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Lo que dice la ciencia real sobre la animación suspendida de las pelis del espacio

¿Podríamos hibernar durante 120 años en un viaje espacial?

Hay una encuesta que circula por Internet planteando al público las razones por las que no estudiarían matemáticas, física, ingeniería o química. Las respuestas se muestran en uno de esos gráficos de tarta de la siguiente manera: un pequeño porcentaje señala que no estudiaría una de estas carreras porque son muy difíciles y hay que estudiar mucho; en un porcentaje algo mayor estaban los que no lo harían por la inestabilidad laboral; sin embargo la respuesta masiva era abrumadora, porque tres cuartas partes de los encuestados renunciarían a todos esos conocimientos porque las inexactitudes científicas les impedirían disfrutar del cine.

Ciencia y cine (o ciencia y tele) han mantenido una curiosa relación de amor y desamor. La ciencia-ficción ha servido de anzuelo para muchos amantes de las ciencias “de verdad”, y hasta ha servido de inspiración para lograr algunos de los avances tecnológicos que ahora disfrutamos, y puede que de los que veamos en un futuro próximo. ¿Sabéis que hay investigadores que están buscando la forma de teletransportarnos? En otras ocasiones las licencias de la ciencia-ficción son demasiado flagrantes para los ojos expertos, como en el caso de los viajes espaciales.

Los guionistas de infinidad de películas del espacio han resuelto el problema de las inmensas distancias del cosmos de dos maneras: la hipervelocidad y la hibernación. Mientras con la primera solución puedes ponerte en la otra punta del universo en pocos segundos; con la segunda respetan las mediciones en años/luz, pero ponen a dormir a los protagonistas durante meses o años (sin envejecer) hasta llegar a su destino. Ahora bien, ¿hasta qué punto se puede sostener esto científicamente? Lo cierto es que muy malamente.

Dado lo rápido que va todo, y lo impacientes que nos hemos vuelto, eso de estar varios meses, ¡¡¡o años!!! dentro de una nave espacial sin grandes diversiones ni posibilidades de salir, es más una pesadilla que una aventura. Pero la ciencia no tiene intención de darnos esperanzas de que lo de hibernar sea una posibilidad real… de momento.

De la teoría a la práctica

Las películas muestran una imagen bastante bucólica de la hibernación. Vainas de cristal transparente donde las personas se meten en ropa interior, se les induce el sueño y se les mantiene en ese estado durante el tiempo que dure el viaje, o bien se les somete a una hibernación, bajando sus funciones vitales hasta lo mínimo para no morir. Lo bueno es que durante ese tiempo no tienes hambre, ni sed, ni frío, ni calor, ni se te atrofia el cuerpo por falta de movimiento y, por supuesto, no te crece el vello corporal. Quizá fuese divertido ver a un hombre despertando de la hibernación enredado en su propia barba, pero no quedaría tan bien si la chica mona de turno despierta con las axilas y las piernas de un orangután.

Esta es la teoría, en la práctica la idea de usar la hipotermia para poner a mínimos el metabolismo sólo es viable durante un par de días a lo sumo, tal y como se hace en los hospitales con determinados pacientes en determinados casos. Muy lejos de los meses o los años que plantean algunos directores. Otra cuestión es, como aparece en la película “Pasajeros”, viajar por el espacio durante 120 años, un tiempo superior a la duración de una vida humana, y despertar como si nada, con la misma lozanía y vigor. Puede que Einstein no se refiriera exactamente a eso cuando habló de la relatividad del tiempo. De momento ni la tecnología ni la ciencia puede extender de esa manera la vida humana ni retrasar tanto el envejecimiento, aunque estés semicongelado.

Si irnos tan lejos como a viajar 120 años por el espacio, ya el hecho de ir hasta Marte, que si lo miramos bien no está tan lejos (sólo unos meses), provocar un estado de letargo necesitaría que se solucionaran antes algunos pequeños detalles, como el tiempo que requeriría el cuerpo para recuperarse de ese estado inducido, por breve que este fuera. Aparte de la reducción de las necesidades de comer e hidratarse está el tema del sueño. Aunque hablamos de dormir, en realidad la persona no está dormida verdaderamente. Según los científicos en estos procesos no llegamos a entrar en fase REM, por lo que el descanso no existe, no es reparador, y el despertar podría ser como levantarse por la mañana con un resacón de los que hacen historia, pero más rato.

Otra cuestión a tener en cuenta es la estética. Lo de las cápsulas transparentes queda muy bonito, como Blancanieves en su féretro de cristal, pero quizá esté más cerca de la realidad en este caso imaginarnos flotando en un mar de lodo o congelados como polos, con escarcha en los bigotes y todo.

Pero bueno, si la ciencia logra solventar lo de poner a la gente en animación suspendida, así como lo de respirar, comer, beber, soñar, hacer pipí, tirarse un pedo dentro de la cápsula, el envejecimiento, la atrofia muscular, la falta de Sol, el crecimiento del vello y que, además, hagamos bonito colocados ahí dentro, quizá podríamos plantearnos lanzarnos a la conquista de nuevos mundos, porque al paso que vamos al nuestro le queda poco.

Habrá que pensar otra cosa, una cosa en la que los científicos no suelen pensar: do que nuestro único referente sigue siendo el cine, ¿alguien ha caído en la cuenta de que las pelis espaciales de terror chungo siempre tienen gente hibernando?

Fuente: Phys.org

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