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Las últimas investigaciones apuntan a que ambos mantienen el equilibrio eléctrico en el cerebro

Recuerdos y antirrecuerdos: así funciona la memoria

Quizá el funcionamiento de la memoria sea una de esas cuestiones que más inquietan a la ciencia. El disco duro humano tiene una capacidad de almacenamiento, acceso a archivos, recuperación, seguridad y autoprotección tan asombrosos que todavía escapa a nuestro entendimiento. Nuestros recuerdos son lo que nos identifica con nosotros mismos, perderlos es perdernos de alguna forma. El olvido nos asusta. Recordar es tener la capacidad de revivir en cualquier momento cualquier circunstancia de nuestra vida, porque no sólo olvidamos la cartera o el móvil… olvidamos olores, sabores, caras, sensaciones… recordar es volver a vivir. Por eso en la antigüedad se cultivaba el arte de la memoria, para ser totalmente dueños de cada uno de los instantes de nuestra existencia.

Las investigaciones acerca del funcionamiento intrínseco de los recuerdos abarca desde los mecanismos psicológicos hasta los bioquímicos. Las neuronas tienen un sistema para asegurar que no se pierde nada, para eso debe saber “grabar” adecuadamente el recuerdo, archivarlo y generar el mecanismo para acceder a él. Tenemos memoria de trabajo, memoria a corto plazo y a largo plazo. Incluso en caso de vivencias traumáticas hay mecanismos para preservar el recuerdo pero hacerlo temporalmente inaccesible a la conciencia.

Equilibrio

Una de las últimas cosas que se han descubierto sobre la manera en que se forman los recuerdos. En principio, cada vez que vivimos algo, desde lo más habitual como cepillarse los dientes hasta algo más complejo como aprender algo nuevo, se genera lo que se conoce como “traza neuronal”. Es una micro red neuronal única y exclusiva para ese recuerdo. Sobre este conocimiento, investigadores de la Universidad de Oxford y del University College London han apuntado la posibilidad de que, al mismo tiempo que el cerebro reproduce ese circuito específico de cada vivencia, también se genera un “antirrecuerdo“, que no es otra cosa que un patrón de actividad neuronal exactamente igual al generado, pero opuesto, quizá como una imagen especular.

Se piensa que es la forma que tiene el cerebro de mantener el equilibrio de la actividad eléctrica neuronal. La razón es que cada vez que aprendemos algo nuevo o vivimos algo distinto el cerebro comienza una frenética actividad de conexión y reconexión, que genera los nuevos patrones y los enlaza con otros previos (¿no hay recuerdos que te llevan a otros, y esos a otros?). Cuando eso ocurre, los escáneres de actividad muestran cómo se “encienden” determinadas zonas del cerebro. La excitación neuronal aumenta, y no por eso se desequilibra el sistema y sufrimos una “ralentización del sistema”, o nos tenemos que “resetear”. En opinión de los científicos eso se debe precisamente a la formación de antirrecuerdos y su armónica convivencia con los recuerdos. Juntos, recuerdo y antirrecuerdo no sólo mantienen el equilibrio eléctrico en el cerebro, también serían los responsables de mantener, de alguna forma, la cordura, evitando que se produzcan grave problemas mentales.

Fuente: The Conversation 

Recomendamos: El artículo publicado sobre el tema en Tendencias 21, que aporta una relación muy interesante entre los antirrecuerdos y la antimateria. 

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