ZOOM
GALERÍA
0 COMENTARIOS

Incluso cuando las concentraciones están por debajo de las admitidas por la UE

El mercurio que ingerimos altera la expresión genética

El mercurio circula en la cadena alimentaria a través de los productos que vienen del mar. Se ha demostrado que puede afectar a la expresión genética.

No hace tanto tiempo los dentistas preparaban la masilla de empastar con una gota de mercurio. Durante años, antes de que se descubriera la toxicidad del elemento en el organismo, millones de personas portaron este tipo de empastes durante buena parte de sus vidas.

Como os comentábamos en este artículo y en este otro, hay varias razones por las que los océanos de todo el mundo están contaminados por metilmercurio, y desde hace tiempo los investigadores buscan soluciones como esta para limpiar las aguas de sus efectos venenosos. Mientras tanto, es imprescindible conocer en profundidad cuáles pueden ser los efectos sobre el organismo de la ingesta de productos contaminados con mercurio.

Se sabe que el mercurio es el causante de trastornos neurológicos graves en las personas que han consumido peces con un alto grado de contaminación, pero hasta el momento se desconocía cómo podía actuar a nivel molecular, incluso cuando las concentraciones de mercurio en el agua eran muy bajas.

Mercurio y alteración genética

El problema del mercurio es que, aunque se encuentre en concentraciones bajas en el mar, se acaba concentrando a través de toda la cadena alimentaria, acumulando cantidades mucho más tóxicas. Desde las mismas algas va pasando al zooplancton y de ahí a los peces pequeños, a los grandes y, finalmente, a las personas que los consumen.

Los trastornos neurológicos causados por el mercurio son graves e irreversibles cuando se consumen peces con grados de contaminación elevados. Investigadores de la Universidad de Ginebra han estudiado qué sucede en el primer eslabón de esta cadena, que es justamente el lugar por donde entra el mercurio a los organismos: las microalgas.

Los investigadores midieron la forma en la que el mercurio afecta a la expresión genética de las algas, incluso cuando la concentración en el mar es muy baja en comparación con las normas europeas de protección del Medio Ambiente. Para ello se escogió una microalga verde de 6×10 micras llamada Chlamydomonas reinharditii, ya que su genoma está totalmente secuenciado, y permitía comparar los cambios en la expresión génica según las concentraciones de mercurio a las que se la sometía.

Chlamydomonas-mercurio

Tras analizar todas las moléculas de ARN, responsables de controlar la expresión de los genes, se pudo ver qué genes fueron sobreexpresados y cuáles subexpresados. La conclusión final fue que el mercurio alteró el metabolismo de las algas y muchos de sus genes comenzaron a regularse mal, independientemente de que las concentraciones estuvieran dentro de los rangos que establecen las normas de la UE, fueran más altas o, por el contrario, más bajas. Sea como sea, el mercurio acaba afectando la expresión génica.

La cuestión para los investigadores es que, aunque en apariencia el alga se vea fisiológicamente sana, no es así al analizar la expresión de sus genes. Los genes afectados están involucrados en distintos procesos. Los investigadores observaron alteraciones tanto en los flagelos y la motilidad celular como en la capacidad de defenderse de los efectos oxidativos de algunas sustancias. Igualmente podían alterarse la capacidad de hacer la fotosínesis o de transportar elementos esenciales como el zinc, el cobre o el hierro.

Según Vera Slaveykova, profesora de biogeoquímica medioambiental y ecotoxicolgía en la Universidad de Ginebra, “de los 5.493 genes específicamente desregulados por el metilmercurio, todavía no conocemos la función de 3.569, a pesar de que esta alga es la más ampliamente estudiada de todos los productores primarios“. Los investigadores trabajan para conocer los efectos tanto del mercurio inorgánico como del metilmercurio, ya que este último es producto de la transformación del mercurio inorgánico por las bacterias en ambientes carentes de oxígeno, y el que acaba entrando en la cadena alimenticia hasta llegar al sistema nervioso central de quienes lo consumen.

El estudio suizo permite ahora conocer cómo entra el mercurio dentro de la cadena alimenticia, afectando a las microalgas desde el inicio.

Un veneno provocado

El mercurio es un elemento común en la naturaleza. Está presente en las erupciones volcánicas y en otros procesos naturales, sin embargo, ha sido la actividad humana, con la quema de carbón y algunos procesos industriales, la que ha hecho que aumente significativamente su concentración.

peces-mercurio

Los cálculos estiman que más de la mitad del mercurio del aire, y de casi dos tercios en el mar, es producto de las actividades humanas. Incluso se han llegado a detectar altos niveles de mercurio en la sangre de osos polares, incluso en los lugares supuestamente más alejados de los focos de contaminación, por lo que hablamos de un problema global que está afectando a todo el planeta, y del que no vamos a poder escapar a menos que pongamos medios para solucionarlo cuanto antes.

Fuente: ScienceDaily

Imagen interior: Chlamydomonas. Imagen de dominio público proveniente de: Dartmouth Electron Microscope Facility, Dartmouth College.

No comments yet.

Deja un comentario