacer nada salvo pensar sobre sí mismos, es una verdadera “tortura”, pero si hacemos una distinción entre hombres y mujeres, el género masculino se lleva el premio al peor aguante. De hecho son capaces de preferir una descarga eléctrica con tal de no tener que pasar 15 minutos completos con la única compañía de sus pensamientos. ¿Qué cómo puede ser eso? Esto es lo que explican en el estudio, realizado conjuntamente por las Universidades de Virginia y Harvard.

El origen de este trabajo hay que buscarlo en la razón de que siempre busquemos algo que hacer o que nos entretenga cuando tenemos que pasar un tiempo de espera. Es la razón por la que en las peluquerías o en las salas de espera siempre hay algo que para leer, o una televisión en los bares. Cuando viajamos y tenemos que pasar mucho tiempo sin demasiadas opciones de acción, preferimos leer, dormir, ver una película, escuchar música y hasta charlar con la persona de al lado si no hay más remedio. El caso es hacer algo. Lo que sea. Todo menos pensar. Si bien es cierto que con el auge de los tablets y smartphones es cada vez más común ver a gente entretenerse con estos cacharros, no hablamos de una situación reciente. Lo único que han hecho los dispositivos electrónicos portables es facilitar más vías de evasión. ¿Pero cómo se llega desde la necesidad de evasión a la solicitud voluntaria de un electroshock? Vayamos por partes.

El experimento

Para realizar este estudio se contó con la participación, primero, de 413 estudiantes universitarios. Luego se pidieron voluntarios de entre 18 y 77 años, seleccionados en un mercado de agricultores y una iglesia, y obtuvieron 118 personas más. Lo único que tenían que hacer era pasar 15 minutos a solas en una habitación en la que no había nada con lo que distraerse. Ni música, ni libros, ni revistas, ni nada. Suponemos que, al menos, habría una silla en la que sentarse. 

La mayoría de las personas que pasaron por eso manifestaron su sentimiento de incomodidad ante la imposibilidad de distraerse con nada, y no fueron capaces de hacer lo que se les pedía: concentrarse en sus pensamientos sobre sí mismos. Todos ellos acababan con la mente dispersa deseando que aquel “infierno” acabara cuanto antes. Para no ser tan crueles con la gente, trasladaron el experimento a las casas de las personas, a pesar de lo cual seguían sintiéndose incómodos, y muchos de ellos confesaron haber caído en la tentación de escuchar música o usar el móvil.

Y como la ciencia se basa fundamentalmente en la pregunta: “¿Qué pasaría si…?”, decidieron ver qué pasaría si le dieran a las personas una opción para salir de su rincón de pensar antes de tiempo. Así es que les dijeron: “¡Ey, chicos!, si estar con vosotros mismos a solas os resulta demasiado insoportable, podéis pulsar este botón. Recibiréis una descarga eléctrica, pero podréis salir”. Lo que pasó a continuación fue que el 67% de los hombres prefirió la descarga a estar un minuto más a solas con su caja de la nada. Mientras que sólo el 25% de las mujeres asumió el precio por salir antes de tiempo.

Luego se hicieron dos grupos al azar con los participantes. A un grupo se le volvió a poner a pensar en soledad 15 minutos sin nada más que hacer. Al otro se le permitió estar esos 15 minutos haciendo alguna otra cosa, como leer o escuchar música. ¿Adivinan qué grupo aseguró haberse divertido más y haber estado más concentrado? Una pista: no fue el primero.

Las conclusiones

Para los investigadores la clave de todo esto está en la biología. Como hemos evolucionado para implicarnos en el mundo que nos rodea, aunque somos perfectamente capaces de aislarnos, fantasear durante horas y desconectar mentalmente del mundo, lo cierto es que cuando no es de manera espontánea, sino forzada de alguna forma, la experiencia resulta una pesadilla para las personas.

Personalmente, si se me permite la irrupción, creo que la clave está precisamente en el tema de la voluntad y de lo voluntario. Como bien se indica en el mismo estudio, hay otros estudios que confirman que los estadounidenses los estadounidenses pasan la mayor parte de su tiempo libre viendo la televisión, socializando o leyendo en lugar de relajarse y pensar. En tal caso, más que en lo biológico pensaría en lo psicológico. Si nunca han aprendido a dedicar tiempo (de forma consciente y voluntaria) a pensar en algo, no es de extrañar que no sólo no sepan cómo hacerlo, sino que el solo hecho de verse sin más compañía que la de la voz de su cabeza (quien la tenga), se sienta como Sandra Bullock en “Gravity”. Si a eso le sumamos que que lo que se nos vende por doquier es el ocio y la diversión, el llenar los espacios vacíos y ayudarnos “amablemente” a no pensar demasiado, lo que pasa es que nuestra voluntad en ese sentido está bastante oxidada.

La mente campa a sus anchas siempre y cuando no le intenten poner límites. Fantasear o dejar que los pensamientos fluyan como prefieran mientras se hace otra cosa es algo que hasta nos encanta porque no tenemos que hacer el más mínimo esfuerzo por controlarlo. Aunque algo más aterrador que pasar a solas 15 minutos puede ser la idea de que, sin tener nada que nos evite hacerlo, al no tener más remedio que estar con nosotros mismos, puede que lo que veamos no nos guste.

El enorme escalón descubierto entre la supuesta falta de vida interior en los hombres y en las mujeres ya es otro cantar. Es misterio que lo resuelva Iker Jiménez, que en esta redacción no hemos podido.

Fuente: Agencia Sinc sobre un estudio de David Reinhard y Timothy D. Wilson entre otros autores titulado “Just think: The challenges of the disengaged mind” y recientemente publicado en la revista Science.

Imagen: Le Désespéré, pintura de Gustave Coubert

 

3 Responses to Los hombres prefieren una descarga eléctrica antes que pasar 15 minutos pensando

  1. Pancho 4 Julio, 2014 at 13:12 #

    A las mujeres tampoco les gusta pensar pero además le tienen miedo a la electricidad. Ellas prefieren el mocho, la escoba y la pileta para lavar los cacharros. La electricidad es cosa de hombres 😀

  2. Marga 4 Julio, 2014 at 13:28 #

    Sin duda alguna, la electricidad es cosa de hombres 🙂 https://www.youtube.com/watch?v=XTKtyBupoHE

  3. El Luisma 4 Julio, 2014 at 17:25 #

    Creo que estas generalizaciones, por mucho estudio prestigioso que tengan detrás son, cuanto menos, cuestionables. El resultado se ve muy influido por la muestra elegida, el protocolo seguido (las explicaciones que reciben los participantes, incluso las palabras concretas que se les dicen), el entorno, lo que puedan saber o no sobre lo que se pretente averigüar, etc. Analizar comportamientos es muy difícil, y tengo la impresión de que todo lo que sea determinar si los hombres son más o menos XXXX que las mujeres en YYYY cosa hace poco por avanzar la ciencia y mucho por perpetuar la tontería.

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