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Investigadores quieren encontrar la fórmula ética de los algoritmos de decisión

¿A quién mato? Los dilemas morales de los coches autónomos

Las estadísticas confirman que es el factor humano el principal responsable de los accidentes de tráfico. La decisión de no usar cinturón, de tomarse esa copa de más, de no parar cuando estás cansado, de tomar el móvil al volante… hay cientos de pequeñas elecciones detrás de cada accidente, elecciones que ninguna máquina habría tomado.

Ahí está precisamente uno de los principales alicientes del futuro coche autónomo: la anulación del factor humano o, al menos, sí una reducción sustancial de su intervención en la conducción.

Sin embargo eso tiene otras implicaciones que no pueden dejarse de lado. ¿Qué decisiones tomarían los coches en caso de verse en una situación de emergencia? Los humanos actuamos en esas ocasiones con una mezcla de instinto, conocimiento y miedo, aunque a menos que estén muy bien entrenados para que los conocimientos prevalezcan, el miedo cogerá de la mano al instinto y lo sacará de paseo, no siempre con buenos resultados. La máquina, por el contrario, obedecerá fríamente a su programación. La cuestión entonces es, ¿qué programación?

¿A quién sacrificas?

Si hablamos de vidas humanas las decisiones deberán ir encaminadas a salvarlas pero, ¿y si se trata de la vida de los ocupantes del vehículo contra la de unos peatones? ¿O de los ocupantes de otro vehículo autónomo? ¿Cómo deben entonces establecerse las prioridades de los vehículos autónomos? ¿A quién sacrificas? Junto con la eficiencia energética y la inteligencia artificial del coche, la programación de los algoritmos de decisión es una de las cuestiones más peliagudas a las que se enfrentan los fabricantes de coches en estos momentos.

Hasta ahora no había hecho falta cuestionarse qué vidas son las que se salvan y cuáles las que se sacrifican en un accidente, pero ahora los científicos tienen que dar a los coches la capacidad de hacerlo, estableciendo para ellos los parámetros de decisión, algo que ellos mismos intentan dilucidad antes de dotar a los vehículos de ese poder. Aunque los vehículos autónomos logren reducir al máximo los muertos en carretera, todavía es necesario determinar, ante dos posibles males, qué mal elegir. En este sentido, un equipo multidisciplinar de investigadores ha comenzado a trabajar para conocer mejor cómo reaccionan las personas ante los conflictos morales de los coches autónomos.

El mal menor vs mi propio mal

Jean-François Bonnefon, psicólogo de la Universidad de Toulouse Capitole, Azim Shariff, psicólogo de la Universidad de Oregon y Iyad Rahwan, científico computacional del MIT, están poniendo en marcha una serie de experimentos para examinar en detalle los dilemas morales a los que estos coches tendrán que enfrentarse en alguna ocasión. Para ello pasaron 6 encuestas online a unas 2.000 personas, donde ya se ponían de manifiesto los sentimientos contradictorios que despiertan en las personas los dilemas morales de los coches autónomos.

La mayor parte de la gente estaba de acuerdo en que los vehículos autónomos repercutirán positivamente en las cifras de muertos y accidentados en carretera, pero también supone para ellos un incentivo creer que el coche hará lo posible y lo imposible para salvar la vida de los ocupantes. Por una parte la gente estaba de acuerdo en manifestar que estos coches deben evitar el mal mayor.

Así, si un coche con un solo ocupante va a estrellarse contra 10 peatones, el coche debería desviarse para evitar el impacto. Claro que esto genera otro conflicto, porque nadie quiere saber que, ante esa circunstancia, el coche sacrificará sin dudarlo al pasajero. El resultado fue que la mayoría de la gente prefería sacrificar al pasajero si con ello se salvaban las 10 vidas de los peatones, pero no comprarían ni viajarían en un coche programado con estas premisas. Básicamente la gente quiere estar protegida, pero como puede ser que se vean tanto en la situación del pasajero como en la de los peatones, el problema que ellos se plantean particularmente no es la de evitar el mal mayor, sino las situaciones en las que evitan lo más posible su propio mal.

Lo cierto es que este estudio, aunque interesante, no ayuda demasiado a los desarrolladores de algoritmos, ya que pocos estarían dispuestos a comprar un vehículo que podría llegar a sacrificarlos en aras del bien mayor.

Fuente: APS

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