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Asegura que pueden crear 50.000 puestos de trabajo en Europa

Uber busca un acuerdo con Europa

El desafío para Uber tras ser prohibido en varios países europeos, entre ellos España, es encontrar un encaje legal para sus servicios en la compleja y variada regulación de los países europeos. A cambio, prometen crear empleos en las ciudades que permitan que sus servicios funcionen.

Travis Kalanick, CEO de la compañía, lo ha explicado así en una charla en la que ha dicho que en 2015 pretenden «crear nuevos acuerdos con ciudades europeas» en los que podrían crear «hasta 50.000 empleos» y nuevos ingresos para las administraciones a través de impuestos. Sin embargo, añade, las regulaciones les complican el despegue porque están pensadas para proteger a la industria del taxi.

No le falta razón. En Madrid, por ejemplo, las licencias de vehículo con conductor se conceden en cantidad proporcional al de licencias de taxi operando. Es una normativa que favorece a la industria del taxi, pero limita cualquier innovación en ese sentido. Los taxistas, por su parte, temen que si esas limitaciones se superan, ellos pierdan parte de su negocio.

Muchas de las críticas a Uber desaparecerían si esa regulación cambiase. Se acusa a sus conductores de no pagar impuestos o de no tener las licencias necesarias para un coche destinado al servicio público. El control al que la compañía somete a quienes quieren trabajar con ellos (que no para ellos) es estricto, pero en Europa eso no es suficiente. En nuestra cultura es necesario obtener licencias y homologaciones varias para prestar un servicio que, con la regulación actual, son imposibles de obtener.

Una regulación que habilite tanto a conductores como a vehículos no sólo sería una garantía para los pasajeros. También facilitaría que los conductores que presten servicio vía Uber estén al día con sus impuestos. Es una de las críticas que más hacen los taxistas que, sin embargo, se les puede volver en contra: un conductor debidamente regulado pagará tantos impuestos como un taxista (los que corresponden a un trabajador autónomo), sin tener autorización para usar paradas de taxi o ser parado por los viajeros en la calle.

Sin embargo, esas ventajas a la hora de salir a buscar clientes o de tener espacios públicos reservados a su actividad en calles, estaciones y aeropuertos no parecen suficientes a muchos taxistas que ven cómo la crisis ha reducido notablemente sus ingresos. A los gastos habituales en un negocio, como impuestos o mantenimento del vehículo, se le suma el del coste de la licencia. Estas sufrieron también su propia burbuja en la época en que el dinero pasaba de mano en mano con facilidad y los créditos se concedían con bastante alegría.

En una economía de mercado, la regulación de cualquier actividad privada se establece para proteger al usuario y a la sociedad, no a la inversión privada. Y quizá, en ese sentido la regulación se ha quedado antigua. Existen otras formas de transportar pasajeros y mercancias y es necesario evolucionar. Pero sería poco responsable hacerlo a costa de desmontar un sector, en el que muchos emprendedores han invertido grandes cantidades de dinero. Aunque sea una mala inversión, aunque se trate de una burbuja, como parece demostrar que los precios hayan caído en los últimos siete años.

En Madrid, una licencia cuesta actualmente 140.000 €, según la asociacion Gremial del Taxi, aunque algunos taxistas han declarado a este medio haber adquirido sus licencias por menos de 120.000. En 2007, según la Gremial, costaban unos 200.000 €. Es decir, que las 15.500 licencias que operan en Madrid han perdido casi 1.000 millones de valoración en estos años de crisis. Los conductores que tienen una segunda «hipoteca» metida en el taxi ven que les cuesta cubrir sus gastos y ganarse un sueldo, y las expectativas de vender la licencia y recuperar el dinero o incluso obtener plusvalías se han esfumado.

Por ese motivo, los acuerdos a los que las administraciones y Uber lleguen para abrir el sector deben hacerse, si es posible, contando con los taxistas. Para eso, Uber tiene la llave. Precisamente en San Francisco, ciudad que vio nacer a la compañía, el servicio que cuenta con una mayor flota de coches es Uber Taxi. Kalanick ya sabe que no puede imponer sus reglas en España y en otros países, es la hora de que todas las partes implicadas se sienten a negociar la regulación para los próximos años.

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