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traje espacial ajustado
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Gracias a las aleaciones metálicas con efecto térmico de memoria

Los trajes espaciales del futuro están más cerca de ser como una segunda piel

Llegar a donde nadie más llegó. El deseo del ser humano de salvar cualquier barrera le llevó a crear vestimentas especiales para caminar por el fondo del mar y para flotar en la intensidad azul del Universo. Mientras que los trajes de buceo se han hecho cada vez más cómodos y fiables, los trajes espaciales han mejorado en seguridad, pero con la asignatura pendiente de la comodidad. No es fácil moverse cómodamente con 130 kilos de peso encima, que es lo que suele representar para los astronautas enfundarse esta vestimenta. Cada uno de los gramos del traje está justificado: mantener la temperatura del cuerpo, protegerlo de posibles pérdidas de presión, resistir pequeños impactos y salvaguardar de las radiaciones más nocivas. Aparte de los equipos de telecomunicaciones, provisión de oxígeno y control de la presión. Parte del entrenamiento de los astronautas consiste en habituarse a trabajar con las limitaciones de movilidad que conlleva el traje espacial, lo que no quiere decir que la ciencia se haya resignado a moverse con una aparatosa escafandra por el espacio.

Investigadores del MIT han desarrollado un traje elástico y ligero, relativamente fácil de poner y quitar, que permitiría a los astronautas disponer de una mayor libertad de movimiento manteniendo las condiciones necesarias de seguridad y protección. En concreto se trata de una suerte de tejido elástico, cubierto de diminutas bobinas que se activan mediante corriente eléctrica y logran ajustar las fibras al contorno del cuerpo. Las bobinas han sido creadas con una aleación metálica (níquel -titanio) con efecto térmico de memoria (SMA), lo que permite que el traje se ciña bien y vuelva a su forma original al calentarse. La corriente eléctrica se aplica precisamente para calentar la aleación y hacer que se contraiga hasta la forma prediseñada. La presión ejercida por las bobinas es equivalente a la que necesita el astronauta para mantener la de su propio cuerpo en el espacio. La diferencia fundamental con el traje espacial convencional es que mientras este ajusta la presión inflándolo con gas, el nuevo la puede mantener por medios mecánicos.

Hasta ahora, obtener esa presión mecánica había sido un problema, ya que era necesario presionar literalmente el traje contra el cuerpo de astronauta. El uso de metales SMA salvan eficientemente esta complicación. Las bobinas creadas con este metal pueden “entrenarse” para volver a su forma mediante una determinada temperatura. De hecho, a temperatura ambiente las bobinas se pueden trabajar y modelar con las manos igual que un clip, sin embargo, a la temperatura marcada (a modo de disparador), en este caso hasta 60º Celsius, la fibra vuelve a su estado superenrrollado. Los investigadores acoplaron varias de estas bobinas a un manguito elástico, fijando cada una a un pequeño hilo unido al manguito. Luego ataron los extremos opuestos de las bobinas y comenzaron con el proceso de aplicar calor. Entre los 60º y los 160º C las bobinas se contrajeron, tirando de los hilos conectados y apretando bien el puño. Esto es lo que esperan sean los cierres automáticos de las hebillas.

La cuestión ahora se centra en cómo mantener el traje ajustado, ya que no es muy conveniente mantener una temperatura mínima de 60º en el traje del astronauta, por mucho frío que haga en el espacio. Entre las opciones que se barajan para solucionarlo está la de incluir un mecanismo de bloqueo para las bobinas. En cualquier caso, aunque esta tecnología no llegara a buen puerto en su enfoque aeroespacial, sin duda puede ser tremendamente útil en otros campos, como los vendajes de compresión rápida en caso de heridas, para uniformes militares o ropa deportiva.

Fuente e imagen: MIT

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