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Ropa social
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Pensada para gente incapaz de romper el hielo

¿Para qué hablar si tu camiseta puede decirlo?

Rajesh Koothrappali tiene un problema. No es capaz de dirigirle la palabra a una mujer. Durante una de sus escasas citas, mantuvo una conversación con la chica que tenía sentada frente a él… por whatsapp. Todo un logro de su proceso de sociabilización. Puede que el MIT disfrute perpetuando el estereotipo del freak incapaz para las relaciones humanas. O quizá sólo sea un invento “divertido” para romper el hielo en una reunión de antiguos alumnos. El tecnológico de Massachusetts le ha dado una vuelta al concepto de red social con la creación de la ropa social. En principio, este prototipo de tejido social es una camiseta, aunque se puede aplicar a cualquier otro tipo de prenda. Funciona por medio de tinta termocromática bajo la cual hay una fina membrana controlada por un circuito. Camiseta y smartphone se pueden sincronizar por bluetooth, de manera que cuando alguien con intereses afines a los tuyos esté a tres metros y medio de ti, el cuello de la camiseta empiece a zumbar.

¿Para qué limitarse a una camiseta zumbona?, las posibilidades pueden ser muchas más. Las redes sociales se inventaron entre otras cosas para poder tener contacto con gente a la que habitualmente no puedes ver, pero han evolucionado hasta convertirse en extractores de datos, verdaderas granjas donde se cosecha, recolecta, empaqueta y vende la información de sus millones de usuarios. ¿Qué sentido tiene una red social para tratar con gente a la que estás viendo en ese mismo momento y con la que puedes hablar? Ahora también pueden saber con quién estás físicamente y cómo va ese encuentro. Imagina que la camiseta ya te ha chivado que a tres metros y medio de ti hay alguien con intereses comunes. Ahora la camiseta de ambos puede escribir en el pecho aquello que tenéis en común. Podría ser que ambos tengáis perro o que seáis fans de Star Wars, pero sería de esperar que mostrase cualquier afición confesa y no confesa. Qué bueno si aparece la palabra “dogs” en la camiseta de ambos, aunque en un alarde de imaginación gore los inventores de esta cosa proponen que la camiseta muestre si sois donantes de órganos compatibles; si eso ayuda a que hagáis buenas migas puedes darle unos golpecitos en la espalda para que los sensores de la camiseta lo detecten y manden la información a las redes sociales, y si la camiseta es capaz de guardar su número de teléfono, puedes mandarle un sms la próxima vez que tengas necesidad de un riñón. Algo en esto me recuerda esa escena de los Cazafantasmas en la que Rick Moranis da una fiesta para sus clientes y los va presentando diciendo cosas como “fulanito tiene su cuenta en números rojos”, “perenganito se metió en un negocio el pasado año que está a punto de quebrar”.

Dejando de lado lo de los órganos, los perpetradores de esta idea no buscan salvar al mundo con una camiseta social. El objetivo está muy claro para ellos. Conocer gente nueva no es fácil, y menos aún entablar conversación en una fiesta o en una reunión. ¿No sería estupendo hacer como Rajesh y no tener que pasar por el trance de romper el hielo, sino que la camiseta ofreciese directamente un tema de abordaje? Podría ser algo menos indiscreto (aunque bienintencionado) que aquel sujetador que mandaba un tuit cada vez que se desabrochaba. Sin embargo, si hay que hacer de la tecnología un elemento de ayuda para los eternos tímidos de la reunión, prefiero aquel invento japonés que consistía en unas orejas de gato postizas controladas por las ondas cerebrales, y que permitían a los usuarios mostrar su estado de ánimo. También existe la versión “cola postiza“…  Si con eso nadie se acerca para preguntarte, pregúntate si se trata de un problema de olor corporal.

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