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El MIT publica un estudio que asegura que los microbios pueden alcanzar los conductos de ventilación

¡Atchís! Los mocos llegan más lejos de lo que pensabas

Estornudar es un mecanismo utilizado por el organismo para limpiar las fosas nasales. Un acto reflejo que todos experimentamos como consecuencia de catarros y alergías y que las buenas costumbres dictan que se debe proteger con la mano para evitar que los que nos rodean se contagien del gripazo que arrastramos.

Estas buenas costumbres son incluso mejores de lo que pensábamos. Un estudio llevado a cabo por investigadores del MIT ha demostrado que el producto de toses y estornudos puede llegar mucho más lejos de lo que cabría esperar. Según John Bush, profesor de matemáticas aplicadas del MIT y co-autor del documento junto a Lydia Bourouiba y Eline Dehandschoewercker, del ESPCI ParisTech, «cuando toses o estornudas ves las gotitas, o las sientes si lo hace alguien sobre ti. Pero no ves la nube, el gas invisible. La influencia de esa nube gaseosa es aumentar el alcance de las gotitas individuales, especialmente de las más pequeñas».

A estudiar este fenómeno se han dedicado varios investigadores, que han obtenido varias conclusiones: en contra de lo que podríamos pensar, son las gotas más pequeñas las que pueden obtener un mayor alcance. «Si ignoramos la presencia de la nube de gas, la intuición sería que las gotas más largas viajan más lejos que las pequeñas, y estas recorren como máximo un par de metros. Pero estudiando la dinámica de la nube de gas, hemos descubierto que hay una circulación dentro de esta nube». Como resultado de esa circulación, las gotas más pequeñas fluyen dentro de la nube mientras que las grandes van cayendo. En concreto, las gotas de 100 micras viajan 5 metros más de lo que se esperaba, mientras que las de 10 micras son capaces de viajar hasta 200 veces más lejos de lo que se esperaba considerando cada partícula por separado.

Esto no sólo quiere decir que el gas procedente de un estornudo, plagado de pequeñas partículas que contienen microbios, pueden llegar hasta las vías respiratorias de una persona situada a varios metros. Lo que los investigadores apuntan es a que el alcance permite que lleguen también a conductos de ventilación, lo que haría que los edificios se conviertan en vehículos de transmisión de virus y bacterias. Por eso, el estudio apunta a que deberían revisarse algunos protocolos utilizados en el diseño de espacios de trabajo, hospitales o aviones. La sabiduría popular ya consideraba estos espacios como grandes transmisores de infecciones respiratorias, ahora la ciencia explica cómo el efecto de un estornudo se multiplica gracias al aire acondicionado.

Foto: James Gathany

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