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Un repaso a lo que conocemos hasta ahora del planeta más grande del Sistema Solar

¿Qué sabemos de Júpiter?

Durante cinco años, la sonda Juno ha viajado a través del Sistema Solar para llegar a situarse, el pasado 4 de julio, en la órbita de Júpiter. Desde su posición, a 5.000 km de la superficie gaseosa del planeta, Juno observará y enviará imágenes y datos a la Tierra con la esperanza de que los científicos logren desentrañar algunos de los muchos misterios que todavía rodean el origen de nuestro Sistema Solar y del Universo.

Esta ha sido una de las misiones más complejas y difíciles de la NASA, una proeza científica y de ingeniería que abre la puerta a grandes descubrimientos. Sin embargo, antes de ser capaces de llegar tan lejos, hemos sido capaces de descubrir, desde aquí, muchas cosas acerca de este gigante.

¿Qué sabemos hasta la fecha?

Hay razones para que Júpiter se llame Júpiter. La mitología grecorromana supo atribuir al padre de los dioses los mayores atributos de poder y grandiosidad, adjudicándole también el gobierno del cielo. Atributos que concuerdan con las características observables del que es el planeta más grande y masivo del Sistema Solar.

El brillo que muestra Júpiter en el cielo nocturno se debe fundamentalmente a su gran tamaño. Contiene más del doble de la masa de todos los demás planetas, lunas, cometas y asteroides juntos. Ese es uno de los datos, sus gigantescas dimensiones, las que hacen pensar a los científicos que Júpiter podría haber sido el primer planeta en formarse alrededor del Sol.

Se cree que los planetas se formaron con los escombros que resultaron de la formación de nuestro Sol. En un principio el recién formado Sol generó un viento que alejó por el espacio la mayor parte de la nube interestelar de gas y polvo de la que surgió, pero Júpiter permaneció. Por eso los investigadores sostienen que la clave de la formación de nuestro Sistema Solar, de cómo se combinó la materia y las condiciones en las que lo hizo para dar lugar a la increíble diversidad del resto de cuerpos celestes, podría estar en Júpiter.

Un planeta conocido por la antigüedad

Júpiter, Mercurio, Venus, Marte y Saturno, todos ellos visibles en el cielo nocturno, han sido observados desde la más remota antigüedad. Las diversas culturas que gustaban de estudiar los signos de las estrellas¡, se dieron cuenta pronto de que estos cuerpos eran únicos: no permanecían fijos en sus constelaciones como hacen las estrellas, y se mueven de acuerdo a normas propias. Los antiguos griegos les llamaron “estrellas errantes”, y de ahí fueron surgiendo los nombres de cada uno de ellos.

Aunque Júpiter es el mayor de los planetas, Venus tiene el primer puesto entre los más brillantes. Ambos recorren el cielo de forma distinta. Venus, considerado un planeta interior, permanece cerca del Sol, así que aparece como estrella de la tarde después de la puesta del astro rey, o bien como estrella de la mañana antes del amanecer. Sin embargo, Júpiter, como planeta exterior, pasea por todo el cielo.

En el año 1610, Galileo observó Júpiter desde su recién construido telescopio desde finales de enero hasta principios de marzo. Él fue capaz de observar primero tres y, posteriormente, cuatro puntos brillantes que se mantenían formando una línea recta a ambos lados del planeta, e iban cambiando en relación con él. Eran los satélites de Júpiter girando a su alrededor. Su observación acabó en el conocido conflicto del astrónomo con la Iglesia Católica, debido a su osadía al asegurar que todo el cosmos no giraba alrededor de la Tierra.

Galileo había visto cuatro de las lunas más grandes de este planeta: Io, Europa, Calisto y Ganímedes (llamados también satélites galileanos), pero desde entonces se han ido descubriendo muchas más hasta completar el asombroso número de 67. Por eso a veces se considera que Júpiter tiene su propio minisistema.

La gran mancha roja

Si por algo se reconoce la imagen de Júpiter es por la gran mancha roja que adorna su superficie, observada por primera vez en 1664. Se trata de una tormenta masiva con un tamaño dos veces superior al de la Tierra que, en los últimos tiempos ha estado disminuyendo sus dimensiones. Los astrónomos siguen este “encogimiento” desde la década de 1930, y más recientemente se ha observado una aceleración en su contracción.

El giro de Júpiter es rápido, una vez cada 10 horas, lo que hace que se produzcan unos patrones climáticos muy espectaculares, mostrando la constante agitación de sus nubes. La gran pregunta que se hacen los científicos es cuánto hay que descender a través de esas nubes para tocar tierra firme.

Otra de sus características es que posee el campo magnético más fuerte de todos en el Sistema Solar. En sus polos el campo magnético es 20.000 veces más fuerte que el de la Tierra, y se extiende hasta varios millones de kilómetros en el espacio, llegando más allá de la órbita de Saturno.

Los científicos creen que la dinamo que alimenta este campo magnético es una capa de hidrógeno ubicada en las capas profundas del planeta. El hidrógeno estaría sometido a una presión tan alta que se convierte en líquido, por lo que adquiere las características de un metal conductor, ya que los electrones dentro de los átomos de hidrógeno son capaces de moverse.

Juno-jupiter

Se sabe que este campo magnético atrapa partículas cargadas, algunas de ellas provenientes del viento solar, pero también llegan partículas desde los satélites galileanos, especialmente desde la volcánica Io. Algunas de esas partículas se canalizan hacia los polos de Júpiter, y son las responsables de la creación de impresionantes auroras, 100 veces más brillantes de que las de la Tierra.

Otras partículas quedan atrapadas en el campo magnético, originando los cinturones de radiación de Júpiter, que son una versión mucho más intensa del cinturón de Van Allen en la Tierra. El campo magnético de Júpiter acelera esas partículas de tal forma que vuelan arriba y abajo alcanzando casi la velocidad de la luz. El resultado es la zona de radiación más peligrosa del Sistema Solar.

Lo más de lo más

El más grande, el más masivo, la rotación más rápida, el más peligroso, el que tiene mayor número de satélites, el campo magnético más fuerte y, posiblemente, el primero de los planetas de nuestro sistema… Júpiter bate casi todos los récords, y ahora se espera que Juno ayude a revelar los secretos del gran gigante gaseoso.

Su fuerte influencia gravitatoria ayuda a mover la materia que hay alrededor de nuestro Sistema Solar, lo que podría esparcir hielo, agua y moléculas orgánicas de las regiones frías exteriores hacia el interior, materia que podría ser capturada por la Tierra.

Los primeros planetas que se han encontrado orbitando alrededor de otras estrellas han sido similares a “Júpiter calientes”, exoplanetas con una masa similar a la de Júpiter que giran muy cerca de sus estrellas y, por tanto, tienen temperaturas superficiales muy altas.

Quizá Juno pueda responder la intrigante cuestión sobre cómo se formó Júpiter. Así que los próximos 18 meses de misión serán clave para encontrar datos que nos acerquen a comprender mejor cómo se formó nuestro Sistema Solar. Quizá sea una respuesta aproximada a la eterna cuestión de saber de dónde venimos.

Fuente: Phys.org

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