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Contar con una alternativa da seguridad, pero puede desviarnos de la meta principal

Tener un plan “B” puede ser malo para lograr el plan “A”

Todo el mundo necesita sentirse seguro. ¿No es eso una de las cosas que salen en la pirámide de Maslow? Seguridad. Especialmente a la hora de emprender un proyecto de vida, un proyecto de pareja o un proyecto empresarial. Nuestro deseo es que salga bien, pero como bien dijo Murphy, “si algo puede ir mal, irá mal”. Es entonces cuando nuestra mente comienza a hacer cábalas para mantener la sensación de seguridad y se pone a elaborar planes “B”, para tener claro qué hacer en el caso de que el plan “A”, el plan principal al que queremos dedicar nuestros esfuerzos, no salga bien.

Pero como los científicos son de ese tipo de gente que no se conforma con suposiciones, sino que quiere comprobar las cosas por sí mismos, un equipo de la Universidad de Zurich decidió averiguar hasta qué punto era bueno para nuestros proyectos tener en plan “B” que aplicar en caso de desastre. El resultado fue curioso, aunque no carente de lógica. La tranquilidad de espíritu que confiere tener un buen plan “B” acaba perjudicando el óptimo desarrollo del proyecto principal.

A la hora de tomar decisiones o motivarse para sacar adelante todos los hitos de la plasmación de una idea, tener un plan de respaldo cambia la forma en la que se trabaja para alcanzar el plan principal. Incluso sin llegar al punto de tener que acudir al plan “B”, los investigadores encontraron que, aunque disponer de ese plan de seguridad aporta cierta tranquilidad, en ocasiones el gasto de energía que requiere elaborarlos puede desviar el esfuerzo sobre el plan original. Es más, cuanto más trabajado está el plan “B”, menos atención se pone en el plan “A”. El precio de la tranquilidad en este caso puede ser centrarnos demasiado en estar seguros y no tanto en trabajar por lograr lo que uno se había propuesto.

Fuente: APS

 

 

 

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