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El telescopio de microondas BICEP-2 detecta ondas gravitacionales que apuntan a la confirmación de la teoría

Observaciones avalan la teoría de la inflación cósmica

La teoría del Big Bang, que establece que la materia pasó de un estado de condensación extrema a expandirse tras un estallido inicial, es comúnmente aceptada en el mundo científico. Posterior a esta y modificando algunos de sus postulados está la teoría inflacionaria, formulada por Alan Gurth, científico del MIT y modificada posteriormente por Andrei Linde, actualmente profesor en Stanford.

La principal diferencia entre ambas teorías es que, mientras que la clásica asegura que la expansión del universo se decelera, para la teoría de la inflación la velocidad de expansión inicial se incrementó de forma exponencial y, durante una fracción de segundo, el universo creció de forma extremadamente rápida. Esta teoría simplifica la explicación de alguno de los aspectos más oscuros de la teoría clásica, por lo que buena parte de la comunidad científica la ha acogido con interés desde su formulación a principios de los años 80.

El centro de investigaciones Harvard-Smithsonian ha asegurado hoy que un equipo liderado por John Kovac, profesor de astronomía y física, ha llevado a cabo observaciones que confirmarían la teoría. Ésta  conlleva dos predicciones: que el universo es fundamentalmente plano y que la distribución de materia en el universo sufriría perturbaciones de densidad producidas durante la inflación, solventando así una de las lagunas del modelo clásico.

Estas perturbaciones vendrían acompañadas de ondas gravitacionales como las detectadas recientemente por el BICEP-2, telescopio de microondas operado desde el Polo Sur. Estas ondas, denominadas ondas gravitacionales primordiales se han calificado como los primeros temblores del Big Bang.

Se trata de un hallazgo importante, que constituía uno de los retos de la ciencia en la actualidad. El propio Linde ha asegurado que llevaba 30 años esperando a ver algo así y que esto concede cierta ventaja a la teoría inflacionaria ante otras alternativas que no explicarían la existencia de estas ondas gravitacionales.

“La teoría inflacionaria es un añadido a la teoría clásica del Big Bang para explicar cómo es el universo”, nos explica Adriana Martín de Aguilera, investigadora del CIEMAT. “El fondo cósmico de microondas es el remanente de la inmensa radiación que emitió el universo en su juventud. Es como una especie de mapa, una radiografía de cómo era el universo en ese momento. Los puntos de mayor densidad dieron lugar a clusters y galaxias”. Estas concentraciones son, precisamente, las que no quedarían explicadas por la teoría clásica del Big Bang y sí por la teoría inflacionaria.

Martín de Aguilera nos explica que “los investigadores se han fijado en una característica muy específica del fondo cósmico de microondas, conocido desde los 80. Postulan que el fondo cósmico de microondas habría registrado las ondas gravitacionales que la expansión exponencial del Universo habría producido en los primeros momentos de la gran explosión en forma de una polarización muy característica en la radiación”.

Esta señal se produciría en forma de microondas con una determinada polaridad. “Las ondas de radio, además de oscilar, tienen polaridad, es decir, rotan en un sentido o en otro”. Es, precisamente, esta polaridad la que los astrofísicos han buscado durante décadas y hasta ahora no habían podido observar directamente.

El descubrimiento tiene una fiabilidad de sigma-5, una expresión estadística que significa que la probabilidad de error es una entre 3,5 millones. Este grado de precisión estadística suele considerarse aceptable para dar por probado un descubrimiento.

Fuente: Centro Harvard-Smithsonian / Imagen: NASA

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