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Resonancia magnética de un cerebro humano
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Cómo funcionan las redes neuronales

Para el cerebro hay conexiones más importantes que otras

Cuando Phineas Gage se levantó por la mañana el 13 de septiembre de 1948, no imaginaba que sufriría un accidente que cambiaría su vida para siempre. Una barra de hierro le atravesó la cabeza, entrando por el pómulo izquierdo hasta salir por el lóbulo frontal. Aquello no le hizo perder la vida, pero sí su personalidad responsable y educada, haciendo de él una persona inconstante, pendenciera, ordinaria y agresiva. Henry Molaison tampoco llegó nunca a tomar conciencia de que la operación con la que debía curar su epilepsia, a la que se sometió el 1 de septiembre de 1953, le había extirpado la memoria. A partir de entonces, aunque podía recordar algunas cosas de su pasado, fue totalmente incapaz de recordar nada de lo que hacía. Estos dos casos son algunos de los más famosos, no sólo por lo curioso, sino por la enorme repercusión que tuvieron para conocer algo más a fondo las complejidades de nuestro cerebro. Algo que continúa siendo un gran misterio del que, poco a poco, se van desvelando datos. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Carolina del Sur han dado un paso más en esta tarea, identificando la importancia la sustancia blanca dentro de nuestro cerebro.

Según John Darrell Van Horn, director del equipo, la sustancia blanca es el “andamio” que “define la arquitectura de la información que da soporte a la función cerebral”. Con esto, los neurocientíficos han logrado identificar por qué hay grandes lesiones que se recuperan bien y sin apenas secuelas y, otras, pequeñas, que resultan devastadoras para las funciones cognitivas o motoras de la persona. Para demostrarlo, simularon daños en cada vía de la materia blanca de 110 personas, mientras observaban por resonancia magnética. De esa manera pudieron observar cómo las áreas más significativas de la materia blanca y la gris no siempre aparecen superpuestas. La sustancia gris, encargada de procesar y almacenar la información, ocupa la parte más externa del cerebro, y la ciencia hacía tiempo que había conseguido identificar qué zonas de la misma sufren más dramáticamente a causa de una lesión y cómo. Para Von Horn, aunque todas las conexiones son importantes, hay algunos enlaces concretos que tienen una repercusión mucho mayor dentro del conjunto cerebral. Unas conclusiones que pueden arrojar luz también en el estudio de enfermedades como el alzheimer o la esclerosis múltiple.

Con este nuevo estudio se ha demostrado, justamente, que hay zonas muy vulnerables dentro de la materia blanca y, que esas zonas, no son necesariamente coincidentes con las más vulnerables de la materia gris. A la hora de realizar el estudio, los investigadores compararon el funcionamiento del cerebro con los modelos que se usan para entender las redes sociales, ya que tienen puntos de semejanza que ayudan a comprenderlo mejor. Los nodos de conexión de la materia gris son parecidos a las interconexiones entre los integrantes de una red social. En el estudio no sólo comprobaron esos nodos, también verificaron cómo de fuertes eran las conexiones de materia blanca, las que componen ese andamiaje, y constataron que se trata de vínculos extremadamente sensibles, que pueden llegar a afectar enormemente al resto de la red cuando desaparecen. Así es que, en el caso de producirse una lesión en la materia blanca, las zonas del cerebro comunicadas por las conexiones “blancas”, pueden llegar a secarse o detener sus funciones, que pueden ser (o no) asumidas por otras regiones del cerebro. Volviendo con el ejemplo de las redes, Van Horn explica que:Del mismo modo que cuando se quita la conexión a Internet no se recibirá correo electrónico, existen vías de la materia blanca que dan lugar a fallos de comunicación a gran escala en el cerebro cuando está dañado.

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Helmut Januschka 

Fuente: Agencia Sinc

 

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