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Logran que la terapia génica sea mucho más eficaz en más personas usando viejos virus

Virus que resucitan

Los virus son una de las estructuras biológicas más sencillas y eficientes de la naturaleza: una envoltura lipídica, una cápside protéica y ácidos nucléicos virales capaces de replicar su carga genética millones de veces e infectar a millones de personas. Tan básicas que hay científicos que ni siquiera consideran que estén vivos: apenas tienen más función biológica que la de reproducirse, carecen de metabolismo propio y de estructura celular. Desde que el 1887 Dmitri Ivanosky descubriea el virus del mosaico del tabaco se pudo poner finalmente «cara» al misterioso causante de muchas enfermedades, algunas de ellas mortales. Pasteur ya sospechaba que debía existir un patógeno no bacteriano, demasiado pequeño para poder verse al microscopio óptico, que causaba y contagiaba algunas enfermedades. El descubrimiento de las vacunas y los avances en microscopía permitieron conocerlos mucho mejor. La estructura de los virus y su comportamiento, tan eficaz para propagar enfermedades, es también la mejor forma de combatirlos y, desde hace un tiempo, de ayudar a curar otras dolencias.

Precisamente por su sencillez los científicos quieren usarlos como vehículo para aplicar terapia génica en hígado, músculo y retina. Si sustituyen el material genético vírico de la cápside y lo sustituyen por genes terapéuticos sólo tienen que inocularlo y dejar que el virus haga lo que mejor sabe hacer: propagarse. Hasta el momento los investigadores habían estado empleando virus del tipo adenoasociados, muy extendido entre los humanos pero que no repercute en ninguna enfermedad conocida. Lo que era una ventaja, ser muy común, es también ahora su mayor desventaja. Cuando un organismo está expuesto a un virus o bacteria genera anticuerpos, una forma de «reconocer» al extraño y poner en marcha el ataque específico del sistema inmune. Al ser virus tan comunes, lo habitual es que ya estén «fichados», lo que hace que su eficacia terapéutica se reduzca considerablemente. Algunos equipos científicos han tratado de alterar la cápside protéica para «disfrazarlo» y hacerlo irreconocible para nuestro sistema defensivo. Pero las proteínas que forman la cápside se disponen de una forma tan específica que cualquier alteración puede comprometer su integridad y acabar destruyéndola.

Investigadores del Hospital del ojo y el oído de Massachusetts y el Instituto Schepens de Investigación Ocular de la Universidad de Harvard, han ideado una fórmula para saltar este escollo. Se trata de resucitar viejos virus adenoasociados, con una estructura protéica intacta y la ventaja de no ser reconocidos por nuestro organismo como patógeno. Gracias a eso el virus puede propagarse e «infectar» a su alojador con genes terapéuticos.

Fuente: Noticias de la Ciencia

Origen: Cell Reports

2 Responses to Virus que resucitan

  1. hugo renteria 29 octubre, 2018 at 17:51 #

    Tengo un bebe de año y medio y tiene dañado el nervio óptico, ¿¿¿tiene cura????

    • hugo renteria 29 octubre, 2018 at 17:52 #

      Ok

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