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Varios estudios detectan señales antienvejecimiento al trasfundir sangre joven en ratones adultos

Ratón viejo + sangre joven = ratón joven

¿Envejecer? No gracias. Algo que ha obsesionado al ser humano, seguramente desde el momento mismo en que cobró autoconsciencia, es lo efímero de la vida y, por consiguiente, la posibilidad de prolongar su duración al máximo. Pociones, conjuros y demás cantinelas, han sido probadas a lo largo de la historia para dar con él, hasta ahora, inexistente elixir de la eterna juventud. Desde beber del cáliz de José de Arimatea, al tiempo que un caballero templario te dice si has decidido sabiamente o no, hasta darte crema en la cara tres veces al día, todo vale para ser más jóvenes o, al menos, frenar en la medida de lo posible el inexorable paso del tiempo. Sin embargo, a veces, resulta que tenemos la solución a los problemas al alcance de nuestros dedos o, en este caso, dentro de nuestros dedos… y del resto de nuestro cuerpo. Y es que equipos de investigadores de las universidades de Harvard, Cambridge y California han comprobado que una trasfusión de sangre de ratones jóvenes en roedores adultos, tiene como consecuencia un cierto rejuvenecimiento en los mismos. Sí, has leído bien, recibir sangre de animales de menor edad se tradujo, según los investigadores, en que los roedores adultos fueron capaces de correr más rápido,se incrementó su capacidad capilar del cerebro (aumento del número de vasos sanguíneos) y, como consecuencia de esto, empezaron a tener un pensamiento más claro y centrado.

Según los investigadores, se ha conseguido aislar la causa de dichos efectos, y sería la proteína Growth differentiation factor 11 (GDF11). En palabras de Amy Wagers, investigadora responsable de los trabajos para aislar dicha proteína y analizarla, “Esta es la primera demostración de un elemento rejuvenecedor, si bien hay que tener en cuenta que, todavía, falta mucho para que algo de lo extraído de dichas investigaciones pueda ser llevado a la práctica en humanos. No obstante, los científicos, una vez comprobado que los efectos venían producidos por dicha proteína, centraron sus actividades en la misma, lo que según el equipo de investigación de la Universidad de California, les permitió comprobar que GDF11 provoca la activación de ciertas funciones cerebrales. Lo verdaderamente interesante es que dichos cambios se produjeron en zonas del mismo particularmente relacionadas con el envejecimiento o, para ser más exactos, en zonas que suelen sufrir con especial dureza el paso de los años.

Aunque los resultados de los tres estudios llevan a las mismas conclusiones, han sido abordados de maneras distintas y, además, gestionados de manera independiente por sus respectivos equipos, lo que invita todavía más al optimismo. Sin embargo, como ya indicábamos antes, y los equipos científicos se esfuerzan en dejar muy claro, este es el resultado de más de diez años de investigación y, aún así, todavía es un paso muy primario. Aún falta mucho tiempo para que, de ser posible, los resultados de esta investigación puedan ser trasladados al ser humano.

 

Imagen: Rob Owen-Wahl

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