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Los pájaros han aprendido cómo "firmar" sus huevos para distinguirlos de los del cuco

Trucos de la evolución para ser más cucos que el cuco

No por nada se llama cuco al cuco. O más bien, no por nada se llama cuco a aquel que se comporta de forma astuta en su propio interés. La razón hay que buscarla en un pájaro llamado, ¡claro está!, cuco. Un ave más avispada de la cuenta que aprovecha las ausencias del nido de los apresurados papás para depositar un único huevo y, así, que sea otro quien se los incube y cuide. El abusivo engaño llega a tal grado que al nacer, el polluelo cuco se deshace de los otros huevos o crías. Básicamente elimina toda competencia posible. Es más, si hubiera otro cuco en el mismo nido, ambos pelearían en plan “sólo puede quedar uno”. El resultado es el de unos pobres y estresados padres capturando insectos hasta el agotamiento para alimentar a un polluelo que les dobla el tamaño. Es casi como un Jabba el Hutt derramando sus emplumadas carnes por los límites del nido. La ventaja de tener cerebro de pájaro es que no llegan a darse cuenta de que ese pollo no se parece a ninguno de los dos.

La clave para que el cuco consiga que sea otro el que corra con las penurias de alimentar a su prole está en su capacidad para imitar el patrón de manchas de los huevos de otros pájaros. Pero la clave de la supervivencia de las especies parasitadas por el cuco está en saber distinguir los huevos propios de los ajenos y, gracias al proceso evolutivo, disponen de un interesante medio para lograrlo. Los pájaros han aprendido a crear, en el patrón de manchas de sus huevos, una “firma” única y reconocible por ellos. Así que pueden proceder al desahucio inminente del pájaro gorrón y asegurar la supervivencia de su propia nidada.

Para comprobar cómo los pájaros eran capaces de identificar los patrones de manchas como propios, los investigadores de la Universidad de Cambridge Rebecca Kilner y Christopher Town, junto con la profesora de la Universidad de Harvard Mary Caswell Stoddard desarrollaron una herramienta que identifica los patrones visuales de las manchas para entender cómo hace el cerebro del pájaro anfitrión para “ver” sus huevos. Lo que descubrieron les dejó bastante asombrados, porque vieron que, efectivamente, hay especies que han desarrollado un patrón propio claramente visible e identificable, mejor que el esquema de contar sólo con unas pocas manchas poco reconocibles.

Aunque lo cierto es que se trata de una carrera sin final y sin vencedores, porque cada vez que el cuco logra infiltrarse como parásito en nido ajeno, las aves parasitadas comienzan a desarrollar habilidades para que el cuco no tenga tan fácil el truco del mimetismo. Y cada vez que el cuco es descubierto, un mecanismo se activa en la especie, y pronto comienzan a ser capaces de imitar las nuevas manchas. “La capacidad de los cucos comunes para imitar la apariencia de muchos de los huevos de sus anfitriones se conoce desde hace siglos. Lo sorprendente aquí es que los anfitriones pueden luchar contra el mimetismo del cuco por medio de la evolución de los patrones de sus huevos para hacerlos altamente reconocibles, al igual que un banco inserta marcas de agua en su moneda para disuadir a los falsificadores “, explica Stoddard.

Por su parte, Kilner explica que lo que más a asombrado a los investigadores ha sido comprobar cómo los pájaros usan diversas vías para lograr identificar al farsante. Algunas especies han desarrollado patrones repetidos en una misma nidada, otras especies usan patrones totalmente diferentes de una hembra a otra dentro de la misma población. Otros son capaces de crear huellas en sus huevos realmente complejas visualmente. Por sí misma, cada una de estas estrategias es bastante efectiva, e incluso se han observado casos de especies que ponen en práctica dos de estos métodos al mismo tiempo, aunque no los tres.

No se sabe cómo hacen los pájaros para decirle a sus genes que tienen que parchear un fallo en la seguridad, ni cómo hace el cuco para explicarle a los suyos que los han descubierto y hay que empezar a buscar una nueva puerta trasera. El caso es que hace miles de años que lo hacen y, gracias a eso, el frágil equilibrio natural se mantiene. Nada está estático en la Naturaleza. Todo está en movimiento. Sin duda.

Fuente: Universidad de Cambridge 

Imagen: Wikimedia Commons. Autor de la imagen del huevo: Ren West. Imagen editada FGS.

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