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El proyecto llevaría a la creación de una base permanente en 2030

Rusia se prepara para colonizar la Luna

La conquista del espacio es uno de los grandes desafíos de la humanidad y en Moscú lo saben muy bien. Desde los años 50 hasta mediados de los 70, soviéticos y norteamericanos compitieron por ser los primeros en alcanzar cotas con las que el ser humano sólo había podido soñar. Esta carrera alcanzó su punto álgido en julio de 1969, cuando el Apollo XI llevó a los primeros astronautas hasta la Luna. Los EEUU ganaron así una carrera, la del espacio, en la que la ingeniería soviética y héroes como Yuri Gagarin habían demostrado su competencia. Ahora, Rusia se plantea ir varios pasos más allá y colonizar el satélite en 2030.

Ante los logros soviéticos en este terreno, Lyndon B.Johnson, entonces vicepresidente, explicó a Kennedy la importancia de la inversión en misiones espaciales para EEUU: “A los ojos del mundo, ser el primero en el espacio significa ser el primero, punto; ser el segundo en el espacio significa ser el segundo en todo”. Sin embargo, una de las ventajas de explorar el espacio es que siempre hay nuevas metas en las que se puede ser el primero. La misión rusa, cuando parece que la exploración lunar no interesa más allá de enviar sistemas robotizados, planea una colonización sin precedentes en la historia de la humanidad. De lograrlo, 60 años después, Rusia tendría su revancha.

Esperan que inversores privados apoyen el proyecto

El proyecto, apadrinado por el viceprimer ministro ruso, Dmitri Rogozin, ha sido desarrollado por la agencia espacial rusa, Roscosmos, la Academia de las Ciencias de Rusia y la Universidad Estatal de Moscú. Al presentar el ambicioso plan, no se ha descartado que inversores privados participen en la colonización de Marte. Andréi Ionin, de la Academia Rusa de Cosmonaútica, no cree que sea posible que este proyecto se financie exclusivamente con fondos públicos: “Es difícil imaginar que algún país quiera gastar billones en creación de bases lunares, cuando seguramente tiene otros asuntos pendientes como la medicina, la educación, el Ejército”.

Entre los motivos que podrían facilitar que estos inversores privados empleen su dinero para establecerse en la Luna está la base de la misión. La idea no sólo es construir una base permanente para la investigación, actividad en la que se centran las misiones espaciales. El propósito de la base sería también la exploración geológica del satélite con el objetivo de extraer minerales valiosos y enviarlos a la Tierra. 

Buque de carga Progress M-20M entrando en la atmósfera terrestre.Buque de carga Progress M-20M entrando en la atmósfera terrestre.

Los costes y la legislación, posibles barreras

Entre los detractores de esta idea se encuentra Iván Moiséev, del Instituto de la Política Espacial. Asegura que los costes de transporte son tan elevados que no sería rentable importar minerales de la Luna ni aunque se tratase de diamantes. Hasta la fecha, no se han encontrado diamantes, pero sí se conoce que hay importantes reservas de hierro, aluminio y titanio, entre otros minerales. Extraer metales tan pesados no facilitaría que la inversión fuese rentable, pero Rusia se propone explorar en busca de otros minerales.

Uno de los más interesantes es el litio. Utilizado en ámbitos que van desde la medicina hasta la aeronáutica, pasando por la creación de productos industriales cotidianos (los recipientes cerámicos que pueden pasar del frío al calor sin romperse, por ejemplo), la demanda se incrementa de manera rápida a medida que adoptamos dispositivos electrónicos cuyas baterías están basadas en este metal. Además, la probable adopción masiva de vehículos eléctricos en las próximas décadas hace esperar que este aumento en la demanda se multiplique. El litio es el metal más ligero, con la mitad de densidad que el agua. Su extracción permitiría cargar los almacenes de las naves de transporte sin que el peso dificulte la misión o el consumo de combustible multiplique los costes del transporte.

Otro elemento sobre cuya extracción fuera de nuestro planeta se ha especulado, y del que existen reservas en la Luna, es el helio. El gas, más ligero que el aire, es clave en la fusión nuclear, una de las tecnologías sobre las que se está investigando con gran interés, ya que su explotación comercial sería una fuente de energía limpia casi inagotable.

En cuanto al aspecto legal de esta colonización, el Tratado de la Luna establece que los avances científicos e información obtenidos de la explotación del cuerpo celeste son patrimonio de la humanidad, por lo que ningún estado puede apropiarse de ellos de forma exclusiva. Además, impide establecer bases militares. Según el acuerdo de 1979, la colonización por parte de Rusia es posible pero con ciertos matices, ya que no podría considerarse el espacio donde se establezca la base lunar, ni posibles explotaciones mineras, propiedad de Rusia. El tratado impulsa, además, el desarrollo de normas para la posible explotación de los recursos del satélite que no vayan en contra del interés general de los habitantes de La Tierra. El desafío, por tanto, abarca tres frentes: el tecnológico, el económico y el legal.

Fotos: Agencia Espacial Federal Rusa

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