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Lo que los comentarios online revelan de ti

Por sus comentarios los conoceréis (y te conocerán)

Basta darse una vuelta por lugares como Reddit o Meneame, para ver cómo se pueden llegar a calentar los ánimos en los comentarios de las noticias. Los foros, los diarios y los agregadores de noticias son el lugar idóneo para estudiar cómo reacciona la gente cuando tiene conexión a Internet y un teclado en las manos. Lo que decimos en estos lugares no sólo refleja nuestra opinión, sino también nuestros prejuicios y creencias: “Yo no soy racista, pero los rumanos son…”, “A los que atacan la libertad de expresión habría que matarlos…”, “Hay que defender el derecho de las mujeres a dedicarse a la prostitución (pero si me entero de que una hija mía…)”. Las opiniones expresadas pueden generar un retrato bastante certero de los esquemas mentales, los valores y los sistemas de creencias de las personas, pero también pueden influir en los esquemas mentales, valores y sistemas de creencias de otras personas. ¿Cómo es esto?

Investigadores de la Universidad de Skidmore, en Nueva York, se dedicaron a observar los comentarios que hacían los usuarios en tres medios diferentes: The New York Times, el blog de ciencia de la revista Discover y un grupo de Facebook de aficionados a la ciencia. Lo primero que encontraron fue que existía un claro sesgo de género en los usuarios, y aunque los comentarios por lo general eran más positivos que negativos, lo cierto es que los usuarios tendían a justificar el sesgo con argumentos “científicos” sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, reforzando las creencias estereotipadas. Los investigadores trataron de identificar el sexo de los “comentaristas” por medio de su nombre de usuario, su foto de perfil y los comentarios explícitos sobre género (aunque sólo lograron identificar por este método la mitad de los comentarios). Así pudieron determinar que los hombres eran más propensos a enviar comentarios negativos que las mujeres, e igualmente ellos tendían menos a reconocer que existiesen diferencias a causa del sexo.

¿Creemos lo que nos conviene?

Después de encontrarse con eso, los científicos intentaron descubrir qué razones pueden llevar a alguien, en determinadas circunstancias, a dejarse influir por las “evidencias científicas” cuando estas apuntan hacia las desigualdades de cualquier tipo, no sólo de género, sino también entre grupos sociales. Una de las teorías que se barajan es que cuando la gente se siente amenazada por las evidencias, se vuelve menos receptiva a las mismas, y al contrario, se aproxima más a ellas cuando estas coinciden con su actual forma de ver las cosas. Básicamente, aceptamos mejor aquello que sentimos o pensamos que respalda lo que ya creemos, lo que aporta una visión bastante inmovilista del ser humano en general, bastante poco dado a replantearse cuestiones contrarias u opuestas a lo que ya piensa, aunque la evidencia diga lo contrario.

Lo más curioso es que pocos de los que dan rienda suelta a su lengua a través de un foro online serían capaces de defender lo mismo en un encuentro en persona. A través de Internet la gente se siente más libre y desinhibida para soltar las cosas de cualquier manera, incluso se forma soez o agresiva. Eso da que pensar si la opinión real es la que se manifiesta online o la que se dice en persona. Puede que ante la presencia física de otros seamos más prudentes o diplomáticos a la hora de exponer nuestras creencias, pero en la web, al amparo de un nick, la gente también adopta un papel determinado y lo interpreta de forma bastante creíble ante “su público” y alentado por él. Con este escenario nos atrevemos más a mostrar nuestro desacuerdo con un determinado tema. Pero algo más de verdad hay, quizá, en los comentarios que alguien dice anónimamente que en los que da la cara personalmente. Para Sara Kiesler, profesora de Ciencias de la Computación y de la interacción Persona-Ordenador en el Carnegie Mellon, “la gente cambia su comportamiento en las diferentes situaciones”, por lo que no es posible hacer atribuciones tajantes sobre su personalidad según sus comentarios. Todo el mundo puede tener un mal día, y también juzgar con cierta ligereza el comentario de alguien como “nazi radical” aunque en realidad esa persona sea un padre amoroso y un excelente compañero, nada afin a cuestiones fascistas.

Otra cuestión es cómo cada cual interpreta un comentario concreto. Los propios prejuicios o creencias influyen en la forma como descodificamos los mensajes, nos sentimos atacados por ellos o, por contra, identificados. Uno de los ejemplos con los que trabajaron los investigadores fue un comentario que decía: “Simplemente parece que los hombres de éxito que yo entreno están más deseosos y dispuestos a hacer sacrificios personales para salir adelante frente a la competencia”. La frase puede interpretarse de muchas maneras; desde un punto de vista sexista que deje de lado la capacidad luchadora de las mujeres, hasta intuir el deseo del comentarista de que las mujeres se afirmen más en su lucha por el éxito. Para colmo, cosas como la ironía o el sarcasmo, salvo anotación expresa del autor, no casi imposibles de detectar en un comentario online. Los investigadores trabajan en algoritmos que les ayuden a identificar los distintos matices de una frase, y tener más claro el sentido real de la misma.

Observas y te observan

A pesar de todo esto, observar los comentarios de los usuarios puede aportar mucha información valiosa. Por ejemplo, en un estudio realizado en 2013 se encontró que los comentarios maleducados sobre un artículo acerca de la nanotecnología podían influir en que los lectores percibiesen esta nueva tecnología como algo más peligroso que las desarrolladas anteriormente. Lo cierto es que los comentarios negativos tendían a polarizar al público, incluso a aquellas personas que afirmaban no leer los comentarios. Ciertamente, aunque no prestemos una atención exhaustiva a lo que otros lectores dicen, si pescamos palabras sueltas de aquí y de allá, eso funciona igual que un filtro que nos hará crearnos una idea de la noticia sin haberla leído o valorado realmente. Usamos lo que se llama como “atajos mentales” para llegar a conclusiones o formarnos ideas sin esforzarnos demasiado. A veces eso puede ser suficiente, pero otras muchas veces no lo es, y caemos en el prejuicio sin apenas darnos cuenta de ello. A veces incluso, cuando no dominamos un tema, nos dejamos influir por los que, en apariencia, saben más.

Un comentario en relación a un perfil de Facebook que incluya el cargo o un dato curricular de la persona que escribe, hará que los lectores se dejen influir por su experiencia a la hora de juzgar como más o menos acertado el comentario. En eso se basa parte del fenómeno “influencer“. En algunas ocasiones el comentarista es, realmente, un experto en el tema, y es capaz de hablar desde esa posición, evaluando muy bien lo que dice y cómo eso puede influir en las personas que le leer. Otras veces no es así. O el experto no es tal, o lo que le falta es capacidad para valorar las repercusiones de sus comentarios, o ambas cosas a la vez. También se da la situación contraria: cuando una persona ha sido escarnecida en el pasado dentro del foro, poco de lo que diga será tenido en cuenta como opinión valiosa, aunque lo que diga sea la pura verdad. Esto nos lleva a otra conclusión: en las redes sociales y en los foros de Internet no sólo nos observa el “Gran Hermano”, el resto de los usuarios también lo hace, y al tiempo que observa y opina, también se hace una opinión de ti… sin que tú te des cuenta.

Fuente: The New York Times

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