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La tecnología de carga rápida Supercharger aspira a convertirse en el estándar del mercado

Tesla abrirá sus patentes para promover el coche eléctrico

Para que la adopción del coche eléctrico sea una realidad es necesario que sus usuarios no estén en desventaja respecto a los modelos con motores de explosión. Para ello es crítico desarrollar una red de puntos de recarga que permitan recorrer largas distancias repostando en un periodo de tiempo razonable. En ese campo Tesla dispone de algunas ventajas competitivas, en forma de patentes.

Pero, ¿qué pasa cuando tener el uso exclusivo de una tecnología que has desarrollado no es tal ventaja? Eso es lo que ha debido rondar la cabeza de Elon Musk, fundador y CEO de Tesla, durante los últimos tiempos. De poco sirve disponer de una ventaja sobre tus competidores si el principal desafío es el de hacer crecer un mercado que es todavía extremadamente pequeño.

Por eso, Musk llevaba algún tiempo dando a entender a los accionistas que iba a tomar algunas decisiones que podían resultar polémicas. Ayer, durante la presentación del modelo Tesla S en el mercado británico fue bastante más explícito: el plan de Musk es abrir las tecnologías que han desarrollado para sus cargadores rápidos, de manera que sus competidores también puedan utilizarlas. De este modo, todas las compañías interesadas en que la cuota de mercado de los vehículos eléctricos aumente, cooperarían para desarrollar redes de carga que faciliten a los usuarios el uso de sus coches eléctricos.

La idea no es, sencillamente, poner la tecnología de los Supercharger de Tesla en manos del resto de fabricantes. La idea es utilizarla para, basándose en ella, alcanzar un estándar de la industria que facilite su despegue. Y tiene sentido. Muchos de los usuarios de coches eléctricos Tesla instalan sistemas de carga específicos en sus garajes para conseguir recargar las baterías en plazos muy cortos (desde 20 minutos para una carga al 80%). Además, Tesla está desplegando una amplia red de Supercharger que, en algunos casos, compite con los cargadores de otros fabricantes.

La creación de un estándar no sólo permitiría la cooperación entre agentes de una industria minoritaria que debe competir con la gran industria del automóvil convencional. También haría más atractiva la inversión privada en este servicio. En la actualidad, invertir en estaciones de repostaje para vehículos eléctricos tiene dos grandes barreras. La primera es el poco uso que tienen este tipo de estaciones, algo que se solucionará a medida que aumente la demanda. La otra barrera es la falta de garantías en un mercado en pleno despegue: nadie quiere invertir en una tecnología que puede quedarse obsoleta antes de haber empezado a funcionar. Un estándar respaldado por los principales fabricantes aportaría confianza y abriría la puerta a que los propietarios de estaciones de servicio amplíen su oferta con un Supercharger válido para la mayoría de eléctricos en circulación.

Queda por ver en qué condiciones se produce esa decisión y qué opinan los accionistas de Tesla. La capacidad de Musk está fuera de toda duda pero la decisión, en un momento en que las patentes son objeto de grandes compras y ventas, demandas y licencias millonarias, puede dar a entender que la compañía, cotizada en bolsa, pierde valor.

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