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Australia extrajo datos confidenciales de una firma de abogados de EEUU y se los ofreció a la NSA

Licencia para espiar

Los documentos filtrados por Edward Snowden no dejan de sorprendernos. A las prácticas de espionaje poco ortodoxas de la NSA, justificadas en aras de la seguridad nacional, hay que sumar ahora un extraño episodio protagonizado por la inteligencia australiana.

Al parecer, los compatriotas de Cocodrilo Dundee acudieron a una oficina que la NSA mantiene en Canberra para facilitar la colaboración con las agencias locales para ofrecerles información que habían obtenido de un despacho de abogados y que, según informa The New York Times, incluía datos protegidos por el secreto profesional entre los abogados y sus clientes.

La firma de abogados víctima del espionaje no ha sido identificada gracias a los documentos, pero sí se conoce que el asunto que podía interesar a la seguridad norteamericana era algún tipo de litigio comercial con Indonesia, país al que estarían representando los abogados. Gracias a este dato, el periódico neoyorquino apunta a Mayer-Brown, un despacho de Chicago que en aquel momento asesoraba al gobieno indonesio en los litigios sobre importación de cigarrillos y gambas que mantenía con EEUU.

Aunque la historia es algo rocambolesca y no se sabe si la NSA aceptó la información ofrecida, pone en tela de juicio a los defensores de dar a las agencias de inteligencia barra libre para espiar, confiando en su buen criterio y poniendo la seguridad nacional por delante de los derechos de los ciudadanos. Ese tipo de prácticas, sin una adecuada supervisión, termina torciéndose. No tenemos ninguna duda de que los intereses nacionales de EEUU incluyen cualquier litigio internacional, pero no se trata de un asunto de seguridad nacional. A no ser que las famosas gambas tuviesen como objetivo reproducir el salpicón de marisco de algunos chiringuitos de nuestras costas.

Foto: McZusatz

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