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La NSA considera a la organización de Assange y otros grupos activistas "agentes extranjeros maliciosos"

NSA y Wikileaks, enemigos íntimos

Es evidente que los intereses de Wikileaks y los de la NSA entran en conflicto. EEUU ha procesado a Bradley Manning (ahora Chelsea Manning) por la filtración de documentos secretos a Wikileaks. Consideraciones éticas sobre los objetivos de Assange aparte, EEUU ha adoptado las medidas legales que correspondían y que estaba en su mano tomar. Pero, a juzgar por nuevos documentos procedentes de los archivos de Snowden, también la NSA también quiso intervenir en este asunto. Evidentemente, muchas de las filtraciones están relacionadas con la seguridad nacional, pero la agencia actuó en este caso con exceso de celo, por decirlo de alguna forma.

Posiblemente animados por un informe del ejército calificando a Assange y su equipo como «enemigos», la agencia de seguridad decidió calificar a Wikileaks y otras organizaciones de activistas como «agentes extranjeros maliciosos», lo que legitima el uso de las polémicas medidas de vigilancia electrónica que han utilizado intensivamente para vigilar a propios y extraños. Dado que una de las preocupaciones de la NSA es si pueden espiar a sus propios ciudadanos, dando por sentado que los derechos de los ciudadanos de otros países no son tan importantes, parte de los documentos tratan de esclarecer si debían excluir a sus compatriotas de la vigilancia. Espoiler: decidieron que sí podían. Sólo se vive una vez.

La NSA no se limitó a espiar a estos agentes, también pinchó barebones de Internet para obtener en tiempo real las IPs de los visitantes a Wikileaks y los términos de búsqueda empleados para acceder al sitio. En otras palabras, los que hemos visitado alguna vez Wikileaks para ver las fuentes originales de alguna noticia o por simple curiosidad también hemos sido sospechosos y nuestras IPs fueron registradas por la agencia de seguridad norteamericana para detectar amenazas. Cada dólar de los contribuyentes (que diría un senador por un estado cualquiera del medio oeste) invertido en esto es, sin duda, dinero bien gastado.

Consultorio para espías

Un fantástico artículo publicado por The Intercept reproduce algunos de los documentos, que en muchos casos son consultas sobre los límites al espionaje legítimo de la agencia. Preguntas como si es posible espiar a miembros de Anonymous fuera de EEUU (sí, mientras no sean norteamericanos o posean la doble nacionalidad) o «la he cagado, el selector indicaba que era extranjero, pero ha resultado ser americano, ¿qué hago?», cuya respuesta es que hay que incluirlo en el informe trimestral pero que tampoco se preocupe demasiado.

En los mismos documentos se habla de la posibilidad de espiar a otros grupos activistas, citando explícitamente a Anonymous. Pero como el concepto de seguridad nacional ha demostrado más elasticidad que el Míster Fantástico dibujado por Salvador Larroca, también tuvieron en mente espiar a The Pirate Bay por ayudar a difundir documentos secretos. Poco importa que la actividad de esta web tenga mínima relación con estos documentos. Total, las descargas de contenidos protegidos por los derechos de autor son actividades maliciosas en contra del concepto mismo de la propiedad privada y, por tanto, del modo de vida americano. Kim Jong-Un está celoso por no haberlo pensado él antes que esos suecos subversivos.

Assange, que cada vez que ve un charco aprovecha para probar sus katiuskas, ha pedido a Obama que nombre a un fiscal especial para «investigar el alcance de la actividad criminal de la NSA contra los medios, incluyendo Wikileaks, su personal, su asociados y sus seguidores». Lo que, en terminología NSA, es la «red humana que sostiene Wikileaks». Baltasar Garzón, su representante legal, al que tampoco le disgusta meter el dedo en la llaga, ha asegurado que «las investigaciones sobre los intentos de interferir el trabajo de Wikileaks llegarán hasta donde haga falta. Que nadie se confunda: los responsables rendirán cuentas y serán llevados ante la justicia».

Cada nueva revelación procedente del archivo sin fin (casi dos millones de documentos de diversas agencias) de Snowden pone de manifiesto que la NSA necesita límites y supervisión. La capacidad de espiar todo y a todos que parecen tener a su disposición es peligrosa y se pone de manifiesto que herramientas que deberían utilizarse sólo en casos puntuales y muy justificados terminan teniendo aplicaciones un tanto paranoicas. Mucho nos tememos que, a pesar de las declaraciones de Obama prometiendo más control sobre la agencia, esa cocina no la arregla ni Alberto Chicote.

Foto: Ralgis

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