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Malo para salas y distribuidoras, ¿bueno para productoras y espectadores?

Netflix propone el estreno simultáneo en salas y online

Que la industria del cine vive tiempos muy complicados no es una novedad para nadie. Lejos quedan los años dorados, en los que prácticamente cualquier estreno de Hollywood llenada, durante semanas, las salas de todo el mundo. Poco a poco, las grandes salas, muchas de ellas teatros reconvertidos, fueron cediendo el paso a los multicines, espacios en los que conviven varias salas, normalmente más pequeñas que las anteriores (aunque existen algunas excepciones, como la famosa sala 25 de Kinépolis, en Madrid). Y, más cerca en el tiempo, también éstas han ido desapareciendo poco a poco. Las que se encuentran en centros comerciales, o en espacios diseñados al efecto consiguen mantenerse, pero las ubicadas en los centros urbanos poco a poco van desapareciendo. El último caso, y que me pilla bastante cerca, es el cierre de las salas Renoir de Cuatro Caminos, salas especializadas en cine en versión original, en las que habré pasado no pocas horas de mi vida.

Es cada vez más evidente que el modelo de negocio, tal y como está planteado, tiene muy poco futuro (salvo por acciones puntuales, como la recientemente celebrada Fiesta del cine), así que ha llegado el momento de que algo, por lo que hasta ahora sólo han apostado unos pocos (como fue el caso de Paco León con su opera prima como director, Carmina o revienta, empiece a generalizarse. Hablo, claro, de acabar con la exclusividad de las salas como plataforma de estreno. Y es que la cinta del actor-director-productor se estrenó simultáneamente en salas (alrededor de 20, muchas menos de las esperaradas) y en los principales videoclubs online, donde muchos usuarios pagaron entre dos y tres euros por poder ver el curioso docudrama sobre la madre de Paco León. Según datos publicados a finales de 2012 por el diario El País, combinando visionados en sala, a través de Internet y en DVD, la película fue vista por 279.000 espectadores y alcanzó una recaudación de 664.000 euros. Y dado el éxito, hace sólo unos días Paco León inició el rodaje de la segunda parte, Carmina y amén, en la que profundizará en ese personaje tan peculiar que es su madre.

Netflix, una de las principales plataformas de televisión y cine online, cuya llegada a España esperamos muchos usuarios, cree también que ese es el futuro del cine. Este año, la plataforma ha logrado un gran éxito con la serie de producción propia House of cards, y ya se ha lanzado a la producción de otras series. Además, se plantea desde el pasado verano la producción de largometrajes de bajo presupuesto, como documentales o especiales de larga duración de alguna comedia de situación. Por supuesto, con la intención clara de que sean estrenadas directamente en Internet. Pero su propuesta no queda ahí. Ahora, la propuesta de Ted Sarandos, responsable de contenidos de la plataforma, afirmaba lo siguiente:

“What we’re trying to do for TV, the model should extend pretty nicely to movies. Meaning, why not premiere movies on Netflix, the same day they’re opening in theaters? And not little movies”

La frase continúa diciendo “Why not follow the consumers’ desire to watch things when they want?”. Se plantea que el modelo que han llevado a la distribución de contenido televisivo, podría aplicarse también a las películas. ¿Por qué no, se pregunta, estrenar las películas en Netflix el mismo día que en salas? Y no sólo producciones menores (es decir, excluir los grandes taquillazos de este sistema). Y termina haciéndose una pregunta más que interesante: “¿Por qué no satisfacer el deseo de los consumidores, de ver lo que quieren ver cuando quieren verlo?” Y, claro, en la plataforma en la que deseen verlo, se deduce.

Esta claro que este nuevo formato pondría en pie de guerra a las salas de cine, que como comentábamos al principio se encuentran en un de los peores momentos de su historia. Sin embargo, la tendencia a ir menos al cine por parte de los usuarios no parece algo reversible, por lo que (con toda la pena, desde luego), pero es necesario empezar a aceptar que un día, quizá no demasiado lejano, las salas de cine sean sólo un recuerdo, o que quizá sólo perdure una pequeña (muy pequeña) parte de las que todavía hoy resisten. Y quizá también las distribuidoras y subsidiarias se vean afectadas negativamente. Sin embargo, quizá esta sea la solución para la industria del cine, que año tras año ver como sus beneficios disminuyen, la descarga de estrenos de Internet hace que acaben por demonizar a la red de redes, y se atreven cada vez con menos propuestas atrevidas. Es más seguro producir la próxima secuela de Misión Imposible, que arriesgarse con una nueva y estrafalaria idea de Michel Gondry.

En España, el marco legal complica que esto se pueda aplicar de manera directa, al menos con las películas que hayan recibido algún tipo de subvención. Existe un calendario de plazos mínimos entre el estreno en sala, la comercialización en DVD, el pase de la misma en sistemas de pago por visión y su emisión en plataformas en abierto. Y seguramente ocurra lo mismo en otros países, que pretenden proteger el negocio de las salas, que ya se vieron amenazas por dichas plataformas alternativas. En aquel momento, protegerlas pudo ser una buena idea, pero a día de hoy, mantener su exclusividad para los estrenos puede tener muy poco impacto positivo para las mismas, pero al mismo tiempo complicarle mucho la supervivencia a la propia industria del cine. Y, ojo, lo dice alguien que, hace ya muchos años, cuando vio por primera vez Cinema Paradiso, lloró como un bebé. No tengo, ni tendré nunca, nada en contra de las salas. Al contrario, me han proporcionado excelentes ratos a lo largo de los años.

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