" />
Obstáculos
ZOOM
GALERÍA
0 COMENTARIOS

Nuestra experiencia previa puede ser un obstáculo a la hora de enfrentarnos a problemas nuevos

Todo el mundo tiene problemas pero, ¿sabes cómo se resuelven?

El ser humano ya viene “de fábrica” con la función “subjetividad” activada. Quizá por eso, a pesar de todo lo que vemos que pasa a nuestro alrededor, se suele caer en la idea de que somos los únicos que tienen problemas, o que los nuestros son más importantes que los de los demás. Pero la realidad es que todo el mundo tiene problemas y, lo que es seguro es que, para la mayoría de las personas, sus problemas tienen algo que no tienen los problemas de los demás: son enteramente suyos. Quizá la palabra “problema” tiene ya ciertas connotaciones de negatividad, y lo que más deseamos en la vida es no tener problemas, pero sería como desear no tener aire. Si cambiamos “problemas” por “retos” o “pruebas”, estaremos más cerca de entender que sin problemas no podríamos vivir, ni habríamos aprendido a caminar, ni a leer, ni a comer solos. Todas esas cosas fueron, en su momento, problemas para nosotros. No muy diferentes, en esencia, de los que podamos tener en la actualidad. Dicho esto, lo que nos queda es conocer el proceso por el cual aprendemos a resolver los problemas.

Problemas hay de muchos tipos. Los hay más agradables como los pasatiempos, y menos deseables, como una enfermedad o un despido, pero los mecanismos psicológicos con los que hacemos frente a nuestros retos son, básicamente, similares, aunque influyen en ellos diversas variables. Y es en ese mecanismo en el que se basó un estudio publicado en el Journal of Cognitive Psychology en 2013 y que ahora difunde la Association for Psychological Science.

¿Cómo creamos las estrategias para resolver los problemas?

Esta es una interesante cuestión para la psicología. Infinidad de personas sienten, en algún momento de su vida, que no son capaces de enfrentarse al problema que tienen delante. Ciertamente los problemas nunca son los mismos. Las dificultades se presentan, a lo largo de nuestra vida, de diferentes formas, pero la manera en la que acostumbramos a enfrentarnos a ellas suele ser la misma. Para conocer más esos mecanismos, un grupo de investigadores desarrolló un experimento compuesto de tres pruebas distintas.

En uno de ellos se le planteó a los participantes un problema en el que habían usado cerillas para montar una serie de cuadrados unidos. Los participantes debían ir eliminando cerillas del conjunto, pero manteniendo intactos un número determinado de cuadrados. Lo interesante de este problema es que no tiene una única solución, sino que es posible desarrollar distintas tácticas para alcanzar el objetivo. Con este problema los investigadores observaron cómo se desarrollaban las tácticas cuando los participantes se encontraban primero con este problema. Encontraron que había ciertos límites en el desarrollo de las estrategias, influidos por la percepción sobre el despliegue de las cerillas. Habitualmente se usaban tácticas en las que se tenía en cuenta la simetría y los salientes antes que cualquier otra posibilidad, aún cuando había más posibilidades que no incluían estas características.

Luego, para comprender el desarrollo de las soluciones en la línea de tiempo, los investigadores pidieron a los participantes que resolviesen una serie de problemas con cerillas al tiempo que iban contando en voz alta su proceso mental para completarlos. Gracias a esto se vio que la resolución de problemas se lleva a cabo en dos etapas. Lo primero es explorar las diversas tácticas, con mayor o menor éxito y, en un segundo paso hacen uso de su propia experiencia para ir reduciendo el número de tácticas y facilitar el proceso de toma de decisiones. Habitualmente se decantan por las tácticas en las que saben que tienen más posibilidades de éxito, aquellas en las que se consideran más fuertes. Sin embargo, conforme las personas empiezan a desarrollar más confianza en su recién descubierto conocimiento táctico, empiezan a cambiar la forma de crear las estrategias, pasando a una evaluación más profunda de las posibles soluciones.

En la tercera prueba, también con cerillas, tuvieron que hacer dos tipos de evaluación. En la primera tenían que completar una serie de problemas con soluciones similares. Luego, completar cuestiones en las que se precisaba emplear tácticas nuevas. El resultado fue que los participantes se sintieron con dificultades para dejar de lado las tácticas con las que habían aprendido a tener buenos resultados y empezar a adoptar nuevas estrategias.

Al final de las tres pruebas los investigadores llegaron a la conclusión de que cuando la gente debe hacer frente a un problema, sus movimientos iniciales se restringen a causa de la percepción del problema. Luego, conforme ponen a prueba diferentes tácticas y las van afinando y asumiendo como las más eficientes, ese mismo conocimiento les limita para ser ágiles cuando el problema que se les plantea lo que requiere, precisamente, es cambiar de táctica.

No siempre lo conocido es lo mejor

Dicen que el hombre es animal de costumbres. De alguna forma, detrás del experimento de las cerillas lo que se encuentra es la tendencia a generar hábitos, no sólo en lo físico, sino también en lo psicológico y en lo mental. Al enfrentarnos a un problema tratamos de identificarlo, reconocerlo, clasificarlo y, cuando no podemos hacerlo, cuando no sabemos a qué nos enfrentamos, no sabemos encontrar la forma de resolverlo. Conforme aprendemos a resolver determinadas cuestiones aplicamos lo aprendido a los futuros retos, y ese conocimiento pasa a formar parte de nuestro arsenal de respuestas “programadas”. Tenemos más opciones, pero si se vuelve a presentar un problema desconocido, volvemos a reaccionar igual, buscando aplicar las soluciones conocidas en lugar de valorar otras nuevas. Es como si tuviésemos un martillo. Si nos dicen que clavemos un clavo será perfecto, pero si nos piden que cortemos una tabla, lo primero que tendremos que ver será que el martillo, para eso, no sirve, y que la herramienta adecuada para nuestra misión, si no está ya en nuestro poder, hay que ir a buscarla.

Fuente: Association for Psychological Science 

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: John Haslam

No comments yet.

Deja un comentario