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El 58% de las participantes realizaros después cursos avanzados de informática

Technovation 2019: “La misión es convertir a las niñas en creadoras de tecnología”

Comienza una nueva edición de Technovation, un programa pensado para hacer que las niñas se conviertan en creadoras de tecnología.

El próximo mes de enero dará comienzo una nueva edición de Technovation, un programa pensado para hacer que las niñas dejen de ser sólo consumidoras de tecnología y se conviertan en creadoras, que ha cogido un fuerte impulso en los últimos años, convirtiéndose en uno de los eventos más prometedores en la lucha contra la brecha de género, especialmente en el sector tecnológico.

Durante la presentación de la edición 2019 en la Embajada de EE.UU. Lorena Martín, embajadora de Technovation desde 2016, recalcó que no solamente hay escasez de mujeres en STEM, también faltan hombres, pero la brecha de género es significativa de que hay algo que falla en la percepción de hombres y mujeres hacia estas carreras. En concreto, la brecha es del 19% en la OCDE, mientras que en España es del 12%.

Es habitual, comentó Martín, ver una mayoría de hombres en las fotos de grupo de las olimpiadas informáticas o en las asociaciones de profesores de estos campos. “Technovation se enfoca en la trampa de la endoculturación de nuestra sociedad, que hace que las niñas quieran ser otra cosa, pero no makers. La sociedad no las dirige en ese sentido y desde los 6 años ya tienen condicionantes. En la época del instituto no quieren arriesgarse, quieren destacar pero no ser criticadas ni ir contra corriente, y encima no existen roll models. El programa intenta atajar todo eso”, señala Martín.

Más inspiración

Technovation comenzó en 2009 en EE.UU. y, desde muy temprano vio las enormes posibilidades que tenía escalar el programa, así que lo pusieron todo en abierto y, por medio de equipos de voluntarios, cada año se va promocionando y desarrollando en más y más países. Ahora ya son más de 120, y han pasado por el programa más de 20.000 niñas.

La misión es inspirar a las niñas a través de un proyecto de desarrollo tecnológico con una idea de negocio que se trabaja en equipo. La condición es que sea un proyecto social que ayude a resolver un problema de la comunidad en la que viven las niñas. Durante 12 semanas, desde enero a abril, las niñas trabajan con una mentora del equipo de voluntarios, que les guía sobre cómo desarrollar tanto la aplicación como la idea de negocio. Una  vez completados, los proyectos se presentan en una serie de concursos regionales y, los que vencen ahí pueden pasar a la final mundial que se celebra en agosto en San Francisco.

El éxito de la iniciativa no se verá hasta dentro de unos años pero, de momento hay cifras que avanzan el buen rumbo que lleva. Según Martín, el 54% de las niñas que han participado han dicho sentirse motivadas a estudiar temas relacionados con la tecnología y el emprendimiento, y el 58% han realizado después cursos avanzados de informática. En cualquier caso, explica Martín, “no nos preocupa tanto si las niñas repiten en el programa, sino que las destrezas que han adquirido les sirvan a futuro”.

Hace tres años participaron en Madrid 7 niñas, luego fueron 100 y el año pasado 400. En España fueron 1.000, lo que sitúa a nuestro país en el segundo lugar de participación por detrás de EE.UU. A lo que hay que sumar que esta pasada edición contó con dos equipos españoles en la final de San Francisco.

Todos los que participan de soporte en el programa, desde la organización a los mentores, los colaboradores y los jueces, son voluntarios. Cada año, muchas de las mujeres que colaboran en alguna de las vertientes del programa dedican buena parte de su tiempo no sólo a trabajar con las niñas, sino también a hacer promoción dentro de sus empresas para que sus compañeros y compañeras animen a sus hijas  a participar o colaboren ellos mismos. Este ha sido el caso de Sonia Marzo y de María José Monferrer.

Un legado para el futuro

Sonia Marzo es directora de Centros de Innovación y responsable de Emprendedores de Microsoft. Tras 20 años de experiencia profesional su planteamiento fue el de querer crear impacto y dejar un legado para el futuro. Ella fue una de las primeras “camadas” de Promociona, donde tuvo ocasión de conocer a muchas otras mujeres con las que ahora comparte proyectos, y fue de ahí de donde surgió la idea de participar como voluntaria en Technovation.

A través de distintas iniciativas Marzo trabajó con jóvenes universitarias y mujeres en los inicios de sus carreras profesionales, pero el problema está mucho antes, cuando son niñas, porque hay un momento, antes de los 11 años, en el se sitúa el punto de inflexión, ese en el que se interesan o dejan de interesarse por la tecnología. Ahí es donde Marzo quería trabajar.

La experiencia en Technovation le llevó a “tener que contar a mis propios hijos por qué trabajaba en mi tiempo libre con esas niñas, sumado al hecho de que eran adolescentes con una forma de comunicarse totalmente diferente a lo que se vive en el mundo laboral”. Su equipo fue uno de los que viajó a la final de San Francisco. Una experiencia que Marzo describe como “de impacto global para mi familia, en el trabajo, en las niñas, en sus familias y en mí misma”.

Ahora, anuncia Marzo, se va a lanzar el proyecto para todos los empleados de Microsoft. No es necesario saber programar, sino dedicar el tiempo, el cariño y el conocimiento para acompañarlas en el proyecto de emprendimiento, guiarlas cuando hay conflictos y enseñarles a resolverlos. Marzo recuerda el lema de Promociona: “Lo que creemos es lo que creamos”, y apunta que “si queremos servir a la sociedad tenemos que entenderla. Yo creo en esto, y por eso lo hago”.

Más allá de los proyectos

María José Monferrer es Procurement Manager en BT para España y Portugal. Como Ingeniera de Telecomunicaciones ha vivido lo que es ser “el bicho raro” como mujer y teleco. Su participación en Technovation es puro entusiasmo. Como Marzo, cree absolutamente en lo que hace, y eso se deja ver no sólo en el trabajo que ha hecho estos tres últimos años como mentora, sino en la fuerza de arrastre que muestra dentro de su propia empresa. Precisamente, el otro equipo español que viajó este año a San Francisco para llevarse una medalla de plata era de BT.

El éxito de las primeras ediciones, en las que mentorizó un equipo en el que participaba su hija y que ganó la final regional, animó a su empresa a expandir el proyecto entre los empleados que va a empezar a expandirse por los distintos países donde BT tiene oficinas gracias al apoyo, entre otros, de la propia Fundación BT y de Gender Equality Network.

Lo importante para Monferrer es ir más allá del concurso. Las ideas de negocio que plantean las niñas nacen de necesidades reales de sus comunidades, por lo que el éxito no está en llegar a San Francisco, sino en ayudar a solucionar un problema. Por eso este año, el proyecto de un equipo de Valencia con el que colabora Monferrer ha decidido seguir adelante con su proyecto: unas pulseras geolocalizadoras para mujeres víctimas de violencia de género. Ahora están dentro de una iniciativa de emprendimiento en la que colabora el Ayuntamiento de Valencia para desarrollarlas y hacerlas llegar a las mujeres que las necesitan.

Para Monferrer hay que “ir más del proyecto de implicar a las niñas y crear emprendedoras”. Las cifras que aporta Monferrer son demoledoras, y respaldan la necesidad de fomentar y apoyar programas como este, especialmente en el sector privado. Según explica Monferrer de media, en los países de la OCDE el 25% de los chicos y el 24% de las chicas declararon querer dedicarse a una profesión relacionada con las ciencias, pero ambos lo enfocan de manera distinta. Por un lado las chicas se ven más como profesionales de la salud, mientras que los chicos aspiran más a ingenieros, informáticos o científicos (según un informe PISA).

Ese mismo informe apunta que el 57% de los graduados en la UE son mujeres, sin embargo, solo el 24,9% son STEM y las mujeres en STEM representan un 13% en 2017 frente al 15% en 2011 (tendencia negativa). Monferrer señala que hace falta un cambio cultural e incentivos que promuevan el emprendimiento tecnológico. “Si no se ponen medidas, el rápido crecimiento perpetuará la brecha y los estereotipos”, apunta.

Algo que coincide, según explica Monferrer, con el informe de World Economic Forum que apunta a que el crecimiento tecnológico actual puede perpetuar el “gap”, por lo que trabajar por la diversidad en talento y liderazgo es realmente acuciante. Hay competencia por el talento, pero el talento STEM es escaso. Un informe de McKinsey sugiere que las compañías deben utilizar su RSC y su esfuerzo filantrópico para facilitar el camino de entrada de las mujeres al sector. En ese sentido Monferrer explica que “el sector tecnológico debe lograr la diversidad de género con soluciones innovadoras, trabajando en programas colaborativos y con discriminación positiva, como Technovation”.

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