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Varias iniciativas de crowdfunding plantean alternativas a Google y Facebook

Proyecto: recuperar la privacidad

Los defensores de la privacidad alertan de los riesgos de que nuestras sociedades se conviertan en una versión amable del Gran Hermano de Orwell. No tenemos una policía del pensamiento dispuesta a detectar a traidores que tengan ideas contrarias a las doctrinas oficiales ni se impone una neolengua que erradique de nuestras débiles mentes ideas peligrosas. Sin embargo, revelaciones como las de Snowden, unidas a la capacidad de almacenar e interpretar datos masivos suponen riesgos para la privacidad de las personas.

Sin necesidad de imponer estrictos controles y censura en Internet, al estilo de países como China o Irán, la NSA y otras agencias de seguridad han resultado ser capaces de obtener información casi ilimitada con muy poco control. Las empresas privadas no se quedan atrás: compañías como Google o Facebook disponen de información sobre nuestros hábitos, relaciones e intereses que, casi siempre, cedemos sin darnos cuenta o de forma completamente voluntaria.

Quizá por ese motivo muchas personas se han concienciado de que puede ser necesario buscar otros caminos que no dejen la privacidad de los usuarios al criterio de terceros. Recientemente, hemos encontrado varios proyectos dirigidos a impedir que nuestros datos vayan directos a grandes bases de datos con un uso que promete ser legítimo pero que es opaco en el mejor de los casos. Incluso si confiamos en que las compañías hagan un uso responsable de la información, gobiernos como el de EEUU pueden exigir información sobre sus usuarios en aras de la seguridad.

El camino elegido para que estos proyectos vean la luz es el crowdfunding. Un proyecto todavía en proceso de financiación  que ya ha obtenido la cantidad mínima para arrancar, Pixeom. El proyecto, puesto en marcha por Sam y Karishma Nagar, plantea una alternativa a servicios como Facebook o Dropbox. La idea es muy simple: para no dejar nuestra información personal en manos de terceros, un pequeño dispositivo conectado a nuestra red puede cumplir con esta función. Se trata de un Arduino dotado de un software que proporciona un servidor web en el que compartir fotos, estados, archivos y otros servicios. Los Pixeom se pueden conectar entre sí para formar una red más amplia, pero cada usuario es el único dueño de sus datos y los comparte con quien desea.

Karishma Nagar, cofundadora de Pixeom muestra el dispositivo.Karishma Nagar, cofundadora de Pixeom muestra el dispositivo.

El otro proyecto es todavía más ambicioso: se trata de un buscador distribuido, en el que cada usuario dispone de un nodo similar al citado Pixeom, pero con un propósito distinto. YaCy está basado en una Raspberry Pi y proporciona un motor de búsqueda personal. Al igual que los proveedores de búsquedas convencionales, dispone de un robot que indexa la web. Ante la imposibilidad de llevar a cabo semejante tarea sin los recursos de Google o Bing, cada nodo de la red hace parte del trabajo y los resultados se obtienen de la red formada por los nodos particulares puestos en marcha por los usuarios. Como dijo Alierta, la inteligencia está en la red.

El modelo de YaCy se basa en búsquedas distribuidas, sin un proveedor que disponga de todos los datos.El modelo de YaCy se basa en búsquedas distribuidas, sin un proveedor que disponga de todos los datos.

Otros proyectos ofrecen un servicio de software para establecer comunicaciones cifradas entre sus usuarios (Sovereign Share) e incluso se puede financiar una funda para el móvil que anula toda posible comunicación cuando está dentro de él. Se llama, muy oportunamente, OFF Pocket y es el único accesorio que le faltaba a Mel Gibson en Conspiración.

Es difícil que estos proyectos salgan adelante. A pesar de haber obtenido financiación, es difícil que alcancen la base de usuarios que evite que a los pocos meses sólo sirvan para desarmarlos y disponer de un microordenador con el que cacharrear. Sin embargo, cientos de personas han considerado que merecía la pena dar un voto de confianza a sus creadores y han invertido su dinero para que vean la luz y hacerse con uno.

Sin embargo, estos artilugios y servicios muestran una tendencia: los usuarios están preocupados por su privacidad perdida y algunos de ellos ya están dispuestos a pagar para recuperarla. Que la tendencia se convierta en algo masivo depende de los pasos que den nuestros gobiernos y las grandes empresas de Internet para recuperar la confianza del gran público o, incluso, que los usuarios empiecen a preferir usar aquellos proveedores que les garanticen la privacidad y esta se convierta en un instrumento de marketing. La alternativa, nada deseable, es que terminemos de construir la sociedad hacia la que algunos piensan que nos dirigimos.

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