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Un estudio indica que los intermediarios estimulan la corrupción, pese a no ser partícipes de la misma

Los intermediarios y la corrupción

La corrupción, sin duda uno de los principales males de la sociedad actual, una amenaza que se cierne sobre cada euro emitido por el BCE y, sin duda, uno de los principales vectores de difusión de la insatisfacción ciudadana. Siempre que hablamos de política, la sombra de la corrupción irrumpe en los primeros compases de la conversación. Sin embargo, al César lo que es del César: la querencia por lo ajeno no es patrimonio exclusivo de la casta gobernante. Más bien al contrario, se trata de un elemento aglutinador, ya que alrededor suyo se reúnen personas de todo tipo y condición, desde las grandes fortunas del mundo hasta el presidente de la comunidad de vecinos con los datos de acceso a la cuenta de la comunidad y los dedos un poco largos, o el camarero que, a espaldas de sus compañeros, le da un pellizco al bote de las propinas cuando estos no miran. Guste o no, muchos la llevan (o la llevamos, si finalmente es cierto que todos tenemos un precio) en la sangre. Entonces, ¿qué nos “frena” de actuar de manera reprobable cuando tenemos oportunidad? Hay varias razones, aunque se pueden resumir en valoraciones éticas/morales y miedo. Temor a actuar en contra de lo que pensamos que es coherente con nosotros mismos, y miedo, claro, a que nos pillen y a las consecuencias de ello. Y pese a ello lo hacen (o lo hacemos), diariamente se producen miles y miles de casos de corrupción, desde los que afectan a políticos, grandes empresarios y demás, hasta los relacionados con un funcionario de cualquier tipo que, a cambio de un billete de 20 euros, agiliza un trámite o mira hacia otra parte. Ahora bien, ¿qué ocurre si se introduce un intermediario en esta ecuación? Pues que, según un estudio en el que participa la Universidad Carlos III de Madrid, la presencia de intermediarios incrementa significativamente la corrupción.

Seguramente ahora estarás pensado que esto no te sorprende, que es de sobra conocido y que menuda pérdida de tiempo realizar un estudio para ello, ¿no? Pues en realidad hay un aspecto que sí que resulta sorprendente (tanto que incluso los propios investigadores se sorprendieron al comprobarlo) y es que estos casos de corrupción también se dan cuando el intermediario no participa de la parte truculenta de la operación, es decir, que su simple presencia, aún dentro de la absoluta legalidad, da salida al corrupto que muchos llevan (llevamos) dentro. Para disponer de datos empíricos que lo comprobaran, y ante la imposibilidad de hacer participar a corruptos en el mismo (algo que los habría comprometido), optaron por reproducir circunstancias en las que comprobar el grado de incidencia de la corrupción en aspectos relativos a la vida diaria de cualquier ciudadano común (prioridad en un tratamiento médico, trato preferencial al concertar citas para gestiones etcétera). El objetivo, claro, era medir cuantos ciudadanos, ante la posibilidad de hacerlo, ofrecían un incentivo económico a la persona con la que realizaban la gestión, a cambio de obtener trato preferencial. La sorpresa apareció al comprobar que, al poner un intermediario entre ambos, se producía un incremento muy importante entre las personas que optaban por “tirar de cartera” para intentar obtener beneficios de ello. Es decir, que se mostraron más dados a ser corruptos cuando había intermediarios. Y, en contra de la creencia común, que apuntará a que los propios intermediarios puedan ser quienes incentivan la corrupción (para llevarse su mordida, claro), lo llamativo del estudio es que en el mismo los intermediarios adoptaron un rol, absolutamente pasivo (ni a favor ni en contra) y, que no obtenían beneficio alguno si la operación se llevaba a cabo. Aún así, pese a llevar a cabo un rol puramente intermediador, la simple presencia de intermediarios actuó como catalizador de la predisposición a la corrupción de los participantes en el estudio. Mikhail Drugov, profesor del departamento de Economía de la UC3M y uno de los responsables del proyecto, reconocía su sorpresa ante dichos resultados:  “Sinceramente no esperábamos que este tipo de intermediarios tuviera influencia alguna, pero nuestros resultados están ahí: su simple presencia aumenta la corrupción”.

¿Por qué ocurre esto? La principal conclusión a la que llegan los investigadores es que, de alguna manera, el principal responsable (es decir, la persona que decide obtener un trato preferencia a cambio de su dinero) “siente” que la responsabilidad ética/moral se diluye al introducir a un agente intermedio. Quizá, en un razonamiento tan básico como absurdo, consideran que la “culpa” se reparte entre todos los actores involucrados, es decir, que el intermediario también es culpable en parte:  “Incluso en el caso de los intermediarios que son completamente pasivos, se reducen los sentimientos negativos asociados con la corrupción, lo que puede contribuir a que se produzcan más casos”, afirman los investigadores. Es como si el ciudadano corrupto le “regalara” el 50% de la culpabilidad que le corresponde, al intermediario que, por su rol pasivo, bien podría ser de piedra (como los mirones en el mus). 

Esto lleva a preguntarse, ¿qué hacer ante la presencia de intermediarios entre los ciudadanos y las administraciones públicas? Los datos del estudio son concluyentes, por lo que cabe esperar que se tome algún tipo de medida destinado, no tanto a eliminar la figura del intermediario, que en ocasiones resulta muy útil (no en vano, el estudio comienza citando a Daniel F. Spulber, cuando éste hablaba de la importancia de estos en muchas operaciones comerciales), como a vigilar sus actividades, sino incluso a convertirlo en un muro de contención con respecto a la corrupción a escala ciudadana. Y, eso sí, en un plateamiento un tanto más global, es muy importante seguir expresando nuestro malestar con la corrupción que azota a la clase política (o con la que la clase política nos azota, si hablamos con propiedad), pero esto no debe hacer que perdamos de vista esta otra, que en cada operación tiene muchos menos ceros, pero que también erosiona la calidad del sistema en el que vivimos, y que por su aspecto hipócritamente inocente, hace que muchos giren (giremos) la cabeza y miren (miremos) hacia otro lado, como si no fuera con ell… con todos. Y, para quienes actúan de esta manera, pensando que no va del todo con ellos, los invito a leer la interesante y profunda reflexión de mi compañera Fátima Gordillo sobre el karma. Aunque tengo la impresión de que se van a tener que replantear su punto de vista.

 

Aquí puedes ver la presentación del estudio por Mikhail Drugov, profesor del departamento de Economía de la UC3M

https://www.youtube.com/watch?v=3Gp9BsKv5-s

 

Enlaces: Presentación del estudio en la web de la UC3M / Estudio completo (en inglés)

Imagen: Total; es Cádiz

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