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La herramienta estará a disposición de periodistas y profesionales de la salud

Un detector de mentiras para redes sociales

Decía el doctor House que «todo el mundo miente». Una afirmación demasiado contundente que guarda una parte de verdad y (vaya) una parte de mentira. Las razones para mentir o para no decir la verdad (que son cosas diferentes) resultan variadas. Unas veces es apariencia, maldad, pereza, otras pudor, en ocasiones miedo y, también, por qué no, ganas de añadir confusión y esparcir rumores.

En los últimos tiempos, eso que se ha dado en llamar el Big Data, ha tratado de encontrar maneras de analizar masivamente toda la información contenida en las redes sociales. Por alguna ingenua razón se llegó a afirmar que, en las redes, la gente es más propensa a decir la verdad. Así que como si fuese un multitudinario y público confesionario, algunas empresas invirtieron una buena cantidad de dinero en crear algoritmos de análisis que detectaran tendencias en la redes sociales e, incluso, ayudasen a predecir qué película iba a «petarlo» en el cine, o qué candidato ganaría las elecciones. Para luego encontrarse con que la verdad es que la gente no dice toda la verdad. Es más, las redes sociales se han convertido en el gran difusor de la mentira. No porque todo sea falso, ni mucho menos, sino porque las falsedades se difunden con una rapidez pasmosa, y el exceso de informaciones y desinformaciones es tal que cuesta trabajo distinguir lo aproximadamente cierto de lo que no lo es.

Muchos medios han contribuido inconscientemente a la difusión de la mentira por la dificultad que entraña localizar las fuentes reales de un rumor. Simplemente, la rápida expansión de las noticias a través de las redes y el eco que tienen en el resto de los usuarios, contribuyen a generar la idea de «verdad». Para cuando se descubre que es un fake ya ha ocupado portadas.

Kalina Bontcheva, investigadora de la universidad de Sheffield, ha desarrollado un sistema que pretende medir en tiempo real, justamente, si una publicación en redes es cierta o no. La herramienta también permitiría identificar las cuentas que se crean específicamente para difundir rumores y falsedades. La cuestión es que las redes sociales aportan mucha información útil y a una velocidad muy difícil de superar. Cualquier cosa que ocurra al otro lado del planeta, podría conocerse en todo el mundo en cuestión de segundos con sólo enviar un tuit o publicarlo en Facebook. El problema está cuando se usa ese mismo canal para saturar la red de noticias falsas y se pierde la confianza en que lo que se lee, sea cierto.

Con el modelo «discernidor» de Bontcheva, se buscan patrones, se analizan los textos (de momento imágenes no, por la complejidad técnica que tiene distinguir las manipulaciones fotográficas), y categoriza las fuentes de información para valorar su credibilidad. Ahí se incluyen periodistas, expertos, notas de prensa, supuestos testigos oculares, público y también los programas que generan mensajes automáticos para redes sociales. De esta manera, Bontcheva asegura que el modelo es lo suficientemente exitoso como para que pueda usarse a futuro por los periodistas y profesionales de la salud, y espera tener el primer desarrollo listo en unos 18 meses.

El objetivo es poder minimizar el impacto que determinados rumores tienen en la sociedad. La noticia de la muerte de Justin Bieber, que alguna que otra vez se ha difundido a través de Internet, es un jugoso rumor, pero no resulta más peligroso que el que siga vivo. Sin embargo, noticias sobre la expansión de enfermedades, el alarmismo por epidemias o catástrofes naturales e, incluso, los accidentes aéreos, son algunas de las preferidas por los creadores de fakes, y más dañinas en el caso de extenderse sin el freno de la verdad, llegando a generar situaciones de alarma social que luego requieren mucho esfuerzo para calmarse, y de los que siempre quedan rescoldos de duda. ¿O nadie ha recibido un correo avisando de que las farmacéuticas no quieren que sepas que el limón es el más potente anticancerígeno que ha hace que una tribu perdida de la amazonia no conozca ninguna de las enfermedades que nos azotan, pero lo ocultan porque no les interesa económicamente que se sepa?, ¿y no se plantea uno el difundirlo «por si acaso»? El mejor truco que usa la mentira para calar en la mente de las personas es que se vista con algo de verdad. Si sabemos que las farmacéuticas tienen poderosos intereses económicos y que son capaces a veces de cosas poco éticas para mantenerlos, ¿qué problema hay en creerse lo del limón?

Una herramienta así puede contribuir beneficiosamente a evitar la propagación de falsedades y a localizar las fuentes de propagación de rumores. El nombre con el que lo han bautizado es Proyecto Feme, como el personaje de la mitología griega que difundía todo tipo de rumores, y se espera que tenga una duración de tres años, contando con la implicación de cinco universidades: Sheffield, Warwick , el Kings College de Londres, el Saarland en Alemania y Modul en Viena; junto con cuatro empresas que también están tomando parte: Atos, iHub , Ontotext y Swissinfo. Preocupémonos cuando caiga en manos de los publicistas.

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Vladimir Menkov

Fuente: BBC News y página de Kalina Bontcheva 

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