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Investigadores del MIT analizan el trabajo en equipo de robots y humanos

Mejor un jefe robótico que uno humano

Los robots actuales pueden ser increíblemente precisos y rápidos en tareas concretas, pero los humanos seguimos siendo mucho más adaptables y versátiles. El estudio del MIT buscaba encontrar las claves para optimizar el rendimiento de los equipos mixtos de personas y robots en las que el resultado del grupo fuese máximo y perdurase en el tiempo. Si el flujo de trabajo es óptimo pero las personas nos sentimos infravaloradas, ese rendimiento excepcional no durará mucho y el grupo de trabajo se romperá pronto. ¿Dónde está el punto de equilibrio?

En tareas de ensamblaje es muy fácil que determinadas decisiones respecto a cuándo hacer algo las pueda tomar mejor un robot equipado con cámaras infrarrojas, de alta velocidad o sensores de ultrasonidos y un potente ordenador frente a las limitaciones visuales de las personas. Los humanos, en cambio, somos mucho más versátiles y adaptables gracias a nuestras capacidades cognitivas. El dilema está en cómo integrar las capacidades de ambos componentes del equipo de forma que se maximice el resultado final sin que la satisfacción de las personas que lo forman se vea afectada, más bien al contrario.

El estudio publicado (al que puedes acceder aquí) cita muchos precedentes en los que se ha estudiado la interacción entre personas y robots. Menciona ejemplos como las operaciones de despegue y aterrizaje en portaaviones, en las que los expertos humanos empleaban sistemas heurísticos para generar rápidamente planes eficientes y superaban a los algoritmos de optimización. En otro de los casos mencionados, las personas que controlaban grupos de varios robots empezaban a ser subóptimos cuando supervisaban a más de dos robots. Las combinaciones son muy variadas y en cada caso los resultados pueden ser muy distintos.

En el trabajo recién publicado por el MIT buscaban profundizar en los procesos de automatización de la producción, donde las personas realizan tareas físicas junto con robots. ¿Cuánto control deberían tener las personas sobre la asignación de tareas y la organización al trabajar junto con robots? Definieron una sencilla cadena de montaje de figuras de Lego en la que había dos tareas: una de recolección de las piezas necesarias y otra de ensamblaje. Cada equipo de trabajo estaba formado por una persona (el “conejillo de indias”), un asistente robótico y un asistente humano. Cada una de las dos personas (el sujeto del experimento y el asistente) podía decidir la asignación de tareas y el sujeto podía coordinar este trabajo con el asistente robótico a través de un sistema de menús. Puedes ver un resumen del experimento en vídeo aquí.

En el estudio se aportan una gran cantidad de datos que detallan los esfuerzos de los investigadores del MIT para minimizar los efectos no deseados de múltiples variables que podrían afectar al experimento. Hechas esas salvedades, se plantearon estas tres hipótesis:

  • Hipótesis 1: la productividad del equipo se degrada cuando la persona tiene más control sobre el proceso deasignación de tareas. Miden tanto el tiempo dedicado a la asignación como el dedicado a finalizar todas las tareas.
  • Hipótesis 2: las personas prefieren tener un control parcial sobre la asignación de tareas en vez del control total y prefieren tener control total a no tenerlo. Esto lo evaluaron mediante cuestionarios.
  • Hipótesis 3: las personas están más satisfechas con su experiencia en el equipo cuando están menos tiempo paradas. Para probar esta hipótesis utilizan el tiempo empleado en ejecutar las tareas del proceso de montaje y el mismo cuestionario que en la hipótesis 2.

¿Y cuál fue el resultado?

Tras medir la eficacia del proceso de ensamblaje en 24 personas, analizar los cuestionarios que respondieron y aplicarles métodos estadísticos a los resultados para eliminar incongruencias y desviaciones, el resultado fue este: las personas preferirían volver a trabajar con el robot con más probabilidad si éste asignase las tareas frente al escenario en el que persona y robot comparten esta responsabilidad. Y también que estarían dispuestos a trabajar de nuevo con el robot compartiendo la tarea de asignar responsabilidades antes que tenerlas sólo las personas. En algunos casos los “conejillos de indias” comentaron que el sistema óptimo para ellos sería uno en el que el robot asignase responsabilidades pero la persona pudiera cambiar la asignación (por ejemplo si se sintieran sobrepasados o aburridos).

La efectividad del equipo siempre fue mayor cuando el robot asignaba parte o la totalidad de las tareas y, mayoritariamente, los trabajadores prefirieron darle toda la autoridad sobre esta asignación al robot. Terminan diciendo que, en contra lo que pudiera pensarse inicialmente, la satisfacción de los trabajadores no mejora por darles la responsabilidad de la asignación de tareas. Parece que el hecho que más influye en la satisfacción del trabajador es el rendimiento del equipo.

Los autores del informe comentan en sus conclusiones que este es un primer paso para entender la complejidad de la situación. Ellos recurrieron a estudiantes universitarios que dedicaron 90 minutos cada uno al experimento, pero el escenario objetivo son trabajadores industriales que, ven a los robots como una importante amenaza a su futuro profesional y que, caso de trabajar juntos, lo harían durante años de jornadas completas. Las reacciones ante las sugerencias-órdenes del robot pueden ser consideradas de forma muy distinta en un entorno así. Concluyen que seguirán investigando y, en un primer paso, repetirán el experimento con trabajadores “reales” de industrias de fabricación.

Desde luego, tener un jefe robótico puede parecer un panorama poco atractivo: no tiene sentimientos, no cambia de humor, no expresa emotividad. Igual de eficaz un día tras otro. Pero habiendo trabajado para un jefe (jefa en este caso) sin criterio definido, con cambios de humor inexplicables y a merced de asesores externos sin escrúpulos te digo, por experiencia, que es mucho, mucho peor. Lo hubiera cambiado sin dudar si de mi hubiera dependido.

Imagen de apertura: Sergio Calleja

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