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La inmunoterapia "a la carta" multiplica hasta por tres la esperanza de vida

Un nuevo avance en la guerra contra el cáncer

Uno de los aspectos por los que el ser humano se diferencia de prácticamente cualquier otra forma de vida (al menos de las que conocemos) en nuestro planeta, es por su (nuestra) capacidad de ir cada uno a su aire, marcando diferencias que en algunos puntos pueden ser irreconciliables. Por eso, encontrar asuntos en los que la opinión global coincide es, como mínimo, algo a valorar muy seriamente, pues el ser humano sólo se pone de acuerdo con la inmensa mayoría de sus congéneres en circunstancias muy delimitadas y con asuntos muy, muy concretos. Uno de ellos es, sin duda, que a todos nos recorre un escalofrío al escuchar o leer la palabra cáncer, cuando ésta hace referencia a una de las enfermedades más devastadoras conocidas por el ser humano. Según datos del National Cancer Institute de Estados Unidos, aproximadamente el 13% de las muertes (de todas las muertes) de seres humanos tienen como causa el cáncer. Más de uno de cada diez. No en vano, la oncología es una de las disciplinas de investigación médica que más apoyo recibe en la actualidad, tanto por las instituciones públicas como por no pocas entidades privadas, ya sean con o sin ánimo de lucro. Y uno de los estupendos ejemplos de que ese esfuerzo proporciona resultados tangibles, es que un nuevo avance posibilita, con una vacuna, multiplicar por tres la esperanza de vida de pacientes con cáncer.

Los resultados del estudio (que todavía está en curso) dirigido por el doctor Robert Figlin, en el Samuel Oschin Comprehensive Cancer Institute de Los Angeles, parte de la Fundación Cedars-Sinai, del que se extraen tan positivas conclusiones son, sin duda, una puerta abierta al optimismo: de 21 pacientes con cáncer de riñón y tratados con esta vacuna, aproximadamente la mitad sobrevivieron dos años y medio desde que la enfermedad comenzó a extenderse. Y, aún más relevante, cinco de ellos siguen vivos cinco años después, una longevidad muy por encima de la media tras el diagnóstico de este tipo de cáncer en esa fase de la enfermedad. El tratamiento, al igual que otros que se están investigando en la actualidad, se basa en emplear el propio sistema inmune de los enfermos, consiguiendo que sea esté quien plante cara a las células cancerígenas durante el desarrollo de la enfermedad.

En este nuevo enfoque coinciden investigadores de múltiples instituciones, con los esfuerzos de laboratorios farmacéuticos de todos los tamaños, pues los resultados obtenidos en las primeras fases de diversos ensayos clínicos, indican que, aplicando los nuevos conocimientos a este sistema (que ya fue probado, pero sin éxito, hace años), ahora sí que puede marcar una diferencia. EL principal ejemplo de ello es un estudio clínico, por ahora en fase I, que realiza funciones moduladoras en el sistema inmune de pacientes con melanoma metastásico. Aproximadamente el 50% de los participantes que fueron tratados con la dosis más alta del fármaco en estudio vieron como sus tumores encogían y, en algunos casos, llegaban a desaparecer. La esperanza de vida para pacientes de melanoma metastásico de última fase es de menos de un año, pero la mayor parte de los participantes en el ensayo que respondieron al tratamiento seguían con vida pasado ese plazo.

Tanto este como otros muchos tratamientos, parten del conocimiento de que existen ciertos factores que bloquean al sistema inmune, impidiendo que éste pueda plantar cara a las células cancerosas. Así, en vez de intentar atacarlas «desde fuera», lo que resulta mucho más intrusivo, gana mucho sentido la posibilidad de dotar al sistema inmune de las «herramientas» que necesite, para que sea él quien le plante cara. Prueba de ello es que al estudio de la farmacéutica Merck que te contábamos hace un momento, se suman otros de Roche, GlaxoSmithKline, Bristol-Myers y otros tantos. Y también los investigadores especializados en oncología se muestran optimistas al respecto.

En el caso de este tipo de vacunas, su principal diferencia con otros medicamentos centrados en el sistema inmune es que no son genéricas, es decir, que no son un mismo compuesto para todo el mundo. Por ejemplo, en el caso de Argos Therapeutics, empresa que ha desarrollado un tratamiento para el cáncer de riñón, preparan un tratamiento «a medida» de las células tumorales del paciente. Para tal fin, lo primero es, tras la extracción total o parcial del tumor, un análisis del mismo a nivel celular, para «leer» en su ARN, cuales son los genes activos en las células tumorales. Semanas después, la empresa ya ha podido desarrollar una vacuna personalizada, así que sus técnicos toman leucocitos (glóbulos blancos) del paciente que, en el laboratorio, son modificados en base a lo averiguado al analizar el tumor, y mejorados mediante algunos químicos para mejorar su rendimiento frente a las mutaciones específicas de las células del paciente, es decir, de sus células cancerosas.

Laboratorios farmacéuticos y centros de investigación son, sin duda, optimistas, puesto que conseguir que sea el propio sistema inmune de los enfermos el que ataque y combata los tumores es, sin duda, un formidable avance en la lucha contra el cáncer. Queda, no obstante, mucho camino por recorrer. Primero, hasta terminar los ensayos clínicos de todos los nuevos tratamientos. Y luego, claro, que su alcance sea masivo, que sea accesible para todo aquél que lo necesite. Por ahora, tratamientos como el ofrecido por Argos Therapeutics están sólo al alcance de unos pocos. Así que sólo cabe esperar que la confirmación primero, y la popularización después, de este tipo de tratamientos, haga que el escalofrío que mencionaba al principio de esta noticia, el que todos experimentamos al leer o escuchar la palabra cáncer, deje de ser tan amargo e intenso.

 

Fuente: MIT Technology Review

Imagen: National Cancer Institute

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