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En equipos de trabajo entre humanos y robots, el exceso de información de las máquinas puede abrumar a las personas

Un sistema para evitar que los robots agobien a los humanos

No somos conscientes de ello, pero a lo largo de un solo minuto nuestro cerebro es capaz de procesar miles de datos. Cosas como variaciones de temperatura, sonidos, olores, el tacto de los objetos o los detalles que vemos nos llegan continuamente a través de los sentidos y se generan al mismo tiempo tanto reacciones de respuesta como archivos de memoria. En el caso de los robots autónomos no es muy diferente.

Cuando los robots trabajan en conjunto con otros robots están permanentemente enviándose información actualizada de su estado: pasando por una puerta, he avanzado un metro y he encontrado un obstáculo, giro 90º a la derecha… Pero imaginemos por un momento que esa situación no se da entre robots, sino en trabajos realizados por equipos mixtos de hombres y máquinas. Llegaría un momento en que el ser humano, agobiado por el exceso comunicativo. Afortunadamente, investigadores de Ciencias de la Computación del MIT, junto con el Laboratorio de Inteligencia Artificial, han pensado que sería bueno crear sistemas que faciliten el trabajo conjunto entre robots y humanos (como en los equipos de rescate) sin que uno de los dos se vuelva loco.

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Según explican los científicos, lo que han hecho es reducir en un 60% el número de comunicaciones (justo el porcentaje que calculan los científicos que corresponde a la información irrelevante), haciendo que la máquina seleccione las que realmente necesita conocer el humano. Aunque el sistema tiene como objetivo la salud mental de las personas, lo cierto es que también tiene aplicaciones interesantes en las comunicaciones entre robots, incluso cuando no haya participación humana. Al procesar la información relevante antes de compartirla será posible ahorrar buena parte de la energía que se va en mantener continuamente abierto el canal de comunicación.

Aunque a simple vista parezca algo sencillo, el hecho de limitar la información compartida y de desarrollar sistemas para que la máquina sepa qué compartir y qué no, es altamente complejo, e implica muchas cosas. Cuando varios robots trabajan juntos, cada uno de ellos debe tener una información completa, precisa y actualizada de su propia situación y de la de los demás. Sólo con esa información pueden tomar decisiones acerca de sus propios movimientos y acciones. La información no esencial (si se sabe discernir adecuadamente) necesita ser procesada igual que la información vital, pero la máquina no sabe cuál es cuál hasta que no la tiene en su sistema, con lo que un exceso de datos irrelevantes puede hacer que se produzcan retrasos innecesarios en las tareas.

En una situación de emergencia como un rescate en un entorno desconocido, por ejemplo, si un robot ve que hay una puerta bloqueada tiene tres opciones: ignorar la información, usarla pero no compartirla y usarla y difundirla. En cualquier caso hay costes y beneficios. Comunicar es un coste en energía que puede ser vital para otras partes de la misión, pero si no se comunica, también se puede estar poniendo en peligro el buen desarrollo del rescate.

En las pruebas realizadas con simulación por ordenador con el total de los participantes robóticos , el sistema desarrollado reduce la comunicación en un 60%, al tiempo que se mejora la velocidad de término de las tareas entre un 2% y un 10%. Aún está por probar cómo funcionaría en tareas con equipos mixtos. La clave, como decimos, no es tanto comunicar o no comunicar, sino saber qué es lo que realmente merece la pena gastar energía para ponerlo en conocimiento de todos, al tiempo que se salvaguarda la tranquilidad mental humana de la verborrea robótica. Si no, recuerda todas las veces que desconectaron a C3PO por pesado.

Fuente: MIT

 

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