" />
hombre enfadado
ZOOM
GALERÍA
0 COMENTARIOS

Aumentan el estrés crónico, la ansiedad, la hipertensión arterial y los infartos

Un mal jefe puede hacer que los empleados enfermen

Como diría el amigo Platón, no todo el mundo puede pilotar un barco. En el caso de las empresas es exactamente igual: no todos sirven para jefes. Aunque mandar es algo que puede hacer todo el mundo, saber cómo mandar es harina de otro costal. Sin meternos a hablar de algunas de esas empresas pajoleras que se han sumado a la moda del liderazgo, y reparten alegremente cursos y formaciones para convertir a las personas en “amos de su destino y capitanes de su alma” sin tener en cuenta más que la cuenta… de lo que sí hablaremos es de cómo los malos jefes, los jefes que gustan de emplear el temor y el miedo en su gestión, pueden llegar a hacer que sus empleados se enfermen de verdad. De hecho, el jefe que amedrenta a sus subordinados directos no sólo les afecta a ellos; el temor acaba calando en todos los rincones de la oficina y el mal se generaliza.

Un equipo de psicólogos de la Universidad de Drexel, dirigido por Mary Bardes Mawritz, investigaron cómo la perniciosa acción de uno de esos que se conocen como “jefe cabrón” podía elevar las tasas estrés crónico, ansiedad, hipertensión arterial y ataques al corazón entre los empleados de la oficina. Los investigadores partieron de la hipótesis de que si desde la cabeza rectora de la empresa se toleran los comportamientos abusivos, esa actitud se va extendiendo por las ramas más bajas de la jerarquía hasta establecer los malos tratos en toda la organización.

El estudio abarcó todo tipo de sectores y áreas empresariales y gubernamentales, desde grandes compañías tecnológicas a pequeñas empresas de la hostelería, agencias de seguros, venta al por menor, etc. En cualquier caso el resultado era el mismo, quizá porque como gustaba de decir Miss Marple, “la naturaleza humana es la misma en todas partes”. Así es que, cuando el gerente o el jefe tenía comportamientos abusivos con sus subordinados, esos abusos se extendían hacia los subordinados de los subordinados hasta casi el final de la escala. Básicamente, los de abajo imitan lo que ven arriba. Es el principio básico de la educación (o la mala educación): el ejemplo.

Cuando el clima general de un entorno de trabajo es hostil, las personas que trabajan juntas también manifiestan esa hostilidad, y entre ellas sienten que son rivales, en lugar de compañeros, se vuelven más susceptibles y aumenta la desconfianza. Sin embargo, cuando los niveles de hostilidad entre las capas altas es menor, es mucho más difícil que esos comportamientos calen hacia abajo. según sugieren los investigadores, cuando ese clima de hostilidad es bajo y el jefe se comporta abusivamente con alguien, los compañeros tienden a apoyarle en lugar de comportarse como enemigos, pero es necesario que el entorno aún no haya sido “contaminado” por la mala baba del mandamás.

El estudio resulta interesante desde el punto de vista de las corporaciones que, hasta el momento, opinaban que bastaba deshacerse de la “manzana podrida” para que todo volviera a su cauce. Si bien es cierto que al eliminar al o a los causantes de los comportamientos abusivos las cosas pueden reconducirse, si el comportamiento ha calado entre los subordinados, este puede perdurar aún después de que el foco del mal haya sido extirpado, con las consecuencias para la salud física y mental que todo eso conlleva.

Imagen: Wellcome Images 

No comments yet.

Deja un comentario