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La suma de tecnología y finanzas no está evolucionando exactamente igual que el resto de startups

¿Qué hace diferente a una fintech?

Fintech es la suma de finanzas y tecnología, quizá por eso es fácil confundir la digitalización de algunos servicios bancarios con una auténtica fintech. Alexander Lima, executive manager de Mooverang, lo definió, a nuestro parecer, muy bien: es una cuestión de cultura, por eso, que un banco se digitalice no lo convierte en fintech, sino cosas como la transparencia, la oferta de un servicio para una necesidad y la ausencia de enrevesados compromisos que buscan encadenar al usuario.

Por eso este sector es diferente en origen de lo que venían siendo hasta ahora las finanzas, pero también de otros muchos servicios que están cambiando, en su área cada uno, la forma de relacionarnos con el mundo o de hacer uso del transporte, los viajes o la música, por citar algunos.

Según la empresa Spotcap, una plataforma fintech dedicada a facilitar a pymes y autónomos el acceso a una financiación ágil y flexible, ha desarrollado tres puntos que, en su opinión, diferencian la “revolución del fintech de los otros disruptores” como Uber, Blablacar, Spotify o Airbnb.

Regulación

Cada vez que surge algo nuevo es necesario establecer un marco regulatorio que permita su implantación, al tiempo que le otorga garantías legales para convertirse en un competidor “de ley” dentro del sector. Además, al tratarse de empresas globales con implantación local que tienen que adaptarse a las normativas de cada ciudad. No tenemos más que ver el caso de Uber o de Airbnb.

En el caso de las fintech, estas buscan la creación de una regulación concreta para el sector “que establezca las normas del juego y permita que la innovación llegue al cliente final”. Mientras esto tiene lugar, las empresas fintech se atienen escrupulosamente al marco regulatorio existente “para fomentar un modelo de negocio eficaz y sostenible”, según Diego Bestard, director general de Spotcap.

La crisis como origen

Si en algo coinciden la gran mayoría de ellas es que surgen a causa de la desconfianza en los bancos y entidades tradicionales tras la crisis. En medio de un quiebre de valores, mientras que otros sectores ya estaban consolidados o en pleno proceso, la crisis es el caldo de cultivo perfecto para que nazca el sector.

Ahora estamos en plena explosión, y será el tiempo (como siempre) el que ponga a cada cual en el lugar que le corresponde. En comparación con el segundo trimestre de 2014, el mismo periodo del año pasado vio cómo se duplicaba la cifra de la financiación global fintech.

La razón quizá esté en que aunque tras la crisis los bancos comenzaron a “entrar en cintura” respecto a las reglamentaciones, el funcionamiento seguía siendo el de siempre, como un enorme mastodonte que trata de desplazar todo su peso al tiempo que arrasa con todo para mantener su gigantesco volumen.

De no ser por las nuevas tecnologías no habría sido tan fácil y rápido el desarrollo de este sector, además de que ha logrado abaratar enormemente el coste de crear este tipo de empresas. Sin embargo, la misma crisis financiera y la de los bancos, llevó a que el préstamo a las pequeñas empresas cayera un 20%. Ahí surgen, por ejemplo, las fintech especializadas en poner en contacto a las pymes con los inversores, cubriendo el vacío dejado por los bancos, y favoreciendo la creación de empleo y negocio.

En colaboración con la industria

Taxis contra Uber, hospedajes tradicionales contra Airbnb… mientras que en el resto de sectores las nuevas empresas tienen que pasar por un proceso de enfrentamiento y hasta lucha con el sistema tradicional, en el caso de las fintech es más habitual establecer colaboraciones con la banca, y según una investigación de Symbid, el 80% de los principales bancos están invirtiendo o creando alianzas con fintech.

Todavia es un proceso lento. Los bancos son demasiado grandes y complejos para ser ágiles, y de momento sólo el 61% de los mismos, según datos de Infosys-EFMA) disponen de una estrategia de innovación. La colaboración entre banca y fintech, en cualquier caso, beneficia a ambas.

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