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La falta de sueño ayuda a que los recuerdos dolorosos no se instalen tan sólidamente

Si has tenido una experiencia traumática te vendrá bien no dormir

Imagina que vives una experiencia dolorosa, traumática. Cuando pasa algo así uno de los efectos secundarios del shock es el insomnio y las pesadillas. La falta de sueño hace que al dolor del recuerdo de lo vivido se sumen los efectos del mal descanso. La creencia habitual en estos casos es que cuando alguien pasa por algo realmente duro, lo mejor es darle algo que le relaje y le ayude a dormir. Sin embargo, estudios recientes afirman que lo mejor para ayudar a la persona sería justo lo contrario: impedirle dormir. ¿Por qué?

En condiciones normales el sueño no sólo actúa como elemento reparador y de descanso. Otra de sus funciones, quizá de las más importantes, es la de consolidar los recuerdos. Así, es habitual que soñemos, de forma simbólica, con las cosas que nos han sucedido durante el día o que más nos han impactado. Es la forma que tiene el cerebro de archivar y procesar las vivencias. Los científicos del Sleep and Circadian Neuroscience Institute (SCNi), dirigido por la Universidad de Oxford, se basan en ese mecanismo para sugerir que, en caso de experiencia traumática, lo mejor sería impedir la consolidación de esos recuerdos.

Para probar esta idea tuvieron que exponer a imágenes traumáticas a distintos voluntarios divididos en dos grupos. A uno de ellos les privaron de sueño en el laboratorio, al otro lo mandaron a casa a meterse en la cama a dormir de forma normal. Todos los participantes debían llevar un diario y registrar con el máximo detalle cuándo y cómo se producían recuerdos intrusivos, o lo que es lo mismo, flashes relacionados con las imágenes traumáticas que habían visto.

El resultado fue que ambos grupos seguían el ciclo habitual de recuerdos intrusivos, en el que los recuerdos involuntarios eran más frecuentes en los dos primeros días, para ir paulatinamente espaciándose en el tiempo en los días sucesivos. Sin embargo, aquellos que habían sido privado de sueño tuvieron muchos menos recuerdos intrusivos que los que habían dormido normalmente. La ventaja de dormir es que mejora el rendimiento de la memoria, salvo en los casos en que lo que deseamos, precisamente, es no recordar tan vivamente algo por lo que hemos pasado.

De ser así, quizá el hecho de no poder conciliar el sueño cuando vivimos una situación dramática sea el mecanismo natural del cerebro para evitar que los efectos del trauma se prolonguen en el tiempo y se graben más vivamente en nuestra memoria.

Fuente: Universidad de Oxford

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