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"Sobrevivir al siglo XXI", de Julian Cribb, pone de relieve datos sobrecogedores sobre la implicación real de nuestra alimentación

El planeta pierde 10 kilos de tierra por cada comida que consumimos

De vez en cuando los medios nos prestamos a servir como altavoz del serio problema del consumismo feroz. Entonces escuchamos voces de alarma que hablan de la destrucción del medio ambiente, o de la falta de alimentos en unos sitios y el exceso en otros. Quizá nos haga falta insistir, haciendo un esfuerzo por dimensionar las repercusiones de esta ausencia ética en nuestro trato con la Naturaleza y los demás.

De eso justamente trata “Sobrevivir al siglo XXI” (Surviving the 21th Century, publicado por Springer) de Julian Cribb, donde se ponen de relieve datos sobrecogedores sobre la implicación real de nuestro consumo. Según Cribb, cada comida de una sola persona suponen 10 kilos de tierra vegetal, 800 litros de agua, 1,3 litros de combustible diesel, 0,3 gramos de pesticida y 3,5 kilos de dióxido de carbono. Si multiplicamos esas cifras por los más de 7.000 millones de personas que hay en el planeta, las cifras dejan de sostenerse, mostrando la cruda destrucción a la que el “hambre” del hombre está sometiendo al planeta.

A través de “Sobrevivir al siglo XXI”, Cribb aporta evidencias científicas sobre cuáles son las 10 mayores amenazas a las que se enfrenta la humanidad en su conjunto, así como ideas sobre lo que podemos hacer para evitarlas o ponerles freno.

Dada la locura de reproducción indiscriminada a la que gobiernos y religiones someten a la gente, la cifra de población prevista exigirá que, para 2060 la producción de alimentos se duplique. El problema es que los recursos básicos para ello son cada vez más escasos, por lo que los riesgos de guerras, hambrunas y migraciones masivas, con lo que todo ello conlleva, será aún más intensos que en la actualidad. Dicho de otro modo, la paz mundial depende esencialmente de que la economía mundial entre en sintonía con el medio ambiente, y los gobiernos entiendan que la escasez de recursos es mayor a causa del cambio climático.

Cribb explica que cada año el planeta pierde 75.000 millones de toneladas de suelo. En los últimos 40 años se ha perdido un tercio del suelo mundial, y la tendencia es a empeorar, no a mejorarlo. La ONU ya ha alertado de que la demanda mundial de agua puede llegar a superar la oferta en un 40% para 2030, pero mientras tanto ya existen 4.000 millones de personas en el planeta con escasez aguda de agua al menos un mes al año. Puede parecer poco, pero prueba a estar dos días sin agua corriente en casa, y piensa en lo que sería pasar un mes entero sin agua en tu país.

Los avances biotecnológicos ayudarán a que en las próximas décadas veamos nuevos sistemas de producción, con menores requerimientos de agua y suelo, sistemas de reciclaje de agua y nutrientes en las ciudades, agricultura urbana, cultivos protegidos, diseño de nuevos alimentos y dietas…  Pero todo eso tiene que hacerse paralelamente al cumplimiento efectivo de los gobiernos en sus compromisos climáticos, si no, la temperatura global aumentará hasta un límite en el que los cultivos tradicionales no serán viables, y si eso sucede, las grandes ciudades no podrán mantenerse.

Las propuestas de Cribb aportan soluciones viables, pero es necesario entender que la mentalidad hay que cambiarla. No podemos reproducirnos hasta el infinito, y no podemos consumir hasta el final. Romper con este bucle exige reintegrarse al ciclo natural, que  hace nada sin un sentido global, que aprovecha todo y no desperdicia nada.

Fuente: Phys.org

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