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El gobierno irlandés eliminará las condiciones fiscales especiales en 2020

Se acabó el descuento fiscal de Irlanda

Algunos países de la UE como Irlanda, Holanda o Luxemburgo ofrecen unos mecanismos legales que proporcionan enormes ventajas fiscales a las grandes corporaciones si éstas saben aprovecharlos y organizan sus operaciones financieras de una manera muy concreta. Tan concreta y tan peculiar que la única forma de justificarla es por el ahorro fiscal que implica, ya que hace recaer el grueso del beneficio en territorios donde no se ha generado esa actividad económica pero que tienen una fiscalidad muy baja. No es que los avispados asesores de estas empresas hayan descubierto un agujero en las leyes tributarias de estos países. Que va, es algo mucho peor. Las legislaciones fiscales de algunos países de la UE se han diseñado para que, si se cumplen determinadas condiciones, se minimice el pago de impuestos.

La existencia de paraísos fiscales no es una aberración inexplicable que escape al control de los principales estados del mundo. Es algo que permiten los estados “serios” que, eso sí, guardan las formas y lo llevan con cierto disimulo. Pero es que el esquema de ahorros fiscales “Double Irish” que hoy sabemos que desaparecerá en 2020 implica la colaboración activa de determinados estados con grandes corporaciones y con paraísos fiscales para cerrar el círculo. Es una “pillería” que llevan a cabo algunos estados de la UE para que uno de ellos capte los impuestos que les corresponderían a sus vecinos, eso sí, con una importante rebaja para hacerlos más atractivos. Se puede decir que ha sido un fraude consentido.

El mecanismo que ahora está en el ojo del huracán se llama Double Irish y ha hecho fiscalmente muy atractivo que grandes corporaciones, fundamentalmente norteamericanas, instalen sus sedes centrales para Europa en aquel país. Ahora, en época de vacas flacas, parece que los perjudicados (el resto de países de la UE y los EE.UU. principalmente) se han hartado y quieren que esto se termine. La presión parece que ha dado sus resultados porque el gobierno de Irlanda acaba de anunciar que no se podrán acoger a él nuevas empresas y establece un período de transición hasta 2020 para hacerlo desaparecer. Esto, como veremos más adelante, no termina con esta disparidad fiscal y es más un gesto de buena voluntad que otra cosa.

¿Cómo funciona el “Double Irish”?

Este mecanismo ha sido muy rentable para algunas corporaciones y para las arcas del estado irlandés. Corporaciones estadounidenses como Google, Apple, Microsoft o Facebook lo emplean para sus operaciones internacionales y se apoya en determinadas peculiaridades de la legislación de los EE.UU., de las normas algunos estados cómplices de la UE y de las salvedades que establecen con determinadas operaciones de y hacia paraísos fiscales.

Todo comienza en los EE.UU., cuyas leyes permiten que una corporación estadounidense pueda establecer una compañía offshore que explote los derechos de propiedad intelectual de sus operaciones internacionales. El mecanismo empleado para esto es un Acuerdo de Reparto de Costes (Cost Sharing Agreement) entre la compañía madre y la compañía offshore. Este acuerdo les hace fijar unos Precios de Transferencia de los activos que pasan entre ambas compañías, ya que las dos están vinculadas entre sí y se busca evitar la trampa fiscal. Aún así, con este sistema está sucediendo que la compañía offshore puede recibir todos los beneficios de la explotación internacional y no tiene que pagar impuestos salvo cuando repatríe los fondos a los EE.UU.

La estructura de las operaciones en Europa de una corporación que quiera emplear el “Double Irish” requiere que establezca dos empresas en Irlanda. La primera compañía, aún siendo formalmente irlandesa, tendrá su domicilio impositivo en un paraíso fiscal. Esta es la empresa que gestionará los derechos de propiedad intelectual de las operaciones internacionales de la empresa matriz norteamericana. La segunda empresa irlandesa obtendrá entonces la licencia de los derechos de esa propiedad intelectual a la primera y pagará por ello unos importantes royalties. Estos royalties que paga la empresa radicada en Irlanda a la establecida en un paraíso offshore son fiscalmente deducibles. Si a eso le sumamos que es la propia corporación la que decide el valor de estos royalties, es fácil deducir que “lo que queda” en la empresa que declara impuestos en Irlanda será poco. Y además sólo tendrá que tributar allí al tipo reducido del 12,5% sobre sus beneficios.

De este modo se ahorran gran parte de los impuestos comunitarios, pero todo esto es parte de una corporación de los EE.UU. y debería pagar impuestos allí, ¿no? Bueno, existe también un camino legal para que todo esto no se vea como una huida fiscal. Consiste en que la segunda empresa, la que paga sus impuestos en Irlanda, sea una subsidiaria al 100% de la empresa residente en el paraíso fiscal. Y, además, basta con especificarle al organismo fiscal de los EE.UU. (llamado Internal Revenue Service), que son entidades separadas, fiscalmente hablando. En ese caso, los pagos entre esas empresas no estarán sujetos a la fiscalidad de los EE.UU. Y ya está. El grueso del beneficio en Europa tiene la consideración de derechos sobre propiedad intelectual, y estos escapan de las garras de europeos y norteamericanos, sólo son fiscalmente relevantes en el paraíso fiscal. Que les aplica una fiscalidad muy benévola. ¿Te parece un lío? Lo es, pero un lío muy rentable que le ha permitido ahorrar miles de millones de dólares a muchas compañías norteamericanas durante muchos años.

Estados “listos” y “tontos”

El grueso de las operaciones en toda Europa tienen lugar, a efectos fiscales, en un país que les permite pagar sólo por una parte de ellas. Además una gran parte de las cantidades implicadas se considera fiscalmente deducibles, por lo que los beneficios fiscalizables son inferiores a los reales. De este modo, dejan de pagar una gran cantidad de impuestos en los países en los que tienen la verdadera actividad económica y el país con las medidas fiscales “blandas” se “conforma” con aplicarles un gravamen mucho más bajo, pero eso sí, sobre una parte del total europeo. El resto de países de la UE se quedan prácticamente sin nada y los EE.UU. también. Aunque todos tienen parte de culpa. Los países vecinos de la UE por admitir esta anomalía fiscal y Washington por mantener mecanismos legales que permiten que partes de una corporación “escapen” de la fiscalidad norteamericana.

Existe un sistema todavía más rentable, que se conoce como el Sándwich Holandés, y consiste en introducir entre las dos “rebanadas de pan” de las compañías irlandesas, un “fiambre” holandés. Las operaciones intracomunitarias entre las compañías irlandesas y la holandesa son fiscalmente deducibles en Irlanda y Holanda les aplica unos impuestos muy bajos a la parte que le toca. Esto requiere montar una sociedad en Holanda y aumenta la complejidad y los costes, pero también reduce aún más la fiscalidad, por lo que algunas compañías sí ha llegado hasta este extremo con este país, o con Luxemburgo y Suiza que tienen mecanismos similares.

Por el momento Holanda no ha anunciado que vaya a eliminar esta posibilidad, ni Luxemburgo ni Suiza. Sólo Irlanda va a terminar con el “Double Irish”, aunque han dejado la puerta abierta a otro tipo de compensaciones fiscales para que las compañías que han establecido allí sus sedes europeas sigan disfrutando de ventajas económicas y no abandonen el país. Algo así sería catastrófico para el futuro inmediato de Irlanda y no se lo pueden permitir. La sospecha generalizada es que han cedido en lo más visible (el “Double Irish”) pero no van a renunciar a seguir siendo fiscalmente atractivos.

 
Imagen principal: Maxxl2

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