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A la pequeña mosca de la fruta le cunde tanto que los investigadores están sorprendidos

Tener un cerebro de mosquito no es tan malo

La llegada del calor suele venir acompañada de un visitante molesto que no se marchará hasta el otoño: las moscas. Un enemigo duro de pelar que, si detecta la presencia de una amenazante mano, levanta el vuelo y se vuelve casi inalcanzable. La Universidad de Washington ha explicado cómo las moscas consiguen eludir los ataques de forma efectiva en un estudio llevado a cabo por los investigadores Florian Muijres, Michael Dickinson y Michael Elzinga, en colaboración con Johan Melis de la Delft University of Technology holandesa.

Los resultados del estudio, financiado entre otros por la Fundación Paul Allen, determinan que la Drosophila hydei, una de las especies conocidas como mosca de la fruta y de tamaño menor que la Drosophila melanogaster, es capaz de eludir las amenazas mediante movimientos muy rápidos y precisos. Tanto, que los investigadores se preguntan cómo es posible que la mosca lleve a cabo “un cálculo muy sofisticado, en un tiempo muy breve, para determinar dónde está el peligro y cómo orientarse hacia la mejor vía de escape”, actuando de manera diferente según si la amenaza está situada a un lado, delante o detrás del insecto.

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Las maniobras, además, son más complejas de lo que se esperaba. Incluso comparan sus movimientos con las maniobras evasivas de los aviones de combate. Según Dickinson, “aunque [el movimiento] se ha descrito como nadar por el aire, las moscas pequeñas en realidad rotan sobre sus propios cuerpos, como un avión en un giro inclinado para apartarse de una amenaza”.

Para analizar los movimientos de la mosca, los investigadores han empleado tres cámaras de alta velocidad, capaces de capturar 7.500 imágenes por segundo. Dado que la mosca es capaz de batir sus alas 200 veces por segundo, para cada batida de alas han obtenido casi 40 imágenes, que les han permitido analizar con todo detalle su comportamiento. La conducta evasiva se forzaba utilizando un sistema de láseres que, al ser atravesado por la mosca, generaban una sombra percibida como una amenaza. 

Los resultados del análisis son sorprendentes: aproximadamente en un batir de alas, (5 milésimas de segundo) la mosca puede modificar su trayectoria en más de 90º. Antes, el insecto ha debido detectar la amenaza, elegir la mejor ruta para escapar y, sólo entonces, emprender la maniobra. Todo ello, en un tiempo inferior a una centésima de segundo, es decir, 50 veces más rápido que lo que tarda una persona en parpadear.

Los investigadores se preguntan cómo un insecto “con un cerebro del tamaño de un grano de sal tiene un repertorio de comportamientos casi tan complejo como el de animales de tamaño mucho mayor, como un ratón“. Ahora se disponen a estudiar cómo el cerebro y los músculos de la Drosophila hydei son capaces de actuar de manera tan eficiente. Se trata, aseguran, de un problema muy interesante desde el punto de vista de la ingeniería.

Fuente e imágenes: Universidad de Washington

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