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Tres de cada cuatro puestos de trabajo en todo el mundo dependen del agua

Sin agua no hay vida, ni trabajo, ni nada

Para la ONU este es el Día Internacional del Agua. Un día para recordar, desde hace 23 años, la enorme importancia que tiene el agua en la vida de los millones de personas que pueblan el planeta. Un trabajo de concienciación que consume demasiado tiempo, mientras los recursos de agua potable siguen siendo un lujo en muchas partes del mundo. Un lujo que pocos pueden permitirse, mientras que el resto convive con la esquistosomiasis, el dengue, el cólera, la malaria, el tifus, la malnutrición, la diarrea y otras muchas enfermedades que la OMS vincula directamente a la falta de acceso al agua potable.

Cuando beber del grifo, echar agua en una cacerola para hervir un huevo o darse una ducha relajante después de trabajar son gestos normales, es más difícil pensar en lo duro que debe ser reducir tu dignidad como persona a lo más bajo sólo porque hueles mal, porque simplemente no tienes dónde ni cómo lavarte o limpiar tu ropa. No hay que ir a África para verlo. Pero el caso es que el agua no es sólo es un elemento que garantiza la vida, es el elemento que garantiza el trabajo, la industria, el desarrollo tecnológico y todo lo que somos los de este lado privilegiado del mundo.

Según la ONU, tres de cada cuatro puestos de trabajo en todo el mundo dependen del agua. En conjunto son 1.500 millones de personas las que trabajan en industrias como la agricultura, la pesca o la silvicultura, o necesitan del agua para otras muchas actividades económicas.

Se calcula que en EE.UU, cada millón de dólares que se invierte en infraestructuras de abastecimiento y tratamiento de agua genera entre 10 y 20 puestos de trabajo. Pero tampoco se trata sólo de la necesidad de contar con agua limpia para disponer de una pesca eficiente, o de mejores cultivos. Sin agua no se pueden tener cosas tan sencillas y evidentes para nosotros como cuartos de baño en las fábricas, donde los millones de personas que trabajan en ellas puedan hacer sus necesidades y lavarse las manos, o contar con un dispensador de agua potable para beber durante la jornada laboral.

Un bien escaso y caro para los que más lo necesitan

Es terrible pensar que en lugares como Papúa Nueva Guinea, las personas con menos recursos tienen necesariamente que gastar el 54% de sus ganancias de un día para comprar 50 litros de agua, la misma cantidad que estima la OMS que es necesario para una sola persona al día para mantener su salud, higiene y necesidades domésticas. En Gran Bretaña las personas sólo destinan el 0,1% de sus ingresos (sobre salario mínimo) al gasto de agua.

Para 2050 la demanda de agua será mucho mayor, habrá más de nueve mil millones de personas, el mundo querrá más tecnología, se producirán más alimentos de los que se consumen (hasta un 70%) a pesar de que haya tanta gente sin acceso ni a un cuenco de arroz, el calentamiento global repercutirá en el clima y la contaminación de mares y ríos harán que sea mucho más escasa que ahora.

El agua no sólo garantiza la vida o el trabajo, también garantiza un trabajo mejor, más digno, más humano. Por eso no es sólo responsabilidad de las ONGs o de las instituciones internacionales de ayuda prestar atención al aprovechamiento del agua y a su buen uso. Si no nos gusta pensar en que somos (el llamado primer mundo) los principales consumidores de los recursos del mundo a costa de dejar sin esos recursos a millones de personas, pensemos que según la tercera ley de la termodinámica toda acción tiene una reacción o, lo que es lo mismo, lo que hacemos y dejamos de hacer tiene consecuencias. Sería de tontos pensar que esas consecuencias las pagarán otros.

Más información: Mapa del agua en el mundo (EN)

Fuentes: ONU, OMS, Reuters.

 

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